Tomé a la hermana de mi novio 3

Por isabelxc
Enviado el 17/12/2016, clasificado en Adultos / eróticos
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...carnal, absorbiendo toda su esencia derramada, laminado la mesa y el ojete de su culo a la vez. Después nos acostamos en su cama, y le dije.

—Alicia, ahora tú por favor, ¡cómeme el coño hasta que me corra de gusto!, por favor que estoy que ardo —Lo hizo muy bien.

Mordió mi culo prieto, señalando sus dientes en mis cachetes, como una improvisada  mujer loba de esas montañas. ¡Qué placer más grande!,  "me metió su lengua entera en el agujero del culo", para lo cual me lo abrió tirando de mis cachetes con sus manos, como si mis glúteos fueran las hojas de una ventana, y jugueteó en el interior, ¡coño con la tímida pelirroja!, (pensé). Después me chupó el coño, estampando sobre mi raja su cara, ¡muy apretada!, y sorbiendo y gimiendo con mi sabor. Luego dilató mi vagina con tres dedos, paro un poco, sacando de la mesita de noche un aparato con dos penes de látex enormes y unidos.

—Isabel, te presento a mi osito jajaj, me dijo mostrándome el aparato de doble pene. Ni corta ni perezosa me zampó en el coño la punta de ese "robot de vagina", ella accionó el botón y mi chocho comenzó a vibrar, ¡temblándome hasta el vientre!, me sentí extraña pero me gustó, animada ella, lo achuchó más adentro, metiéndome entero uno de los dos extremos de aquel aparato, ¡enorme!, ¡no sé cómo me entró! Luego se puso frente a mí e intentó meterse el otro extremo, yo la detuve, me saqué su juguete del mismísimo y le dije.

—Déjame a mí meterte algo distinto Alicia.

Acerqué mi mano derecha a su dilatado coño y le metí dos dedos, moviéndolos como si ordeñara su coño, después le metí los cinco dedos a la vez, solo en la entrada de su ser, los retorcí y se estremeció, apreté mi mano y le metí todos los dedos "hasta los nudillos", su vagina era una empanada abierta; ¡nunca le había hecho eso a ninguna mujer!, y se lo hice a una novata, que para colmo me dijo.

—Méteme la mano Isabel, ¡ábreme! —me dijo, y sacó un tarro de vaselina de su mesita de noche entregándomelo.

—Que ganas de ti Alicia —le hablé, y ella abrió más las piernas y cerró los ojos esperándome.

Saqué mis cinco dedos que aún permanecían en su interior, los extendí y con la ayuda de la otra mano los impregne de vaselina; froté su sexo dejándolo brillante como un pollo para el horno. Volví a meterle mis cinco dedos ya impregnados de vaselina, los  plegué entre sí como punta de lanza, encabezados por mis uñas pintadas de negro, cortadas y pulidas; apreté más y la mano entera se metió en su vagina, ¡yo estaba, muy, muy excitada!, ¡¡apreté más aún!!, y la mano se perdió en su interior, Alicia dio un gemido casi gutural y su chocho se cerró como planta carnívora sobre mi mano, atrapando mi brazo por la muñeca, a la altura de mi pulsera de plata; de la que algunos adornos quedaron en su interior  y otros colgando en el exterior de Alicia; en ese momento ella era mi muñeca pelirroja, y yo su ventrílocua sexual.

Al día siguiente Borja y yo fuimos a hacer fotos por la naturaleza; me sentía mal, tenía remordimientos, "no me arrepentía de sacar a Alicia del armario", sino que me sentía mal por hacerlo a espaldas de un novio tan buena persona, ¡se lo tenía que compensar!

En lo alto de unas rocas le hice una mamada sin coito, fue la primera vez que me rebajé a chupársela a un hombre fuera de la cama, y lo hice con gusto proponiéndoselo así.

—Borja, quédate ahí de pie que te la voy a chupar.

— ¡Y eso Isabel!

—Es un deseo antiguo que te ha tocado a ti.

— ¡Gracias mi rubita!, que emoción.

Me puse de rodillas, abrí su bragueta y saqué su pene semi erecto, y lo chupé con energía chocando mi nariz con la cremallera entreabierta de sus vaqueros, ¡se le puso duro como un tronco!, mis labios sentían como su punta los abría mucho, hasta que se corrió en mi lengua," blanqueándola hasta la campanilla"; tragué su semen y después saqué sus distendidos huevos del pantalón, por la bragueta también, "chupándolos los dos a la vez", llenando mi boca con su bolsa escrotal, mientras su pene aún erecto se apoyaba en mi frente; él me dijo.

—Isabel, ¡que gusto más grande!, aquí en el campo correrme dentro de tu boca, me has hecho un hombre muy feliz mi rubita.

—Lo sé Borja, lo sé.

 

 

El resto del fin de semana fue un frenesí de sexo a dos bandas, y de secretos, sobre todo de secretos de los sentidos.

                                          —Fin—

                                © Isabel Nielibra 2016

 


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