BLACK FRIDAY

Por cclecha
Enviado el 30/11/2016, clasificado en Humor
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Mariano era feliz con lo que hacía. Una de las máximas de la felicidad consiste en dedicarse a lo que realmente te gusta…y D. Mariano había conseguido, ni más ni menos que llegar a ser el encargado de modas de uno de los almacenes más importantes del país. Vestía un impecable traje azul, con una tarjeta en la solapa, acreditativa de su rango. Corbata roja y una calva con cuatro pelos enganchados. Te miraba a través de unas gafas de marca.

         El encargado era un hombre pro sistema que le encantaba el consumismo porque veía en él una herramienta poderosa para que todo el mundo trabajara, aunque fuera por un sueldo exiguo. Para colmo de los colmos, hoy era un día especial en el consumismo…hoy era el BLACK FRIDAY…una oportunidad única para hacer caja de manera descarada.

Mariano ejercía de maestro gurú con un pobre chico que hacía poco que había entrado a trabajar y que lo iba instruyendo a su imagen y semejanza.

       -Garcia, ya empiezan a venir los clientes…veo que ya has colocado todos los carteles grandes ofreciendo descuentos del 50%...todos en rojo y con el fondo en blanco…bien bien…Recuerda que el rojo otorga a las decisiones del consumidor más fuerza y rapidez. El inconsciente de los futuros clientes actúa…vamos bien

         A D. Mariano le gustaba educar profesionalmente y espiritualmente a su subalterno, le encanta ejercer de Pigmalión con él. Volvió a la carga

       -¿Has sacado a la vista todas las prendas, más desfavorecidas, que tenemos previstas para los descuentos?

         -Si señor y también he dejado unas cuantas que teníamos antes en stock, pues siempre hay algún que cliente que se ha fijado anteriormente y las busca…

       -¿pero la mayoría supongo que las escondido, no?

       -Si señor, no se preocupe

       -Estupendo…con las prendas buenas, hay que dejar constancia de escasez…como si se acabaran...máximo una o dos en las perchas…que el cliente luche por ellas…

Mariano se frotó las manos…hoy era el gran día…para la caja tenía que ser un día histórico. Él utilizaba todos los medios psicológicos a su alcance, para lograr que los desorientados clientes dejaran la mayor parte de su dinero en los almacenes…no le importaba si originaba en ellos una compra compulsiva o si literalmente les engañaba, lo que si importaba era el resultado de la transacción.

       El local empezaba a llenarse, cuando D. Mariano se fijó en un despistado hombre que dudaba ante tanta oferta. El encargado rápidamente aviso a su empleado

       -García, García… a por él. Duda ante todo…cárgalo de perchas y productos…muéstrate seguro y mételo en los probadores,

         El empleado así lo hizo, cargó al hombre con tres cazadoras de piel, un par de zapatos, jerséis y pantalones y lo dejó en uno de los probadores para contárselo a su jefe, cuando estuvo delante de este, el encargado le dijo

         -Muy bien García, ya he visto como has cargado a ese pardillo hasta los topes….tres cazadoras de piel…bien…bien- añadió- toma este aerosol con fragancias a cuero envejecido, vuelve al pasillo de los vestuarios y rocía delante de su probador…esto le estimulará a quedarse con las prendas

         El empleado miró con admiración a su jefe. Este, condescendiente, dijo-las huellas olfativas son muy importantes, en casos puntuales hay que sustituir el meliflua fragancia de jazmín emblema de nuestro establecimiento, por los aerosoles pertinentes. Vuelve y haz lo que te digo, entra luego en el probador y dile que le sientan de maravilla las prendas…vamos vete y vuelve.

         Mientras esperaba a su empleado, observó con satisfacción algunos carteles azules, cerca de los probadores, que estimulaban a quedarse en el local promocionando el sosiego y la razón en las compras. Vio con orgullo varias perchas con el mágico final de 99 y los euros que fueran…así como un cartel enorme, fruto de su imaginación, en la que se ofrecía un regalo sorpresa por cada 200 euros de gasto. Esto lo había pensado para promocionar al niño que todos llevamos dentro. Realmente estaba muy satisfecho de sí mismo. También se mostraba vanidoso de otro cartel que también había salido de su cabeza que decía “máximo 5 piezas”…esto estaba seguro de que estimulaba mucho…parecía que no habrían prendas para todos…

             Finalmente García regreso con aires dubitativos…

             -¿Qué ha pasado? Le conminó D. Mariano

           -La verdad es que cuando entré en el probador para decirle que las chaquetas le sentaban de maravilla, me lo encontré apuntando las tallas de las prendas en una cartulina blanca que llevaba para tal fin.

Mariano se fue calentando el solo y antes que emitir su diagnostico, esperó que el hombre saliera del probador a ver si hacia o no la compra…

               El ambiguo cliente salió del probador dejando todas prendas allí para que las ordenara García y con su cartulina blanca bien sujeta en la mano pasó delante de D.Mariano. Este, viendo la jugada del cliente le apremió

             -Traidor, has apuntado todas las tallas para comprar por internet y ahorrarte unos duros…nos has utilizado de showroom para tus canallescos fines…-dijo esto visiblemente afectado y con la respiración jadeante

             García arrastró literalmente a D. Mariano de la zona de conflicto y se quedaron alterados delante de la zona de vaqueros y tejanos. Allí el encargado, todavía con la mano en el pecho, como si quisiera aplacar a este, se fijó como otro cliente salía de los probadores con varios pantalones en el brazo, pero sin comprarlos… también con un papel blanco con tallas apuntadas.

           -Hombre sin escrúpulos, terrorista…te vas a cargar todo el sistema vigente económico, destruirás miles de negocios y de puestos de trabajo…terrorista.

         Otra vez García tuvo que llevarse arrastras a D. Mariano del stand de tejanos. D. Mariano estaba visiblemente afectado, se le doblaban las rodillas y el escaso pelo de su calva, aparecía despeinado y las gafas se mostraban torcidas. El empleado no tuvo más remedio que hacer pasar a su jefe en el stand de zapatos y sentarlo en uno de los bancos acolchados, aflojándole la corbata.

         Allí, D. Mariano sin alma en el cuerpo, todavía tuvo fuerzas suficientes como para observar un cliente que se estaba probando unas zapatillas de deporte con satisfacción…después de trotar con ellas y dar su visto bueno, se las quitó, miró el número que tenían, las dejó allí y no pasó por caja.

Mariano, sacando fuerza de flaqueza, se arrojó directo al cuello del cliente pero sus fuerzas le fallaron y no pasó de ser un conato de agresión. El joven cliente viendo la alteración de D. Mariano que acabó con un desplome de este y fijándose en su tarjeta con su nombre que colgaba de su solapa y le acreditaba como encargado de los almacenes no pudo reprimir el hacer astillas del árbol caído y dijo mirándolo a los ojos

           -Vaya, vaya, D. Mariano da gusto observar como hay infinidad de cosas en su almacén que no necesito para nada. Adiós

 

La cosa acabó en que García tuvo que llamar a una ambulancia porqué a su jefe le dio un soponcio. Pero ahora, afortunadamente, el encargado se recuperó y ya está bien.

    

 


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