Invasión. Amor imposible. Parte 1

Por cclecha
Enviado el 25/08/2016, clasificado en Ciencia ficción
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   Estaba contento de mi pequeña isla. No tendrá más allá de cinco km de largo por uno de ancho. También me gusta el que las casas habitadas se pueden contar con los dedos de una mano. Reconozco que el paisaje es un poco árido, pues no en vano, el aire azota constantemente la estructura de la isla, convirtiéndola en un paisaje prescindible. Pero aún así, yo la disfruto…hasta tal punto que he instalado un catalejo en una de las ventanas de mi casa, para fisgar en todos los pequeños rincones de esta pequeña poción de tierra rodeada de agua. Desde mi posición veo el único camino de la isla que me une con las casas del norte…la isla cercana un poco mayor que la mía al este…y al sur las pequeñas cuevas con una playita medio oculta, en donde tengo varada mi pequeña embarcación.

     De todas formas, no todo son placeres en la visión que me rodea…ahora estoy preocupado, pues hoy domingo por la tarde, que es el día elegido para celebrar nuestra habitual reunión semanal con el resto de casas y de momento no ha venido nadie…el hecho de no tener cobertura, para disfrutar del teléfono móvil, complica la situación, estoy preocupado. Esperaré un poco más…se me pasa por la cabeza el que yo les haya ofendido de alguna manera y que me castiguen con su no comparecencia. Sé que estas disquisiciones son propias de una persona que vive sola y que llena su cabeza de tonterías, pero no puedo hacer nada para combatir mis ideas erróneas.

       Empieza a anochecer y todo sigue igual…nadie viene y yo sigo culpabilizándome de manera inútil. Como siempre, el agua azul de tonalidad oscura, sigue presionando la pequeña estructura de la isla…seguimos crujiendo y el ruido del agua es persistente, parece como si mi isla tuviera que irse a pique…pero todo son figuraciones

         Hay una pequeña gran novedad que se observa desde mi catalejo. Las luces de las casas que siempre se abren para dar la bienvenida a la húmeda noche, esta vez permanecen cerradas como si nadie estuviera presente para accionarlas.

         Ya ha pasado el tiempo de recibir visitas y no me he atrevido a salir de mi casa para saber lo que realmente ocurre. Esperaré a mañana siguiente y enfilaré el camino, para enterarme.

         Parece mentira, pero cualquier cosa me produce opresión en el pecho…y el que no hubiera venido nadie, también. En fin, opto por tenderme en la cama y descansar, esperando que mañana lo vea todo de manera distinta.

         Mientras dormitaba, pensé que un nuevo día había venido a visitarme, pues un claror intenso se coló por la ventana, al igual que cuando el sol está en su máximo apogeo. El hecho me confundió pues el reloj marcaba la media noche.

         No pude reprimir la curiosidad y me levanté para mirar lo que ocurría. Mi sorpresa fue monumental. En la primera casa del camino, la de Roberto….en la gran explanada situada cerca de su casa, estaba aparcada una nave enorme y circular, tenía todos sus focos encendidos, como si un pequeño Sol, alumbrase toda la isla…

         La luz era cegadora, no dejando vislumbrar nada. Me asusté, dejé de saber lo que podía hacer, cuando de repente la deslumbradora luz se apagó. Mis retinas se fueron dilatando hasta que pude apreciar unas débiles luces en forma de antorchas que revoloteaban por las cercanías de la nave. Las pequeñas luces se estaban organizando y parecía que querían tomar el único camino que conducía a mi casa.

       La casa de Roberto estaba escasamente a dos kms de la mía, o sea que las antorchas, pronto estarían aquí. Dirigí mi catalejo hacia las oscilantes antorchas y de nuevo me estremecí: Las suaves luces bañaban los cuerpos extraños, diferentes, pero que recordaba al nuestro. Una piel de un azul pálido, con un cráneo visiblemente más voluminoso que el nuestro pero con ausencia de pelo, unos ojos grandes que parecía que todo lo veían, y lo más desagradable es que los porteadores de las antorchas, solo sujetaban a estas con una mano de solo tres dedos largos.

       El pensar que estos extraterrestres eran parecidos a nosotros, me dio la esperanza de estuviera soñando, pues es reconocido que todo lo imaginamos a imagen y semejanza nuestra. Dios es como nosotros, aunque omnipotente, los dioses griegos también, los seres del espacio, tenían que parecerse a nosotros, esto está en nuestro imaginario colectivo…eso me daba esperanzas de que todo fueran figuraciones mías. Sin embargo mi catalejo, continuó su observación inexorable y se percibió como los seres azulados iban completamente desnudos y carecían de cualquier vello en el cuerpo. Avanzaban con una disposición bastante regular…los más altos y fuertes, me parecían los machos, iban delante y en segunda fila, las hembras mucho más pequeñas que los primeros…esto me confundió totalmente, puesto que unos seres evolucionados y con una técnica superior, también, inexplicablemente, parecía que seguían el determinismo de un dimorfismo sexual evidente.

       No entendía nada…cuando de repente, mi catalejo topó con la visión de una hembra joven que iba corriendo despavorida delante del grupo y en dirección a mi casa. Había tomado mucha delantera al grupo y antes de que tuviera tiempo de reaccionar la tuve llamando con desesperación a la puerta de mi casa.

         -“Por favor, ayúdame. Me quieren castigar y a ti, subirte a la nave para estudiarte”. No me llegaron sus palabras sino la una corriente telepática que me invadía. Abrí la puerta sin pensarlo y su visión me impactó…pequeña, como máximo de 1,40 a 1,45 cms, con grandes ojos que parecían saberlo todo, cabeza más grande que la nuestra, unos pechos tan pequeños que parecían alejarse de toda función sexual o reproductora…pero lo que impactaba más era su desnudez y aquella piel azulada. Nos quedamos mirándonos por un momento fijamente y sin querer volví a mirar la desnudez de aquella mujer tan distinta

       -“Déjame de mirarme y huyamos…dentro de muy poco estarán aquí…nuestra única escapatoria es adentrarnos en el agua…nuestra especie tiene miedo al agua, en nuestro planeta la tenemos en pequeñas cantidades…no sabemos nadar” me dijo otra vez mentalmente.

       Me di cuenta que le era muy fácil entrar en mi mente, por lo que me avergoncé al haber pensado con insistencia en la desnudez de la chica. Acelerado y viendo que las antorchas se acercaban le dije a la chica

       -Corre detrás mío…tengo una pequeña barca, varada al final de la isla.

     Corrimos como locos hasta llegar a una pequeña playa protegida por dos cuevas negras de escaso recorrido. Deseché esconderme en las cuevas y arrastre mi pequeña embarcación hasta que el agua del mar consiguió que la barca flotase. Llamé con urgencia a la chica y la vi temblando en la orilla.

    

 


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