La tragedia de la iglesia de Saint George

Por cclecha
Enviado el 29/09/2016, clasificado en Intriga / suspense
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     La comisaría central andaba muy revuelta. No en vano el día anterior, varios coches patrulla se habían personado en la iglesia se Saint George, perteneciente al pueblecito del mismo nombre.

     Había ocurrido una desgracia descomunal…Mi misión, como comisario, consistía en interrogar a una de los dos testigos de toda aquella tragedia.

     La mujer a la que tenía que intentar extraer la verdad era una viejecita, algo encorvada, muy delgada, pelo blanco, abrigada más de la cuenta y con un bastón entre las manos que no sé si le servía para apuntalar su equilibrio o para mantener sus manos y a ella misma, distraída.

     -Veamos Sra. Parker… me dice usted que el reverendo Thompson, les había comunicado en el oficio del domingo pasado   que vinieran todos a una cena muy especial que iba a celebrar en la iglesia el sábado próximo…

     -Oh sí- dijo la mujer- Nos contó que retiraría los bancos con los reclinatorios para arrollidarse y que colocaría unas mesas de pino con manteles sirviendo una cena para toda su comunidad. La ocasión iba a ser muy especial, única y trascendente…nos pidió que no faltara nadie.

     -Tengo entendido que el reverendo estaba muy unido a sus feligreses…que tres de las mujeres creyentes, venían gratuitamente a limpiar su casa y la iglesia…

     -No solo eso…cuatro de los hombres que asistían normalmente a la parroquia, efectuaban labores de jardinero en la comunidad y daban sus ganancias en su mayor parte para la iglesia de Thompson.

     -Ya veo… y dígame cuénteme lo que realmente pasó en aquella fatídica noche

     -Bueno-contestó la viejecita- Las asistentas del reverendo lo habían arreglado todo con esmero…los manteles y las servilletas inmaculados, con una vajilla y copas de fiesta, engalanaban la estancia con gusto. Flores blancas adornaban la iglesia por todos los rincones… el altar, la capilla, las ventanas. ¡Qué bonito! Claveles, hortensias y lirios…todas las flores blancas, presagiando la pureza que tenía respirar el ambiente. Sin embargo todo se truncó…

       -Siga, siga-le apremié mientras que la anciana se enjugaba una lágrima que había aparecido en sus entelados ojos

       -Pronto nos sirvieron la comida…tanto el primer plato como el segundo eran vegetarianos…a mi gusto todo buenísimo…antes de los postres, la figura del reverendo se puso de pié en el centro de las mesas… También él, iba de blanco. Se había puesto una túnica de un blanco impoluto que hacia juego con su pelo y barba también blancos. Se dirigió a nosotros: “Os he mandado venir, porque esta noche ha de ser muy especial. Han terminado los días en que nuestro cuerpo nos esclavice y no deje que nuestra alma ascienda a un vida mejor”…continuaba diciendo frases, “La felicidad completa, dejará de ser una entelequia fuera de nosotros, podremos acceder a ella, ya que nuestra alma, por fin, podrá elevarse sin ataduras materiales”…”Podremos contemplar las verdaderas ideas supremas, El Bien, la Belleza, la Verdad…sin tener que contentarnos con unos meros sucedáneos como hacemos ahora”

     -Bonitas palabras, aunque me parece que ya las había escuchado antes.- dije- Bien, antes de continuar, hábleme de los policías de la localidad que también estaban presentes. Precisamente uno de ellos es el otro único testigo que ahora esta malherido.

     -Comisario, yo ya soy vieja y le puedo decir que sí, que las palabras del reverendo, eran bonitas…pero una palabras buenas, se pueden convertir en malas por el uso que se haga de ellas. Depende del empleo que les des. El diablo puede estar detrás de las palabras, por buenas que sean.

       En cuanto a los policías, el sheriff John, solo acudía los domingos a la misa, en cambio su ayudante Michael, formaba parte del clan de admiradores del reverendo Thompson.

     El tema es que antes de los postres, las asistentas nos sirvieron mezclados con un jugo de frutas unos calmantes para que nos relajáramos para el momento trascendental después de los postres. En aquel momento, ya empecé a entenderlo todo y más cuando un par de los jardineros de reverendo, se dirigieron a la puerta de salida de la iglesia, colocándose con los brazos cruzados e impidiendo la salida de nadie.

       Ya no reparé en nada… pasó el tiempo…pero después del postre, nos volvieron a llenar las copas, no se con que sustancia, pero estaba segura de que era un veneno. Volví a escuchar, ya de forma lejana y con miedo las palabras del reverendo:

     “No es casual el que vaya de blanco y que toda la iglesia este ambientada con ese color. Pensar que vamos a efectuar el tránsito hacia la pureza y que una potente luz blanca nos visitará cuando abandonemos este mortal cuerpo. Ahora elevemos las copas, bebamos y alcancemos la felicidad eterna.”

       En ese momento el sheriff John, se levantó, sacó su pistola y apuntando al reverendo le conminó a retractarse de sus intenciones….Se había dado cuenta de las malvadas ideas del reverendo. Todo pasó muy rápido, pues su ayudante Michael, también se levantó y sin pensárselo un segundo descerrajó un tiro al sheriff. Este cayó malherido.

       Los acólitos del reverendo empezaron a beber de sus copas y a cantar himnos eclesiásticos, yo hice el gesto de que bebía, pero no probé el líquido. Al poco, los feligreses empezaron a caer al suelo, lentamente, como las hojas de un árbol en otoño. Oí la voz alterada de reverendo…”Amados míos, habéis bebido de la gloriosa cicuta, al igual que el divino Sócrates y ahora, lo mismo que él, podréis contemplar la idea de Bien tal como es”

       El frio me invadió porque los feligreses iban cayendo al suelo con silencio como los copos de nieve que caen sin cuajar en una nevada. Estaba helada, me caí al suelo con dificultad y sobre todo tiré el líquido de la copa. Una vez en el suelo, vi las caras felices de las víctimas del suicidio colectivo. Cerca de mí estaba retorciéndose de dolor y vivo, el comisario John, pero ya nadie le hacía caso. Poco a poco fueron cayendo todos, incluidos el reverendo. Adherida de miedo pensé si una vieja como yo, había hecho bien en esquivar a la muerte… ¿qué podía perder? Me hubiera ahorrado los últimos dolores, enfermedades y deterior amiento próximo a la muerte. En realidad casi no tenía futuro. Pero aún así continuaba amando a la vida aunque fuera en conficiones nefastas. Amaba ver los colores, sentir la caricia del aire, la fragancia de las flores, el calor del Sol, el fluir del agua en mis manos, el cariño a los míos, …amaba la vida mientras ella todavía pudiera ofrecerme tantas cosas.

     Por eso estaba indignada que el perturbado reverendo Thompson, tergiversando las palabras y usando frases que pudieran ser bellas, hubiera llevado a una muerte prematura a toda su comunidad. Su mente alterada había cambiado el curso natural de las cosas, no había sabido respetar el orden de la vida.

       Permanecí estirada con miedo y aferrada a la vida, en el suelo, hasta que escuché las sirenas de los coches policías y los agentes entraron a la iglesia. La tragedia que ocurrió se describe por sí sola. No le puedo añadir nada más.

 

 

      


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