JUICIOS PRECONCEBIDOS

Por franciscomiralles
Enviado el 17/09/2016, clasificado en Reflexiones
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A principios de los años60 del siglo XX, Israel consiguió capturar a un tal Echmain que había sido

un oscuro funcionario nazi, y al que se le sometió a un sumarísimo juicio por haber

colaborado en el asesinato de un número interminable de judios en las cámaras de gas que

habían en loscampos de concentración, y en consecuencia fue condenado a morir en la horca.

  Como era de suponer, y además era comprensible, todo el mundo daba por hecho que aquel

sujeto era el diablo en persona, el cual se había solazado realizando aquellos horribles crímenes.

  A este juicio fue invitada una mujer judio-alemana llamada Hanna Aredent que era profesora 

de Filosofía en una Universidad de su país, a la que se le pidió que escribiese unos artículos

para un periódico de allí para dar su opinión sobre aquel caso, la cual a su vez también había

sufrido los rigores en un campo de concentración nazi. Sin embargo, ella llevada por el amor a

la intrínsica verdad de las cosas, del mundo quiso profundizar sobre los motivos del acusado

que le habían inducido a cometer tales atrocidades; por lo que la mujer fue más allá de los

esquemas morales de la gente que son fruto del mito religioso judeo-cristiano.

Según la filósofa aquel sanguinario hombre era esencialmente un tipo completamente

anodino, sin ninguna capacidad para matizar, ni reflexionar acerca de la nefasta situación en la

que se había hallado inmerso, ni por supuesto sobre cualquier cuestión ética de la vida. Sólo

sabía acatar las órdenes ciegamente de sus superiores en función del discurso

grandilocuente que éstos le daban, puesto que se trataba de un tan  rústico como conformista

individuo en  toda regla de aquel sistema totalitario por la connotación de autoridad que éste le

confería.

Mas esta vaciedad anímica de aquel colectivo lo proyectaban a los pueblos

sometidos torturando, y asesinando a sus habitantes y así negarles su razón de ser. Por eso

que a esta actitud la filósofa Hanna Aredent la llamó "La banalidad del mal".

 Claro que este talante tan superficial de indiferencia del YO personal que hace que uno se

someta incondicionalmente a la ideología dominante (el nihilismo) hacía ya bastante tiempo

que se había arraigado en el ánimo de la sociedad europea.

Mas este anticonvencional razonamiento de la filósofa levantó ampollas en la

mayoría de la gente de su tiempo por trascender cualquier comentario preconcebido.

Es por tanto importante que nos acostumbremos a preguntar el "por qué" de las cosas que nos

pasan tratando de razonar lo máximo que se pueda; ir más allá de "lo políticamente correcto"

puesto que la frivolidad social que nos envuelve, es la puerta abierta a tendencias indeseables.

  

 

 

 


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