El amor de la niña madura, exhausta.

Por ClaraEver
Enviado el 01/10/2016, clasificado en Amor / Románticos
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Al día siguiente, no hubo tulipanes, ni siquiera una palabra: nada.

Termine por regalar la clave a todos mis compañeros de clase y fui la más amada de la clase por los siguientes días.

El verano llegó pronto y mientras la mayoría de mis compañeros disfrutaba sus vacaciones, yo me sentencie a adelantar una materia en el curso de verano.
Las horas parecían eternas en aquel salón blanco con amplias ventanas que lo hacían parecer más grande de lo que en realidad era. En medio del calor abrasador, oía el tic-tac del reloj mientras dibujaba garabatos en lugar de hacer apuntes. Minuto a minuto, hora tras hora, día por día, consumí mi verano atrapada en ese aula asquerosamente brillante; al final del curso sólo me quedaron un par de días para recuperarme y comenzar mi semestre normal.

El primer día me sentía más agotada que el semestre anterior, mis ojeras reflejaban tal agotamiento que pude haber pasado por alguien increíblemente mayor.
Sumida en mis pensamientos y en mi cansancio, pase el primer mes de clases, dormitando por los rincones, absorbida por la flojera y ajena a todo lo que sucedía a mi alrededor.

Uno de esos días, mientras platicaba con mis amigos en el pasillo y la trivialidad se apoderaba de nuestra conversación, Nicolás se acercó a mí. Se veía más delgado y menos radiante; por un par de segundos que era lo que realmente me atraía de él. No hubo respuesta.

- ¿Qué tal? - dijo con su exagerado tono de voz - ¿Tendrás unos minutos para que me puedas ayudar con la tarea de probalidad?
-¿Estas en mi clase se probabilidad? - pregunte con verdadero asombro.
-Claro -afirmo - ¿No lo habías notado?
Ahí me di cuenta que ni siquiera recordaba su existencia.
Los siguientes minutos los pasamos repasando la tarea, sumergidos en la materia por completo. Al terminar se despidió con un Gracias y me dio un beso en la mejilla.
Cuando sentí sus húmedos labios tocando mi piel en ese simple gesto de cortesía mi universo entero se sacudió, un impulso eléctrico me recorrió de pies a cabeza y luego desapareció.
Mientras lo veía alejarse me sentí igual de vacia y desinteresada que antes. La grandiosa chispa se había ido lejos de mi.
Por la noche me quedé mirando el techo y pensando en lo que me estaba sucediendo. Ya no me sentía eufórica con solo escuchar su nombre, ni me sentía celosa si lo veía con alguien más. Ni siquiera lo había observado este último mes.

Tal vez era el cansancio, tal vez había sido el tiempo, tal vez había madurado de verdad. Lo único que tenía seguro era que Nicolás ya no me hacía soñar como antes.


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