Sin bragas por la calle 1

Por isabelxc
Enviado el 10/01/2017, clasificado en Adultos / eróticos
6554 visitas

Marcar como favorito
Relato patrocinado por:
MiPlacer.es - tienda erótica orientada a la sexualidad femenina
Envíos rápidos y discreto a España Peninsular. Asesoramiento, buenos precios. Compra con seguridad y confianza.

Después de cortar con Borja decidí ser más libre y más abierta que nunca, abierta a sentir en su totalidad mi cuerpo, y a sentir nuevas experiencias, pero sobre todo a ser feliz con mi sexualidad. Para empezar volví a acostarme con mi compañera de piso Laura, varias veces, cada vez que venía el novio de su compañera de habitación y tenía que volver a dormir con ella; y sin sentir ningún remordimiento porque ella tuviera novio y la hiciera dudar sobre lo que le gustaba más, si las chicas o los chicos.

Una mañana me puse mi cortita minifalda vaquera, y justo antes de salir pensé en cambiarme de bragas, en el último momento, porque esas eran de licra muy ajustadas y me tiraban de los labios pequeños. Me bajé las bragas sin quitarme la falda, sacándolas por los pies, y fui a mi habitación a por otras más cómodas; ¡pero andando por el piso me di cuenta que ya me sentía cómoda!, —sentir el frescor del aire de la mañana en mi coño me hizo sentirme viva y excitada—  y pensé; ¿porque no salgo sin bragas? Nunca antes lo había hecho, pero siempre lo deseé, y con esa faldita tan súper corta y mi melena rubia por la espalda "sería una bomba para las miradas de deseo", ¡y eso hice!

Con mi falda vaquera y sin bragas cogí el ascensor, y bajando en este me miré en el espejo interior. Levanté la prenda vaquera y me gustó ver mi coño afeitado y clarito reflejado en él espejo, y también me gustó sentirme observada por la mini cámara de seguridad del techo, a la cual le dediqué un roce de mi dedo, tocando mi chocho con la uña pintada de esmalte negro, "paseándolo por mi raja de abajo arriba" y poniendo después la falda en su sitio, y haciendo como si no supiera que había cámara. Cuando salí del ascensor el portero me saludó desde su cabinita de madera, situado junto a las pantallas de seguridad (su rostro estaba rojo como un tomate y su mirada era la de un zorro impresionado). Al salir a la calle llamé a un taxi, al subir en el comencé a ser mala, ¿cómo?, pues me senté en el centro del asiento trasero, con las piernas abiertas, juntándolas cada vez que el taxista volvía la cabeza en un semáforo dándome conversación, para poder verme mi clarita raja húmeda; dejándolo que me viera el coño "solo un momento", jajaj, "estaba ardiendo el hombre, era un cincuentón, ¡ni me cobro la carrera siquiera!, y me dio las gracias confundido y excitado, viéndole yo un bulto en

el pantalón —los de cincuenta también se empalman— pero necesitan belleza enfrente,  y yo soy muy guapa.

Bajé del taxi dos calles antes de llegar a mi trabajo y caminé un rato; sintiendo el fresco de la mañana acariciar mis piernas al andar; ese frescor también tensaba la suave piel desnuda de mi coño afeitado. Me gustó sentir como bajo la falda vaquera los labios mayores de mi sexo se rozaban entre si al caminar, sin bragas que impidieran el movimiento natural de mi suave y abultada grieta carnal. Era como si el frío de la mañana entrara en mi raja penetrándome, "calentándome al sentirlo entrar en mi", y dándome frío a la vez. Los altos tacones de mis botines intensificaran esa sensación, por el movimiento continuo y más marcado de mis caderas, las cuales se movían al ritmo de mi calzado.

Después de caminar un rato en dirección a mi trabajo, vi una cafetería que estaba una calle antes de donde desayuno habitualmente. Era una cafetería donde no había entrado antes, y casi seguro que no conocería a nadie, por eso  la elegí, para sentir y experimentar allí mis ansias de mostrarme a gente desconocida, como una exhibicionista caliente, que ansiaba que miraran su desnudez íntima y la desearan, ¡eso sí!, quería que no pareciera acaso hecho.

Me senté a desayunar en una mesita de la cafetería, me alisé mi melena rubia y separé mis muslos, apuntando mis piernas abiertas bajo la corta minifalda a una mesa donde había dos chicas y un joven. El joven miró mi chocho (embelesado) desde tres metros de distancia, y después de recrearse unos minutos con "mi piel rajada" cuchicheó con las dos chicas que estaban con él. Una de ellas muy bajita pero muy guapa comenzó a mirarme con la boquita abierta y sin disimulo, "yo hacía como que no me daba cuenta de que se me veía el coño". La joven bajita y morena tendría mi misma edad más o menos, veintiséis años,  la vi acercarse a mí y preguntarme.

—Hola, ¿me puedo sentar un momento aquí contigo?  —dijo sonrojada, y le dije que sí.

Sentada junto a mí me dijo que se me veía el bollo desde enfrente, sin bragas, por si no me había dado cuenta que la ausencia de bragas dejaba ver mi "puerta interior"; también me dijo que yo era una rubia preciosa; yo le contesté.

—Gracias simpática, tú también eres muy mona, no sabía que se me había visto la rajita, gracias; yo me llamo Isabel.....  .  continua


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Ellas buscan... MiPlacer.es
TvReceas - Videos de recetas de cocina Haz tu donativo a cortorelatos.com