Las Nieblas de Avalon nº1:El Vampiro de Nothing Hills (II) (Final del relato)

Por Alex Bremdon
Enviado el 26/09/2016, clasificado en Fantasía
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Los ojos de halcón de Merlín brillaban con la luz fría y misteriosa de la luna llena. El ermitaño llevaba ya un buen rato en silencio, pensativo. Arturo esperaba paciente y respetuosamente a que el anciano retomara el hilo del relato, mientras observaba es rostro de este, ahora inexpresivo.

-Decidí vengarme y, de paso acabar con la maldición que atormentaba a mis vasallos. Al frente de un puñado de valientes de mi guardia personal conseguimos milagrosamente atrapar con vida al monstruo que asolaba estas tierras desde tiempo inmemorable.

Mientras ardía en la hoguera, ese ser maligno sediento de sangre se reía de mí y mis siervos gritando ¡Renaceré de mis cenizas! Con la última de sus carcajadas su cuerpo quedó reducido a polvo y su alma, o lo que fuera, quedó sepultada en el Averno, creíamos todos los que presenciábamos la ejecución que para siempre.

¿No fue así, ermitaño? –inquirió Arturo. No, de alguna forma, el vampiro ha regresado. Desde hace unos años acá, la maldición ha vuelto a Nothing Hills.

Yo me retiré a esta vida de ermitaño después de acabar con el monstruo, o así creíamos, a rezar como penitente por la salvación del alma de mi amada esposa mientras esperaba reunirme con ella en el Paraíso.

Pero, para mi pesar, el demonio ha vuelto a sembrar de nuevo el horror en las Colinas de la Nada.

 

 

Recorrer el largo y tortuoso camino desde la ermita hasta el castillo abandonado donde moraba el vampiro de aquellas Colinas de la Nada les había llevado a Arturo y Merlín todo el día. Al despedirse del ermitaño nada más amanecer, el Rey Peregrino ya había tomado la decisión de acabar con el monstruo resucitado y su imperio del terror en esas desoladas tierras. Como siempre enigmático, Merlín le había prohibido a Arturo decirle nada al antiguo señor de Nothing Hills acerca de su auto asignada misión. Y el último Pendragon, confiando en el buen juicio del mago con cuerpo de halcón, así lo había cumplido.

-Es tal y como nos lo había descrito el ermitaño -dijo Arturo en voz baja.

-Algo no va bien, Arturo. No percibo el menor rastro de maldad -contestó Merlín, después de haber sobrevolado las ruinas. Es muy extraño.

Una vez en el interior, no tardaron en encontrar una amplia sala más oscura y misteriosa si cabía que el resto de las dependencias del tenebroso castillo. Esta sala tenía un único ventanal situado gran altura en una de las paredes. Por el penetraba la luz de la luna llena iluminando siniestramente un trono de ébano en el cual se hallaba sentada una misteriosa figura la cual recibió a los intrusos diciendo:

-Os esperaba, Arturo, Rey Peregrino. Y también a vos, Merlín el Druida. Veo que os sorprendéis. ¿Acaso ignorabais que los vampiros participan también de la Sabiduría de los Inmortales? Si, deseaba ardientemente vuestra llegada. El Vampiro de Las Colinas de la Nada os da la bienvenida a su triste hogar, pues solo la Espada Sin Nombre que tan valerosamente empuñáis ahora, Arturo de los Cinco Dragones, puede darme la tan ansiada libertad y descanso para mi alma.

Dicho esto, la alta y majestuosa figura vestida de negro y oro retiró la capucha de la capa que vestía sobre sus ropas y reveló un terriblemente bello rostro de mujer al asombrado Arturo mientras Merlín exclamaba con pesar desde su hombro:

-¡Lo sabía! Arturo, te presento a la esposa del ahora ermitaño Señor de Nothing Hills.

 

 

   Sombras de fuego brillaban en los ojos de la vampira. La antaño esposa del señor de las Colinas de la Nada se dirigió a Arturo y Merlín con voz ardientemente gélida.

   - Mi alma vaga por tierras de penumbra, peregrinos. Os lo suplico, dadme la libertad y la paz que todo mi ser ansia.

   - Antes nos debes una explicación, creo yo -Dijo Merlín con su voz de halcón desde el hombro de Arturo, quien interrogó en silencio con su mirada al Vampiro de Nothing Hills.

   - ¿Que queréis que os diga? ¿Que lo hice por amor? Sí, yo fui en su día la amante del Vampiro y el, viendo quizás en peligro su vida y planeando su venganza póstuma, me dio en don de la vida eterna y herede así la maldición de la Sed de Sangre y vivo desde entonces en la Ardiente Oscuridad.

   La voz de Arturo resonó con suave y pétreo sonido por la estancia iluminada por la luna llena y sus ojos brillaron con la luz de una noche estrellada.

   -¿Cómo podemos Merlín y yo acabar con tu horrible destino y el sufrimiento de los inocentes siervos de estas tierras? ¿Qué quieres de nosotros?

   - Usa tu espada sin nombre, Rey Peregrino. Acaba con mi vida cortándome la cabeza.

   Dicho esto la criatura que antes fue humana se arrodillo delante de Arturo y apartando su dorada cabellera ofreció su cuello a su salvador. La Espada Sin Nombre brilló como un rayo de luna y cayo como una estrella fugaz.

El amanecer nunca había sido tan hermoso en las Colinas de la Nada. El ermitaño se despedía de Arturo en el pórtico de su morada mientras Merlín el halcón observaba la escena desde la silla del caballo que el Rey Peregrino sostenía por las riendas.

       -Sí, ella vino a mí en sueños esta pasada noche. Nunca me había parecido más bella ni más feliz, mientras me revelaba toda la historia de su condena y liberación. Mil gracias, peregrino.

       El ermitaño vio posteriormente como Arturo y su montura iban desapareciendo en la niebla que empezaba a cubrir con su manto el paisaje. No había querido desvelar al peregrino el mensaje que en su sueño le había dado su esposa para su salvador. "Los Doce acechan. Temed a los Caballeros del Circulo de Piedra"


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