Puso la mano y arrugó el papel

Por Ravelo
Enviado el 23/08/2016, clasificado en Amor / Románticos
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“Imagina el infierno. O sea, mírate al espejo. ¿Ya lo estás haciendo? Observa con atención, pero con mucha atención. El ojo se está convirtiendo en un agujero negro. Los ojos. Ya no ves. Estás en la oscuridad total. Hay un silencio que a Dios deja loco. En realidad no te has movido del sitio. Pero la oscuridad es fría. Quieres desprenderte de ella. Sin embargo no tienes libertad, y mucho menos la fuerza necesaria para apartar el abismo. En realidad nunca has sido libre”.

Esta pequeña nota la encontré en una guagua. Me dirigía a Santa Cruz en busca de un polvo. Pagado, claro. Porque yo siempre pago por los buenos polvos.

Me hizo gracia. Enseguida me puse a imaginar al tipo que escribiría una cosa así. Lo imaginé hablando en griego. ¡Jodidos griegos! Lo imaginé terminando de escribir la notita, y un segundo después lo vi subido a un puente gritando barbaridades. Y lo vi tirándose al vacío. Yo, claro, muerto de risa y dando saltos, aplaudiendo, bebiéndome la cerveza y, a lo mejor, con un poco de tortilla en la boca. ¡O sea, con los huevos del griego en la boca!

Guardé el papel para enseñárselo a la puta con la que iba a follar.

La puta lee la declaración de rendición, o la declaración de guerra, (según se mire), y la muy puta se me echa a llorar cuando le enseño la polla y escupo en su coño para endulzar el desierto.

¿Qué pasa?

¿Cómo qué que pasa? ¡Insensible! ¿Es que no te has dado cuenta?

¿De qué me tengo que dar cuenta, me cago en mi puta madre?

Esta nota es mía. ¡Es mía, pedazo de cabrón!

¿Tuya?

¡Pues claro que sí! ¡Es mía!

Y entonces la polla se volvió un arma de guerra. La boca lamió y se comió el coño con una rabia talibán. Me la follé con un gusto equiparable al placer que siento cuando pelo una naranja o una cebolla. Ella lloraba, aunque a veces gimoteaba. Después el culo. Y después la boca, la corrida, una corrida frenética, cosmológica. Hasta que me desplomé y mandé la polla al carajo.

Ella volvió a leer. Esta vez en voz alta. Leyó lentamente.

¿25 euros?

Puso la mano y arrugó el papel.


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