El amor de la niña madura, Mucho Verbo

Por ClaraEver
Enviado el 14/10/2016, clasificado en Amor / Románticos
570 visitas

Marcar como favorito

Si existe algo capaz de robar y absorber por completo la vitalidad de una persona, eso se llama universidad.

A mis escasos 20 años mi dependencia del café y mi amplio cuadro de desnutrición me habían llevado al hospital 3 veces en menos de 2 años. Las ojeras de mi cara resaltaban como si hubiera colocado pequeños saquitos negros bajo mis ojos intencionalmente. pero nada me detenía: Ni las extensas y complicadas tareas que no hacían más que mermar mi poco tiempo libre, ni las aburridas clases impartidas por catedráticos que nacieron casi al mismo tiempo que Hitler se suicidaba en su búnker, ni las prácticas inútiles que nos colocaban más lejos de la realidad de lo que ya estábamos.
En fin, en una de esas tantas noches en vela estidiando, pasada ya la media noche, decidí descansar unas horas para reponer me un poco y continuar. Justo antes de irme a dormir la pantalla de mi móvil se encendió iluminando la penumbra de mi habitación. Estaba bastante exhausta para leer lo que fuera, así que lo ignore fríamente y me fui a dormir.

Pasadas una cuatro horas mi alarma anuncio, sonoramente, que era tiempo de continuar con mi tortuoso deber. Apagué mecánicamente la alerta y me metí a la ducha.
Cuando ya estaba casi lista para salir de casa decidí darle un vistazo a mi teléfono para averiguar porqué había sonado la noche anterior.
Mi corazón dio un vuelco y mis ojos se abrieron como platos al notar que mi bandeja de entrada tenía 15 mensajes sin leer y todos de la persona que menos esperaba: Nicolás.
Iniciaba dándome las buenas noches, me deseaba un feliz y reconfortante descanso. Escribió sobre la admiración plena y profunda que sentía por mi y lo feliz y la alegría que le causaba que alguien como yo este en su vida.

Los 15 mensajes se conjuntaron en una amplia y melosa redacción que buscaba adular todas las virtudes, que según Nicolás, yo poseía. Y después de todo eso, como si esa no fuera la intención inicial ponía "Y cómo eres tan buena sé que no te negarás a ayudarme con la tarea de probalidad"
Por inercia liberé una carcajada sarcástica, sabía que esos halagos no serían en lo absoluto desinteresados.

"Eres demasiado verbo hombre. No necesito que me escribas un poemario para hacerte un favor. Hoy a la una de la tarde en la biblioteca."

Leí el mensaje un par de veces más, y entre más leía más gracioso me parecía. Tenía la escencia de un bufón adulador que solo habla bien cuando le conviene.

Ya no me cabía duda de que era lo que Nicolás quería de mi.


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Ellas buscan... MiPlacer.es
TvReceas - Videos de recetas de cocina Haz tu donativo a cortorelatos.com