Tomé a la hermana de mi novio 2

Por isabelxc
Enviado el 17/12/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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Mientras ella me explicaba lo triste que fue la ruptura con su novio, haciéndome ojitos, yo estiré una pierna bajo la mesa, "oculta por las enagüillas"; y le metí el pie entre los muslos a Alicia, ¡ella abrió mucho los ojos y tartamudeó!, dejando de hablar; me miró en silencio y sus mejillas se pusieron rojas como un tomate. Con la uña del dedo gordo de mi pie derecho "enganché sus bragas", y las aparté a un lado, rozando su coño con mi dedo gordo, el cual lucía la uña pintada con esmalte negro, apreté los músculos de mi pierna y "de arriba abajo" paseé mi dedo obsceno entre sus labios menores, ¡sin medias ni bragas!, ¡a pelo! Mi dedo se empapó de ella, lo restregué por su raja unos minutos muy despacio,  mientras todos comíamos y hablábamos, "bueno Alicia comía poco"; le saqué el pie y lo enfundé en mi zapato de tacón, "que me entró perfectamente", untado como estaba con la humedad de ella. Le guiñé un ojo y ella entornó los suyos, mirándome entre excitada y confusa (por su mirada supe que se había corrido sobre la silla de terciopelo rojo).

—Hija qué te pasa —preguntó su madre.

—Nada mama, solo un sofoco, será de la chimenea.

Leonardo, no eches más trocos hoy al fuego  —le dijo su madre a su padre.

Al terminar de cenar me despedí de Borja y acompañé a Alicia a nuestro dormitorio (ya era hora de dormir), al entrar, ella cerró la puerta y me habló.

—Isabel, ¡te podían haber pillado!, ¡que atrevida eres chica!; y, ¿cómo has sabido que me gustas?, ¿o que me gustan las mujeres?, cuando, ¡me has metido el pie en mi bollo!

—Alicia, por cómo me miraste antes, cuando salí desnuda del baño, supe que me deseabas.

—Eres una rubia muy bella.

—No fue admiración a mi belleza lo que vi en ti, fue deseo, entonces te quise dar placer en el comedor para romper tabúes, con un juego de riesgo, como ha sido correrte con mi pie delante de tus anticuados padres, ¡un reto conseguido!; ¿Alicia te gustan más los hombres o las mujeres?, y otra cosa, ¿con cuantas mujeres has hecho el amor?, lo que me digas, si me lo quieres contar, claro está, será nuestro secreto, ¡palabra!

—Isabel, ¿sabes?, solo me gustan las mujeres, por eso dejé a mi novio, porque no lo deseaba; nunca he estado con ninguna mujer a solas haciendo sexo, solo me toco imaginando mujeres que conozco, pero mi timidez y falta de determinación me han impedido buscar amor; Isabel: ¿tú me has tocado porque te gustan las mujeres o por probar?

—Por probar Alicia y porque sé que me gustara contigo (ella no necesitaba saber nada mas), y aunque yo quiero a tu hermano Borja, ¡ahora!, ¡y aquí!, solo deseo darte placer y deshacer un poco de tu tiempo perdido, algo íntimo para las dos.

Alicia no dijo nada, solo dio un suspiro que sonó en toda la habitación, "como un gran peso que se quitara de encima", "como el suspiro que di yo mi primera vez con una mujer"; después se desabrochó el vestido y lo dejó caer al suelo, tras él cual se quitó el sujetador y lo posó en mis manos, lo mismo hizo con sus bragas negras y su ligero del mismo color; pero se dejó puestas las medias negras, que hacían juego con mi laca de uñas.

Me desnudé y me acerqué a ella mirándola con deseo, posé mis manos en su espalda y juntamos nuestros pechos desnudos, rozando los pezones; los pelos de su pelirrojo chocho arañaron la suave piel de mi depilado pubis, su calor y su aroma me embriagaron. Después rodeé su cabeza abrazando su nuca  y acariciándola. Junté mis labios con los suyos muy despacio, sin apartar la mirada ninguna de las dos, chupé sus labios y le clavé mi lengua en su boca, que se abrió para mí relajada. Mi lengua se acopló debajo de la de Alicia, succioné su lengua y la atrapé, mordiéndola con mis dientes, ¡con fuerza!, pero sin herirla.

La cogí de la mano y la llevé a su escritorio, y le  pedí que se sentara en él con las piernas abiertas. Alicia se sentó y apoyó sus tobillos en el borde de madera. Cogí una silla y me senté mirando al escritorio, frente a sus piernas abiertas; con mi boca a la altura del pelirrojo vello de su chocho; acerqué mi cara a su sexo y respiré fuertemente junto a su raja, su deseado olor  llegó a mis fosas nasales como un manjar; unnn, mordí su pubis llenando mi boca con sus pelos, y ella agarro mi melena rubia y se la restregó contra su bajo vientre (su vello púbico pelirrojo parecía fuego del que salía la llama rubia de mis cabellos).

Pasé mi lengua por su coño de abajo arriba, notando sus gordos labios mayores, al darle otra pasada con la lengua ya habían emergido sus labios menores, rosados, gordos, carnosos y brillantes, unnnn; los chupé con mimo, ¡muy despacio!, retorciéndolos dentro de mi boca, entonces Alicia me dijo.

— ¿Que me haces Isabel?, ¿no ves que se me va la cabeza?, ¡cuantos años perdidos Isabel!

Acto seguido se corrió en mi boca, en mi barbilla, en mis pechos desnudos; su fuente me regó, y choreó por su coño hasta el ojete de su culo, a la altura del tablero de la mesa; le metí mi lengua bajo su cuerpo como una cuchara...


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