EMPIRISMO-cap2"Caer"

Por AnaLauraBatistela
Enviado el 24/09/2016, clasificado en Varios / otros
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Se llamó Ailén. Cuando teníamos ocho, siete años se sentaba conmigo. Era mi amiga. Al pasar los años seguimos nuestros caminos, digamos que fue una amistad pasajera. Hoy ella es polvo, yo sigo acá.

Se rindió, y no la culpo. Ni la razón es independiente del sentir, la cordura se va a causa de los delirios de sufrimiento. Tiramos hacia a lo malo porque estamos fallados.

La noticia me colapsó en lágrimas.

 Impacta reconocer lo débil que somos, sentir la muerte cercana, la demencia de los impulsos, pensar que esa chica de ojos chocolate y linda sonrisa pasó por mis ojos millones de veces.

 

La noche apenas comienza y hay mucho para recordar…

Primer año de secundaria. Recuerdos que no se suprimen.

No fueron precisamente días felices, no fue exactamente una primavera feliz, no fue puntualmente un año feliz.

Entré en conciencia de que el mundo no es un cuento de hadas, que las diferencias aíslan, las palabras hieren y los prejuicios son balas.

Yo era diferente, era nena. No me interesaba ni mi pollera larga, ni los chicos, ni mi pelo, menos llamar la atención, muchas cosas no me daban gracia, era más de estar con mi familia, siempre fui media cerrada en personalidad. “La nueva”. La que no habla, no discute, no tiene carácter, no se queja, la bala, la que no tiene valentía para defenderse, el centro de varios comentarios y algunas bromas malas que destruyen.

Los primeros recreos los pasaba en el baño. Claramente estaba sola, pero quería disimularlo. El resto del año me junté con unas chicas, pero no era amistad.

Las burlas seguían.

Llegó la primavera. Había que elegir una reina y un rey. Me votó todo el curso.

El sarcasmo y la ironía me destrozaron por completo. Treinta y tantas personas con sed de reírse de mí.

Quería no existir, borrarme, morirme, desaparecer, odiaba. Odiaba todo. No toleraba tener que despertarme cada día para ir a parar a ese lugar, me hacía mal.

No salí como reina porque no me podían obligar, no me iba a exponer, no quería saber nada. Solamente quería estar sola.

Tocó el timbre y corrí al baño porque no contenía las lágrimas. Me encerré y seguí llorando.

Desde ese momento me convertí en alguien que no quería. Gradualmente empecé a responder. Comencé a tratar mal, a reaccionar, a ser chocante, irritable, me aislé. Pero yo no era esa.

Me enfermé de mi misma.

 

Siempre me gustó verme al espejo cuando lloro. La chica que aparece en él es mi aliada. La conozco más que a nadie en este universo. Y no me gusta ver como sus lágrimas caen desde sus ojos café.

Ella es verdaderamente bella, es alguien que no te defrauda. Ama incondicionalmente, llora, rebalsa de risas, se encariña, se desilusiona, no esconde nada, se muestra con tanta libertad y trasparencia que hasta a veces la envidio. Solamente escucha su voz, confía en sí misma, ella es la que tiene fuerza y lucha como una guerrera. Es la que cada día se propone ser mejor que el anterior. Tiene metas y sueños; aunque yo siempre le diga que no puede, continúa firme.

 En cambio yo, la del otro lado del cristal, ni siquiera soy su sombra. Vivo como un muerto. Con miedo a amar. Voy empujada por el destino sin valor ni fuerza para hacerme a un lado y tomar mis propios caminos. Llevando un puñado de sueños rotos. Insegura, miedosa, fría, muerta, como el invierno. Enferma y envenenada por la superficialidad de la sociedad, intentando encajar en algún mundo para no sentirme tan sola. Escucho esas voces, todas esas voces; que no son mías. Me hacen mal. Me odio, y cuando estoy a punto de quebrar ahí esta ella; radiante como el sol, me sostiene.

Ella es la que de verdad vive, yo estoy completamente muerta. Porque si ella no existiera el mundo no sería el mismo.

 

 

 

 

 


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