Chupándoselo a mi compañera de piso 3

Por isabelxc
Enviado el 12/12/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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—Isabel, cuando quieras te echo a ti también un polvo, ¡rubita!, que está más buena que el pan, y me gusta mucho ese coño que se te ve por debajo de la camiseta —habló en voz baja, para que no lo oyeran las demás chicas.

 Yo acerqué mi boca a su oído y le respondí también muy bajito.

—Tienes aquí un lugar donde follar cómodamente con Victoria, una novia que te quiere mucho, ¡no lo estropees fresco! —le dije y me alejé tirando de mi camiseta para tapar mis vergüenzas, él se me acercó otra vez y me dijo más bajito aún.

 — ¡Esto no ha pasado!, ¿vale Isabel?, no digas nada por favor, y perdóname.

—No te preocupes, no diré nada Fernando —dije en voz muy baja y volví con Laura.

Al regresar a la cama encontré a Laura despierta, la besé en la mejilla y le di la espalda, poco después yo me hice la dormida a la vez que pensaba en cómo se me había insinuado Fernando, ¡estando su novia al final del pasillo!

Laura daba vueltas inquieta (el calor), al cabo de media hora me di la vuelta y ¡como soñando!, posé mi mano en su chocho desnudo y ella dio un respingo pero no apartó mi mano, hundí un dedo frotando hacia delante y hacia atrás metiéndolo después dentro de su vagina, ella comenzó a jadear fuerte y yo hice como que despertaba de pronto, preguntándole, ¿qué te pasa?, a la vez que retiraba mi mano diciéndole que fue en sueños, que perdón.

Ella en ese momento estaba a punto de correrse y me dijo.

— ¡No pares!, sigue como con el culo Isabel, por favor, será nuestro secreto.

No hablé, sólo acerque mi mano a su coño desnudo y le introduje dos dedos, arrastrando sus labios menores hinchados y calientes. Cada vez que metía y sacaba mis dedos los separaba entre sí para hacer más presión. Mantuve mis dedos un rato en su interior, macerando su vagina a fondo mientras ella sollozaba y su chocho iba empapando la sábana; después saqué los dedos y de un puñado agarré su vello púbico « negro y espeso», una raya ancha preciosa. 

Mientras mantenía su cepillo de pelos apretado con el puño  metí mi cabeza entre sus piernas y chupe su coño como la delicia que era, dando mordiscos a sus labios mayores y también jugando con su clítoris, apretándolo con mis labios y dándole tirones pequeños; ella agarraba mi melena rubia dándome tirones y casi haciéndome daño, jadeando al mismo tiempo.

Proseguí y le metí la lengua entera en el chocho, ella comenzó a gemir y a apretar mi cara con sus mulos. Hice bailar sus labios menores con mi lengua y Laura se corrió en mi boca, con un chorro de líquido tan abundante que me atraganté y tosí un poco, luego lo tragué todo, ¡que rico su sabor!, ella al verme toser me dijo.

— ¡Perdóname Isabel!, qué vergüenza haberme corrido en tu boca, pero, ¡no lo he podido evitar!

—No pasa nada Raquel, me gusta tu sabor, pero podrías tocarme un poco para que me corra yo también, ¡ya que jugamos a darnos placer!

—Nunca he tocado la raja de otra chica, pero te lo has ganado Isabel.

¡No!, ¡ella no me acarició!, ella metió la cabeza en mi chocho rasurado y absorbió labios mayores y menores a la vez, ¡con ansia!, ¡con hambre! Yo agarré su larga cabellera negra y la extendí sobre mi vientre, restregándola contra mis pechos y enredando sus mechones en mis pezones de punta. Laura mordió después mis labios mayores y los estiró hacia afuera como si me fuera a arrancar el coño, ¡no aguanté más!, y mis piernas dieron un espasmo chocando en sus mejillas, ella retiró un poco la cara de mi raja y yo me corrí intensamente, el chorro me salió a presión por la intensa excitación de esa noche, pulverizado y extendido (como si mi chocho fuera un bote limpia cristales), dejando su cara brillante y llena de multitud de gotitas de mi ser. Laura se limpió la cara con la mano y tendió su cabeza en la almohada, acercando su melena negra junto a mi melena rubia y me dijo al oído.

—Isabel, por favor que sea nuestro secreto, que vergüenza, a mí no me gustan las chicas pero me he puesto a cien y mi cuerpo no entendía de nada que no fuera sentir placer; Isabel siento haberte arrastrado a probar a otra mujer.

No le contesté por mantener en ella la creencia de que la inocencia había sido de las dos, pero tampoco quise mentir más en ese momento tan íntimo, solo me puse mi camiseta corta y me pegué a su espalda, apartando su melena negra y besándola en el cuello; al momento me quede dormida muy feliz.

                                                              —Fin—

                                                     © Isabel Nielibra

 


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