El chico del 5º (3ª parte)

Por virginia89
Enviado el 25/08/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Llevo varios días seguidos que me lo encuentro por el edificio, siempre me saluda con su sonrisa y a mi se me cae la baba, pero cuando ésa tarde me posó su dedo en mi labio inferior me mojó las braguitas al instante. Ése simple gesto me vuelve loca, me pone muchísimo, así que, no pude evitar masturbarme pensando en él, me corrí y me sacié, pero no bastante porque por la noche tuve el sueño con el vecino en el que derramé mis fluidos en mis sueños y en la realidad porque me levanté muy mojada y excitada. Me encanta cuando tengo esos sueños porque los recuerdo perfectamente después y además es tan real que a veces dudo si he echado esos polvos o no, luego tengo que recurrir a mi vibrador que es una maravilla pero no me sacia, todo lo contrario, eso hace que tenga aún mas ganas de sentir un pene duro dentro de mi.

 

Después de despertarme excitada me di una ducha fría para bajar mi temperatura y me arreglé para ir al trabajo. La mañana transcurrió como siempre, sólo que en mi cabeza había un chico que no me dejaba tener la mente despejada.

Por fin llegó la hora de salir, y de volver a encontrarme con mi Dios griego de ojos verdes, así que me di prisa para coincidir en el ascensor, de hoy no pasa que le deje claro que no puede hacer lo que hizo y dejarme con el calentón.

Hago tiempo en el buzón, mirando el correo allí mismo y escucho el ruido de la puerta del garaje y después la de un coche, es él. Conozco hasta el ruido del motor del coche que tiene. Me preparo, me coloco el pelo, suerte que tengo un espejo cerca, le doy al botón para llamar al ascensor y se abre la puerta del garaje, aparece como a cámara lenta, ¡Madre mía, cada día está mejor! Me saluda como siempre, le contesto y empiezo a mirarlo con cara de querer que me penetre allí mismo, Estoy muy nerviosa y cachonda y se me nota. En el momento en que la puerta del ascensor se abre entro y él me sigue. Le damos al botón de nuestros respectivos pisos y empieza a subir. Me acerco demasiado y le digo susurrando que me tiene loca, que no puede ponerme cachonda y luego irse como si nada y que no me importaría que me penetrara allí mismo. Conforme lo voy diciendo van subiendo mis colores, hasta yo estoy flipando de lo que acabo de decir, no suelo ser tan directa pero ¿para qué perder más tiempo? Se me queda mirando y empieza a sonreír mostrando su perfecta dentadura y me dice que está deseando verme cabalgar encima suya. Esas palabras hacen que me muerda el labio inferior, es lo que quería escuchar.

 

Empezamos a besarnos como posesos, ninguno de los dos queremos perder más tiempo, me da la vuelta y me pone la espalda pegada a la pared de un empujón, está muy cerca y no tengo espacio apenas, pero no lo necesito. Tengo mis manos por su espalda y su cuello mientras nuestras lenguas están entretenidas. Sus manos pasan de mi espalda a mi trasero, baja por la pierna hasta que me sube un poco el vestido para tener más acceso, yo me dejo llevar y se me escapa un gemido, él que lo escucha perfectamente me pregunta si me está gustando y en ése momento se abre el ascensor en su piso. Me mira como preguntándome si quiero pasar y yo evidentemente me dejo guiar, pensando que voy a cumplir mi sueño erótico con el vecino del 5º. No hacen falta las palabras, los dos queremos lo mismo y lo sabemos.

Una vez dentro de su piso seguimos, ahí soy yo la que lo guía de la mano al sofá y le empujo para que se siente. Empiezo a desabrocharle el pantalón hasta que llego a tocar su miembro, está duro, crecido y palpitando listo para penetrarme pero quiero hacerlo sufrir un poquito antes.

Me pongo de rodillas en el suelo para tener su pene a la altura de mi boca y empiezo a tocarlo, en mis ojos se refleja las ganas que tengo de chupársela. Voy acercando lentamente mis labios a la punta y le paso la lengua, dando vueltas por la puntita, mis labios la rodean como si estuviese besándola, succiono y lo miro a la cara, tiene los ojos cerrados, está disfrutando tanto o más que yo. Me la saco de la boca y empiezo a lamerla como si fuera un polo de hielo, lo vuelvo a mirar y me está mirando mordiéndose ahora él su labio inferior.

 

Me la meto entera en la boca lentamente, notando cada centímetro que va entrando hasta que me llega al fondo, no me cabe completa, la tiene enorme. En ese momento gime, me resulta familiar, pero yo sigo a lo mío. Marcos me retira el pelo de la frente, quiere verme la cara y a mi me encanta que lo haga, el pelo me estaba molestando y me gusta que me vea la cara de placer que tengo. La meto y la saco mientras la sujeto de la parte inferior del tronco. Me vuelvo loca durante un rato, tiene una polla exquisita.

Estoy disfrutando y me la estoy comiendo como si fuese un delicioso pastel de chocolate, toco sus testículos con una mano, masajeo con cuidado y con la otra mano lo masturbo primero lento y voy subiendo la velocidad, paso la lengua por sus testículos, me los meto en la boca y gimo. Vuelvo a su miembro, le paso la lengua de arriba a abajo, llego a arriba de nuevo y succiono sólo la puntita, me la meto rápidamente y succiono como si fuese a tragármela. Noto como se empieza a hinchar más dentro de mi boca y me levanta del suelo sujetándome por las nalgas con las manos.

Con voz entrecortada por la respiración agitada me dice:

Ya está preciosa que me voy a correr.

Me coloca encima suya y me dice que ahora quiere verme cabalgar, me encanta que un hombre me hable en pleno acto, me diga que le está gustando, lo que quiere que le haga o cosas subidas de tono. No quita sus manos de mi trasero, va marcando el ritmo de mis movimientos, me da una palmadita en la cacha de mi culito y me dice: ¡Sigue así putita!.- noto un pinchazo en mi entrepierna, cómo me pone que haga eso, lo hace en el momento apropiado, y hace que desee que lo vuelva a repetir. No dejo de gemir. Estoy botando encima suya, mis pechos están a la altura de su boca subiendo y bajando, yo me quito el primer y el segundo botón del vestido y le ofrezco mi pecho, no duda y lo mordisquea, tengo el pezón durito y me hace dar un respingo, él se da cuenta, me mira y con cara de aprobación le digo que son para él, que puede morder lo que quiera. Le gusta lo que le digo y continúa con el manjar que tiene delante.

 

 


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