Chupándoselo a mi compañera de piso 1

Por isabelxc
Enviado el 12/12/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Cuando alquilé mi habitación en un piso de universitarias no imaginaba que conseguiría chuparle el chocho a la más guapa de ellas, pero sucedió y estoy encantada. Que todas las chicas del piso tuvieran novio fue «la clave de mi éxito».

Ellas son universitarias de entre veintidós y veintitrés años, yo tengo veintiséis años y he vuelto a la ciudad para trabajar en prácticas de lo que estudié, más adelante, cuando gane más, puede que alquile un piso para mi sola, o quizás me quede con ellas si sigo estando igual de bien. Yo soy una chica lesbiana, pero sobre todo soy muy liberal y con muchas ganas de disfrutar de la vida y de mi cuerpo, por eso he tenido algunas experiencias con hombres pero solo por experimentar de mí libertad.

Me alquilaron la habitación con una condición, Laura, la morenaza alta, de la que quedé prendada nada más verla me lo explicó.

—Isabel, la habitación que te ofrecemos la estábamos utilizando para estar con nuestros chicos, cada sábado una de nosotras trae a su novio; «te lo voy a explicar Isabel»: las otras dos habitaciones tienen una cama de matrimonio cada una y dormimos dos chicas en cada habitación, menos la tuya que es más pequeña y solo tiene una cama individual. Te la  podemos alquilar pero con la condición de que los sábados por la noche, cuando venga el novio de la que le toque, tú duermes en la habitación de ella con su compañera y ella y su novio en la tuya, si te parece mal esta oferta lo entenderemos, pero buscaremos a otra chica —me informó.

Me sentí algo ofendida porque me ofrecieran una habitación que tendría que ceder como «picadero», pero a la vez vi el lado bueno de la situación al instante, poder dormir y rozarme con todas ellas por turnos y quién sabe si algo más, y ese pensamiento me ilusionó; solo de pensar que Laura, la clásica belleza de Europa del sur, morenaza de cintura estrecha y melena negra hasta el culo (por la que sentí un chispazo nada más entrar en el piso) pudiera dormir junto a mí, ¡me ponía chorreando! Mi estrategia comenzó por no decirles cual era mi orientación sexual, y contesté así a las cuatro, que estaban en corro esperando mi respuesta (por cierto todas son preciosas). — ¡De acuerdo chicas!, pero no os olvidéis de poner las sábanas limpias cada domingo, jaja.

—Estupendo Isabel, no te preocupes, seremos muy limpias jajaj, —me respondió esta vez Victoria la pelirroja. Dormían juntas Laura la morenaza y Victoria la pelirroja y en el otro dormitorio Elena y Lucía, la primera con una melena color castaño y la segunda rubia como yo, pero más bajita. Todas son universitarias y pijas de remate, «pero son un encanto de chicas». Los días transcurrían plácidamente en el apartamento y mi trabajo en prácticas iba muy bien.

Venían los novios de ellas y yo me mudaba de cama, pero para suerte mía el que más venía era el novio de Victoria, pudiendo así dormir yo más veces con Raquel, mi deseada morena.  No me atrevía yo esas noches que estábamos juntas más que a rozarla y disfrutar del dulce olor de su piel, porque el amor que se estaba despertando en mí hacia ella, me hacía sentir temor de alejarla si lo intentaba, sabiendo que ella era heterosexual, «me estaba enamorando».

¡Todas ellas se pasean por el piso semidesnudas!, ¡o desnudas del todo!, «como solo somos chicas», yo las sigo con la mirada cuando salen desnudas del baño y también doy paseos casi desnuda, ¡tienen unos chochos preciosos!, cada una con su estilo de depilación, Raquel tiene afeitados los lados del pubis y los labios mayores, y un cepillo de pelos en el centro de unos dos centímetros de ancho y unos nueve centímetros en vertical, de pelos tan espesos y negros como el vello oriental, pero más suaves (en su gatito negro es en el que más me he fijado).

Este sábado me ha vuelto a pedir la habitación Victoria y otra vez dormiré con Laura, mi deseada morenaza que acaba de regresar del pueblo donde ha pasado una semana, y me hace mucha ilusión dormir con ella otra vez, ¡tanta ilusión me hace que solo de pensarlo se me mojan las bragas! Al salir Laura de la ducha veo que parece dolerse al andar, no sabía qué le pasaba, y le pregunté.

—Laura noto como si te doliera algo por tus gestos.

 


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