El hombre se hizo mentira

Por Ravelo
Enviado el 23/08/2016, clasificado en Ciencia ficción
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Un buscador de mentiras se hizo rico. Las buscó donde nadie creía que existieran. Todos iban al sur. Calor, buena vida, y las mentiras en la superficie. Eso es lo que decían. Pero él marchó al norte. Bien al norte. Abrigado, solo, enfrentándose a sus demonios. Dejó de hablar. Escuchaba el viento. El aullar de las bestias. En las noches disparaba a la oscuridad. Se enfrentaba a las estrellas, a la Luna. Durante el día caminaba.

 

Y llego el segundo que todo hombre en busca de la gran mentira anhela. Halló el lugar. Pequeño, feo, inhóspito. A los pies de una montaña. La vio reluciente, limpia, hermosa, poderosa. La tocó con nervios.

 

Tardó más de tres años en llegar hasta ella, y regresó a la ciudad cinco años después.

 

En el banco se asustaron. En los mercados temblaron, en los gobiernos sacaron las armas de destrucción masiva y contrataron los servicios de matones, asesinos, fanfarrones, periodistas y curas. Todo lo que fuera posible para acabar con él.

 

Pero la mentira le había hecho tan fuerte como la propia mentira. En apariencia era de carne y hueso. Pero no. Ya no lo era. Estaba hecho de otro material. Hasta el alma había dejado de ser espíritu.

 

Ya no era bueno ni malo. Estaba por encima de todo ese rollo. La mentira encontrada en los confines del mundo del norte le acompañaba a todas partes.

 

Claro que intentaron arrebatársela, pero era imposible. La mentira y él, eran ya la misma cosa.

 

Así nació la leyenda del hombre moderno. Del primer hombre que dejó de pensar y de respirar y de comer y de beber y de follar y de dormir y de leer y de rezar; el primer hombre que se alejó de Dios y se acercó a Dios. El primer hombre que, unos dicen, juran, vociferan, que existió y fue real como el fuego, y otros, los menos, ciertamente, que formó parte de la leyenda más negra, oscura y ridícula de una generación de personas que un día, solo durante un día, creyeron que eran capaces de ser libres teniendo mentiras que contar, mentiras con la que soñar, mentiras con la que vivir…¡eternamente! 


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