"Deja de contenerte... ¡Cógeme!"

Por Cielo
Enviado el 14/10/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Son las 2:00 de la mañana, y entre la bruma del sueño y el vino, me tambaleo al pie de la cama y contemplo su cuerpo desnudo que se retuerce mientras mi boca entreabierta se concentra en el camino que va recorriendo al subir por sus muslos. Escucho su respiración agitada y los gritos ahogados que le provoca el sentir mi aliento que se acerca a su sexo. El brillo que tienen sus labios vaginales por la humedad de su excitación me hace agua la boca y un deseo irrefrenable de saborearla me invade, pero mi lengua apenas alcanza a rozar sus labios menores que sobresalen enrojecidos e hinchados por su deseo, cuando de un movimiento brusco me aparta y se recorre hacia arriba en la cama, riendo incontrolablemente. Mientras le dedico una mirada que lleva un gesto que es justo la mitad entre reproche e interrogación, me dice con una sonrisa; “demasiada sensibilidad” al tiempo que hago caso omiso y dejo que mis dedos exploren su sexo humedecido y recorran la plenitud de su vulva, sintiendo cómo sus pliegues se comprimen entre mis dedos, mi palma e incluso mi muñeca cuando me aventuro a tocar lo que alcanzo de su trasero. Ella se retuerce y gime, echando su cabeza hacia atrás y me ofrece su cuello, que devoro ávidamente para después colocarme encima de ella y sentir sus uñas que rasguñan ligeramente mi espalda de arriba a abajo.

Mi pene se abre camino en su vagina, su calidez y humedad me son tan deliciosas, que trato de percibirlas milímetro a milímetro, penetrándola lo más lentamente que me es posible. Su boca se abre un poco más cada vez, mientras me va recibiendo en su interior, y sus piernas se flexionan para empujar con sus talones  mi cadera, haciéndome llegar aún más profundamente en ella. Cuando nuestros pubis se encuentran, no hay una sola célula de mi piel que no esté inmersa en la sensación de fundir nuestros cuerpos en uno solo.

Con movimientos lentos y pronunciados, disfruto del extraordinario placer de sentirla mía, buscando que la longitud completa de mi pene recorra su interior,  llenando mi mente de sus gemidos, percibiendo sus suspiros entrecortados en mi oreja, y sus manos que recorren mi espalda y se detienen en mis nalgas, presionando e invitando a que la penetración sea lo más profunda posible. Me incorporo un poco para contemplar sus pechos humedecidos por el sudor y me agacho para saborear sus pezones, que endurecidos y ligeramente salados, me invitan a morderlos ligeramente mientras ella hunde sus dedos en mi cabello. Al separarme para poder deleitarme con la expresión de placer en su rostro, su mirada se clava en mis ojos mientras me dice “me encanta tu fase dominante… Esta mezcla entre primitiva y de macho…” y gime sugerentemente al tiempo que me atrae a su boca para besarme con una intensidad y una pasión que satura cada uno de mis sentidos.

Después de un rato de estar sobre ella, la volteo para que sea ella quien está arriba, jalando sus rodillas para que el ángulo que forma con su cuerpo al reclinarse sobre mi pecho, permita una penetración más intensa, cuyo ritmo controlo con un jaloneo de sus caderas que me permite sentir cómo su pubis se talla con el mío estimulando su clítoris, consiguiendo que su orgasmo sea más intenso y sus gritos junto a mi oído, me exciten aún más. Con la respiración agitada, reposa sobre mí, mientras un ligero estremecimiento, remanente de su orgasmo, recorre su cuerpo y su rostro extasiado me llena de una satisfacción que coincide con la descripción de macho que apenas un momento atrás me decía.

Con movimientos felinos y sin decir una palabra, se separa de mí y se recuesta boca abajo, invitándome a penetrarla mientras me encimo en su espalda, sintiendo la humedad del sudor que ya no sé si es más mío, y gira su cabeza para alcanzarme con un beso lascivo, intenso y erótico, que se sincroniza con el vaivén de mis embestidas. Veo en el espejo lateral nuestro reflejo, y observo las ondas que se generan en sus nalgas cuando el frente de mi cuerpo se topa con su delicioso trasero, y siento cómo aprieta las piernas y su pared vaginal, intensificando así la sensación de penetrarla. Por un tiempo que no alcanzo a medir, me pierdo en ese delicioso movimiento,  disfrutando del placer tan intenso que me causa el poseerla, tratando de prolongar el mayor tiempo posible esta posición que tanto disfruto. Sin embargo, ella quiere algo más intenso y con una urgencia que percibo en su timbre de voz y enardece mis sentidos, la escucho decir “deja de contenerte… ¡Cógeme!” y dejándome llevar por su petición, la embisto con mayor intensidad y acerco mi rostro al suyo para sentir su respiración agitada, escuchar sus gritos de placer junto a mi oreja y ver la expresión de su rostro, entrelazando después mis manos a las suyas, que a su vez están crispadas y aprietan las sábanas con una intensidad que evidencian la proximidad del orgasmo.

Perdido en una sinfonía de sus gritos y mis gemidos, en movimientos sincronizados e intensos, envueltos en la humedad del sudor mutuo y en un torbellino de sensaciones que me inundan, vivo el orgasmo más intenso que haya sentido y exploto mientras escucho que entre jadeos y movimientos que exprimen cada gota de mi semen me dice “mi amor!... mi vida!” y me olvido de todo, corroborando que mi mundo completo es ella.

El reloj marcar las 4:00, y la pegajosa humedad que siento en la pelvis me adhiere a la almohada que se encuentra debajo de mí. Trato de incorporarme mientras la habitación completa gira sin control y contengo el vómito que amenaza con salir, obligándome a tragarlo mientras me dejo caer en la cama revuelta y algunas lágrimas involuntarias humedecen las sábanas. Esta es otra noche sin ella, en la que la decadencia de mi alcoholismo me ha hecho alucinarla y sentirla de nuevo, sabiendo que jamás podré poseerla otra vez. Y en medio de mi patética autodestrucción sé que estoy condenado a vivir de sus recuerdos, inmerso en la vivencia de perfección perpetua que era  hacerle el amor... perfección tan inmensa como infinita es la culpa y el remordimiento de saberla perdida.


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