Tres deseos

Por George Peterson
Enviado el 16/10/2016, clasificado en Terror
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Fue un regalo envenenado. Tres ovillos, no más grandes que una nuez, cada uno de un color. Cada uno un posible deseo que se cumplía cuando deshacías el ovillo.
Tenía claro cuál iba a ser mi primer deseo. La pedí a ella, a Julia, la mujer de la que llevaba tanto tiempo enamorado. Casualidad o no, dos noches después me confesó que me quería desde hacía mucho, pero que solo ahora había conseguido reunir valor para confesarme su amor. Entonces comenzamos una apasionada relación.
La felicidad fue efímera, Julia no era lo que yo creía. Maniática, celosa, manipuladora y psicótica. Peligrosa. No me atreví a cortar con ella, me daba mucho miedo su reacción. Deshice el segundo ovillo, pidiendo que fuese ella quien me dejara a mí.
Al día siguiente, al entrar en casa, Julia cerró la puerta tras de mí. Estaba cubierta de sangre de los pies a la cabeza, con la mirada enajenada, sujetando un cuchillo enorme en la mano derecha. Vi mucha sangre, y el cadáver de una pobre chica, tirado de cualquier manera, como si fuera una muñeca rota. No tenía ni idea de quien era, peor Julia me acuso de haberla engañado con ella. De forma casi inconsciente, tiré de la cuerdecita que tenía en el bolsillo y el ovillo se deshizo. ‘Que se muera’, pensé. Cuando se abalanzó sobre mí, la esquivé por muy poco. Resbaló con la sangre que salpicaba el suelo y chocó con la pared. Se giró hacia mí, mirándome con cara estupefacción. Solo el mango del cuchillo sobresalía de su pecho. Luego cayó al suelo.
Ya se habían cumplido mis tres deseos.


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