*** El agua de la vida

Por Victoriano Sánchez
Enviado el 19/08/2016, clasificado en Varios / otros
261 visitas

Marcar como favorito

John tenia la mala costumbre de beber cerveza hasta la extenuación. A todos le decía que era el agua de la vida...

En una revisión de salud en el puesto de trabajo que realizó obligado le diagnosticaron principio de cirrosis, y entonces se propuso dejar de beber licores espirituales que poseen no menos de treinta y cinco por ciento de graduación alcohólica en su composición. Y comenzó con la cerveza. Era una bebida que por aquellas tierras era de elaboración más tradicional, y se convenció que era más saludable. Una vez leyó que el lúpulo, era el germen de la vida. Por eso, comenzó a llamarla el agua de la vida.

Esa noche entró en un tugurio de tercera categoría situado en las afueras del poblado. El Meridiano era una lugubre cantina de piedra y con las paredes cubiertas de machihembrado de madera. Era un local que permanecía abierta hasta largas horas de la madrugada, y regían unas normas ciertamente curiosas. A partir de las doce de la noche las bebidas se debian abonar al momento para evitar malos entendidos entre los clientes y el propietario del local. También, en la madrugada se cambiaban las tarifas en las consumiciones, naturalmente al alza para aumentar la caja, algo que todavía no había traído problemas al dueño por tener a las autoridades locales untadas. De este modo, con esta política de empresa el propietario conseguía dos propósitos; aumentar considerablemente los beneficios del negocio, y garantizar la paz en el establecimiento, evitando las posibles disputas por el olvido involuntario o no de malos bebedores.

Para ello, tenía contratado a un polaco que realizaba trabajos de logística, recados varios y también hacia de relaciones públicas cuando la situación lo requería. La verdad es que era un auténtico mastodonte, con sus 1,90 metros de estatura y con su gran envergadura. Con su sola presencia, se le quitaba a cualquiera las ganas de armar gresca.
Pero con su largo historial de alcoholismo, John tenía un problema. Cuando se tomaba más de tres consumiciones se le olvidaba todo. Hasta quién era. Esa noche, después de varias rondas en el garito tuvieron que invitarle a salir, de una manera un tanto expeditiva. En concreto, haciendo añicos los cristales de la ventana.

Desgraciadamente, estas situaciones no eran extrañas, dado la familia desestructurada de la que provenía. Un padre que solo soportaba el trabajo si se emborracha al acabar la jornada, y una madre que comenzó a hacer lo mismo para soportarlo a él. Eso llevó a que el padre no soportará a la madre, cosa que demostraba propinándole frecuentes palizas delante de John.

Al acabar su existencia, se demostró que la cerveza no era el agua de la vida, porque a pesar de la ingente cantidad de cerveza que bebia, finalmente murió.


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Ellas buscan... MiPlacer.es
TvReceas - Videos de recetas de cocina Haz tu donativo a cortorelatos.com