La biblia de JDLRM 4ªParte: Hambre

Por JDLRM
Enviado el 03/10/2016, clasificado en Fantasía
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Lejos del campo de batalla de la gran cicatriz, en Villa Roca, una pequeña aldea perdida entre las montañas, un tabernero, mantiene una charla con uno de sus parroquianos mientras beben.

-Tabernero: Hoy no he salido ¿Qué tal está el cielo?

-Parroquiano: Nublado.

-Tabernero: Menudo panorama… esta guerra no va a terminar nunca.

-Parroquiano: ¿Guerra? Esa es la menor de mis preocupaciones…

-Tabernero: ¿Qué podría estar pasando más importante que eso?

-Parroquiano: Es mi mujer -Dijo aquel hombre tras darle un largo trago a su cerveza- creo que me está engañando con otro… cada vez que lo pienso, me entran ganas de firmar el acuerdo con guerra.

-Tabernero: ¿Qué acuerdo?

-Parroquiano: ¿A casa no te has enterado? Pensé que guerra había entregado un contrato a cada humano, poder a cambio de sangre… me extraña que no lo sepas siendo el tabernero de esta aldea durante tantos años… ¿Cómo es que tú no tienes uno?

-Tabernero: Bueno, supongo que el jinete ha pensado que un pobre tabernero como yo no sería demasiado útil en el campo de batalla…

-Parroquiano: Supongo que será eso…

-Tabernero: En cuanto a lo de tu mujer…

El tabernero susurró algo al oído de aquel hombre y le entregó un cuchillo de carnicero, tras aquello, el parroquiano se marchó.

-Tabernero: Así que Guerra está reclutando humanos… -Dijo el tabernero para si-.

Esa misma noche, el parroquiano al que el tabernero había entregado el cuchillo, regresó a la taberna mientras cerraba, con la mirada perdida y el arma ensangrentada, se sentó en la barra y pidió una cerveza.

-Tabernero: ¿La has matado?

-Parroquiano: Si… -Dijo mientras le devolvía el cuchillo a su legítimo dueño con las manos temblorosas- pero… ¿Sabes qué? Al final no me estaba engañando… aun así la maté ¿Por qué?

 -Tabernero: Lo hecho, hecho está -Dijo el tabernero antes de clavar el cuchillo en el cuello del parroquiano- -miró el cadáver por un momento- ha vuelto a pasar, un alma pecadora que no va al infierno… ni siquiera los demonios cuando mueren regresan al infierno… tampoco al cielo ¿Qué está pasando? He de informar a Lucifer.

En ese momento el tabernero se retiró la piel del hombre con el que se había vestido, y dejó ver su rostro de demonio. Aprovechando la sangre y varios órganos de su víctima, inició un ritual para contactar con su amo. Acto inútil, ya que apenas un segundo más tarde, toda la aldea se bañó en luz sagrada desintegrando a este y otros demonios que allí se ocultaban y despojando a los humanos de su voluntad.

-Gabriel: Serviréis bien a la corte de la luz.

Lejos de allí, en el centro del campo de batalla, en una zona neutral conocida como Limbo, los tres líderes de la gran guerra se reunen.

Tan solo los tres podrían entrar, por lo que Sariel y Remiel que acompañaban a Lucifer, se tuvieron que quedar fuera. Igualmente ocurrió con Rafael y Uriel que acompañaban a Miguel.

Miguel miró con desprecio las nuevas formas de sus tres hermanos demoniacos.

-Miguel: Monstruos… eso es en los que os habéis convertido.

-Lucifer: Al menos no despojamos a los humanos de su voluntad como hacen otros…

Guerra aún no dijo nada.

-Miguel: Como sea… no estamos aquí para debatir, si no para exponer nuestras demandas.

-Lucifer: ¿Y que puede querer el favorito de mama?

-Miguel: Tan solo quiero paz… -Casi que se le atragantaba la boca al decirlo, tal vez porque era difícil de pronunciar ante aquel jinete - paz… pa…

-Lucifer: ¡Vamos hermano! ¡Escúpelo de una vez!

-Miguel: ¡Quiero la tierra! ¡Quiero a cada demonio muerto! ¡Quiero a cada humano bajo mi yugo! -El arcángel comenzó a perder el control, se echó las manos a la cabeza y comenzó a salivar mientras continuaba con su demanda- ¡Quiero cada pequeño escombro de la creación de madre para mí! ¡Solo para mí! Y sobre todo… ¡Quiero a Guerra fuera del juego! -Gritó el arcángel mientras en menos de un segundo había desenvainado su espada sagrada y había atravesado a Guerra en donde supuestamente debería de tener el corazón atravesando incluso su imponente armadura de placas-.

Lucifer no daba crédito a la locura de su hermano, tampoco los Arcángeles que esperaban fuera podían hacerlo. Sin embargo, Guerra no parecía ni mínimamente afligido, es más, agarró la espada en su pecho, la sacó, y se la arrancó al arcángel de las manos sin demasiado esfuerzo, seguidamente la arrojó lejos y agarró al arcángel del cuello poniéndolo de rodillas ante él. Entonces comenzó a reír a carcajadas.

-Guerra: Él ya está aquí.

Por puro instinto, Lucifer trató de ayudar a su hermano, pero fue inútil, ya que antes de que este se pudiese acercar al jinete, Guerra arrojó a Migel contra su hermano derribándolos a los dos. El resto de arcángeles miraban impotentes como Miguel perdía la cordura, e incluso Lucifer, si en aquel instante había demostrado que aún le quedaba algo de bondad… la estaba perdiendo por completo.

-Lucifer: ¡Quier…! ¡Quiero…! ¡Quiero que arda! ¡Quiero verlo todo arder! ¡El mundo en llamas! Quiero subyugar a Muerte para matar a Vida y después… ¡Que arda también! ¡Quiero el fin de todo!

Y a medida que la locura y el ansia se apoderaban de los dos arcángeles, una voz inundaba la cabeza del resto de presentes.

-Voz: Algunos ansían riquezas, otros la fama, el reconocimiento, o simplemente ser amados, algunos ansían el control, y otros simplemente que todo arda… a eso lo llamamos hambre…

-Guerra: Seas bien venido hermano.

-Hambre: Respóndeme a una cosa si puedes hermano ¿De qué crees que tendrá el mundo hambre cuando salga del limbo y mi influencia se extienda por toda la tierra?

-Guerra: De sangre.   


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