El sentido prescindible (3º capítulo)

Por Yoga For Life
Enviado el 06/10/2016, clasificado en Amor / Románticos
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Cuando un viejo amigo me preguntó: "¿De qué sentido prescindirías?", mi respuesta fue que del sentido común nunca. Tampoco quería dejar de ver al que fuese el amor de mi vida; de oler un aroma que me transportara a tiempos pasados; de escuchar el sonido de la vida; o de tocar otras pieles... Me llamo Jota y, para variar, llego tarde a trabajar. Soy fotógrafo de profesión y también en mis ratos libres. Hace tiempo me di cuenta de que debía buscar aquello que me hiciese feliz. Y me fascina paralizar momentos...

El café ya se había enfriado, así que, mientras colocaba la manta que dejé arrugada el día anterior en el salón, mi cabeza iba pensando en todos los compromisos que tenía aquella mañana. Había quedado a las dos con mi amigo Luis. Me tenía que contar su último viaje a América. No sabía el dinero que podría tener en su cuenta, pero siempre estaba viajando.

Cuando salí a la calle, tomé una bocanaza de aire y mis piernas se pusieron en funcionamiento. Uno de los motivos por el que no quería prescindir del sentido olfativo era porque, cuando paseaba por las calles, la gente me azotaba en la cara con sus perfumes o la ausencia de ellos. Había uno, aunque no sabría decir cuál, que me recordaba a mi padre cuando se levantaba por las mañanas y, mientras yo desayunaba las magdalenas de mi madre, él me miraba a los ojos y me decía: "Pasa un buen día, hijo". No me gustaría perder jamás la capacidad de recordar a partir del olor.

- Bueno, bueno... Mirad a quién tenemos aquí, ¡el señor Jota!

- ¿Qué tal anoche, tío? - todo el mundo me bombardeaba a preguntas mientras dejaba la chaqueta y la carpeta encima de mi mesa. Trabajaba en un local de dos pisos, con paredes de ladrillo blanco, mesas contiguas y lámparas que caían del techo. La noche anterior salí con mis compañeros de oficina para despejarme y conocí a una chica demasiado simpática, de las que pensaba que ya no existían.

- Bien. Os fuistes y me quedé media hora más hablando con ella.

- ¿Y...?

- Y nada más, de verdad. Cada uno nos fuimos a nuestra casa - sentía cómo tenía clavados en mí, al menos, catorce pares de ojos. Aunque en ese momento me sentía algo incómodo, jamás prescindiría del sentido de la vista, e imagino que mis compañeros, en aquel momento, tampoco. El poder de intentar sonsacar a alguien palabras con tan solo mirar...

Desistieron al darse cuenta de que no iba a contarles nada más o quizá fue porque, por fin, se dieron cuenta que lo que conté fue lo único que pasó. Me pusé las gafas y empecé a revisar las fotografías que había hecho hacía dos semanas. Llevaba trabajo atrasado, pero últimamente había estado bastante ocupado intentando encontrar de nuevo mi creatividad.

 

***

- Lucía, ¿tienes algo decidido?

Mi cabeza descansaba sobre mi mano derecha mientras pensaba en lo que sucedió con Jota. La pregunta que me aparecía intermitentemente en mi cabeza era: "Por qué". Por qué me levanté y lo hablé; por qué cuando vi su currículo supe que iba a ser él quién me sustituiría. Anoche apunté en un papel mi preocupación y lo dejé debajo de la almohada. Sentía una gran angustia. A veces sé por dónde tiene que ir mi vida, hacía dónde me tengo que dirigir, como si alguien me estuviese guiando. Esta mañana, al levantarme y leer la nota, mi ansiedad se había reducido, pero seguía sin saber el porqué de tantas cosas que volvió a mi cuerpo instantáneamente.

- ¿Lucía? ¿Estás bien?

- Sí, sí. Estaba pensando en mis cosas, perdón.

- Si te encuentras mal puedes irte a casa. Por mí no hay ningún problema.

- No te preocupes, Luisa. Estoy bien.

- ¿Echaste un vistazo a lo que te mandé?

- Sí. Creo que ya lo tengo decidido.

- Cuando tú quieras concertas las entrevistas - dijo mientras me hacía un gesto de que debía irse.

- Espera - me levanté rápidamente - Creo que tengo claro quién va a ser mi sustituto. Sé que parece algo arriesgado pero no quiero entrevistar a los otros candidatos.

Luisa cruzó los brazos. Pude percibir una ligera sensación de arrepentimiento al dejarme elegir.

- Carlos me dijo que eran los tres mejores candidatos de todos los que habían optado al puesto. Creo que es profesional entrevistar a los tres.

- Confía en mí. El chico que he elegido tiene mucho potencial.

- Pero, ¿lo conoces?

- Creo que sí.


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