Sin bragas por la calle 2

Por isabelxc
Enviado el 10/01/2017, clasificado en Adultos / eróticos
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—Yo Teresa y daría lo que fuera por saborear tu coño carnoso y clarito, guapetona, y perdona si te molesta mi sinceridad, pero me has puesto el coño empapado guapa —dijo decidida y excitada.

No me molestaba, al contrario, me gustaba esa morenita bajita con brillo en la mirada. Le dije que me hacía mucha ilusión que me comiera el chocho, y además quería que fuera, ¡ya!, que ese día estaba yo lanzada.

Salimos de la cafetería las dos, Teresa pidió a sus amigos que la esperaran allí, que tardaríamos poco rato, que íbamos a hacer un recado cerca. Bajamos la calle y entramos en un portal que estaba abierto (nadie entraba ni salía de él, se veía desierto), y en el hueco de la escalera, tras un macetón de plantas, Teresa clavó las rodillas en las losetas del suelo y metió la cabeza bajo mi falda, y comenzó a chupar mi coño dándome unos sorbetones muy intensos, ¡como chupaba la morenita!, tanto me gustó que me oriné de gusto en su cara y en su ropa, con un chorro grande de pis; ella miro para arriba a mi rostro y me dijo.

—Rubia me has puesto perdida de meados, que guarrilla eres; pero, ¡cómo me ha excitado Isabel!

Tanto la excitó que me orinara encima de ella que empezó a morderme el bollo, dándome tironcitos con los dientes. Después comenzó a meterme dos dedos de una mano en el chocho y el dedo gordo de la otra mano en el ojete del culo, y los movió "como si me acuchillara con ellos", hasta que de un chasquido intenso me corrí en su mano y en su muñeca, manchando su pulsera de coral rojo. Luego me comió el coño un rato, como si ella fuera un perrito que lame el agua de su plato. Al acabar salimos las dos del portal, ella lucía su vestido manchado con mi pis, "eso me gustó", ¡la había marcado a ella como mi territorio!

Desde la cafetería, y junto con sus amigos, fuimos a su piso a que Teresa se cambiara de ropa. Mientras ella se duchaba me lavé el chocho en el bidé; y cuando yo me lavaba, su amigo sin preguntar abrió la puerta y se puso a hacer pis en el váter que había junto a mí, ¡sin importarle que me estuviera lavando el bollo en el bidé!, ¡casi empalmado! (picha no muy grande pero muy gorda). En ese momento estaba muy excitada por lo de Teresa, y me dieron ganas de volver la cabeza y, ¡comerle la polla!, desde mi posición, sentada con su pene a dos cuartas de mí, a la altura de mi boca; pero solo volví la cabeza hacia él y desde abajo lo miré a los ojos. Sin pedirme permiso, me acercó el pene a una cuarta de la boca, y me dijo.

—Rubia, que zorra eres, como has meado a Teresa y que buena estas, me has puesto a cien, anda, chúpamela, ¡puta!

¡Que decir!, puta, lo que se dice puta, no lo era (no cobraba) pero caliente como una perra en celo sí que estaba, desde que salí con mi coño al aire y sin bragas esa mañana. No me sentí ofendida porque deseaba que me humillara sexualmente, y no le dije nada, solo agarré su gran bolsa escrotal sosteniendo sus huevos en mi mano, y tirando de ellos con mis uñas pintadas de negro, acercándolo a mí; hasta que su polla choco con mis labios pintados de rojo, bese su miembro, "olía a polla sudada", pero no me importó, —eso que soy exigente en la limpieza—, pero las ganas en ese momento eran muy grandes, y en lugar de darme asco la chupé entera, engordando esa polla del todo en mi boca. Agarró después mi cabeza con las dos manos, y me dilató la boca con su miembro, ¡dando embestidas como un bárbaro!; luego se paró en seco con la polla dentro de mi boca (sentía su calor llenando mi oquedad), ¡y se corrió de golpe! Noté toda mi boca pegajosa, ¡que semen más espeso!, me lo tragué todo como un manjar y mordí su polla un poco, como señal de satisfacción.

Besé a Teresa y nos dimos los teléfonos, también besé al que se corrió en mi boca, y me despedí de la otra chica sentada en el sofá, que estaba como enfadada, me ajusté la falda a la cintura con mi chocho recién lavado y diciéndoles adiós me marché.

En el trabajo, sentada en mi pequeño escritorio me sentía la mujer más feliz del mundo, por haber dado rienda suelta a mis sentidos. Medité sobre si había estado bien o no dejar un novio guapo como Borja por ser aburrido, y dedicarme a tener fantasías con gente nueva, dando rienda suelta a mis deseos, y me dije que sí, ¡qué coño!, ¡que esto son dos días!, y voy a vivirlos a tope,

—Fin—

© Isabel Nielibra 2017

 


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