Las Vueltas del Destino. parte 2

Por cristylove
Enviado el 08/01/2017, clasificado en Drama
308 visitas

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Capítulo VI

La Huída. 

Sofía ya casi cumple los 18 años, ha logrado sobrevivir a las humillaciones y malos tratos. Sin embargo ha cometido muchos errores. Está en una relación nociva, su novio es uno de los mala conducta de donde reside. No es que ella no lo sepa sencillamente trata de evadir su triste realidad con la persona menos indicada. Estudia enfermería gracias a su tío Manuel. Sólo espera graduarse para volver a su casa. Carlos su novio, no sabe sus planes. Siempre habla de un negocio que le dará el dinero para fugarse juntos. Ella le sigue la corriente. En el fondo sabe que él y ella no tienen futuro. Sólo disfruta del sexo salvaje y pasional que le brinda. Por lo demás no tienen nada en común. 

Una noche mientras dormía, sintió las caricias de unas manos ásperas. Cuando despertó. Le taparon la boca hasta ahogar sus gritos. Se resistió, peleó hasta que al fin con la pierna atacó a su agresor en la entrepiernas dándole fuerte en sus partes innobles. En la oscuridad no pudo ver su rostro, pero estaba segura de quien era. Su primo José que tendría unos 38 años y era un parásito sin trabajo, siempre tenía la sensación que la mirada de manera lasciva y sádica.

En la mañana estaba desayunando como si nada hubiera pasado. Pero no perdió la oportunidad de decir en voz alta: Anoche un animal se subió a mi cama, de seguro fue "Loquillo" el pobre debe estar adolorido de la patada que le di. -Todos la miraron. Su tía le reclamó por haber golpeado al perro.  José nunca levantó la mirada. Ella se acercó y le dijo al oído: la próxima vez, te mató asqueroso. Era un hecho, tendría que huir de esa casa. Luego de un año. Se fue una noche. Más nunca supo de aquellos infelices. 

Capítulo VII

El Regreso.

Luego de terminar sus estudios de enfermería. Sofía regresó a su pueblo natal. Lo primero que hizo fue ir al cementerio. Necesitaba hablar con sus padres y decirle que le hicieron mucha falta. Que había regresado para no irse más. Después se apareció en la casa de su tío Manuel. Le abrió un guapo chico de unos 25 años. 

Él no la reconoció por supuesto. De aquella niñita no quedaba sólo el recuerdo guardado en su memoria. Ella era una mujer, no muy alta pero si con unos hermosos ojos, de piel morena y el cabello corto con unos reflejos dorados. Pero su padre Manuel al verla en la puerta la reconoció de inmediato. Le dijo: ¡Sofía, hija! Tanto tiempo, tienes los mismo ojos que tu padre, que en paz descanse.

La invitó a pasar. Sofía le contó lo que había pasado en casa de su tía. Manuel no daba crédito a lo dicho pues siempre supo por su tía que todo iba bien. Lamentaba no haber podido ayudarla. La llevo hasta la casa de sus padres donde se instaló. De ahí en adelante todo mejoró para Sofía. Había podido conseguir una vacante de enfermera debido a sus buenas calificaciones y una carta de recomendación del director del Hospital donde hizo su pasantías. Sofía al fin había llegado al lugar donde fue feliz aunque brevemente. 

Capítulo VIII

El visitante. 

Sofía ya tiene 5 meses trabajando en el hospital. Aunque se encuentra bien, aún sufre pesadillas. Y recuerda que abandonó a Carlos sin decirle nada. En fin sólo era sexo y nada más, una droga para evadir la realidad. Estando de guardia nocturna. Una de sus compañeras le avisa que alguien la espera en recepción. Era Carlos con su cabello negro despeinado como siempre y sus hoyitos sensuales en las mejillas. Al verla le sonrío y le dice algo desconcertado: ¡Es aquí donde te escondes! Llevo casi un año sin saber de ti. Ella le sugiere que salga y la espere unos minutos. 

Al rato se sientan en unos de los bancos de los alrededores del hospital. En la cara de Sofía se muestra que la sorpresa no es nada grata. Hablaron largo rato. Él no quería dar por terminada la relación. Siguió viviendo al pueblo. Siguió insistiendo pero Sofía siempre sostuvo su negativa a seguir juntos. Meses después no regresó más. Sólo le enviaba mensaje para saber como estaba.

Capítulo IX

Romance en puerta.

Ya lleva casi dos años que abandonó la casa de su tía Leticia. Le ha ido bien. Nada fuera de lo normal. Ni ningún visitante inesperado. Sólo su trabajo. Y visitar con frecuencia la tumba de sus padres. Como joven alegré le gusta divertirse, otra cosa en que se parece a su difunto padre. Pero esto es un pueblo chico y no hay mucho de donde escoger, salvo el Club de "Los Tres Gallos" que debe su nombre a una antigua gallera donde apostaban en peleas de gallos. Algo realmente cruel para Sofía. El nuevo dueño conservó el nombre pero ahora era un lugar con karaoke, donde podías conseguir las cervezas más frías de lugar, además de otras bebidas alcohólicas. Siempre los sábado hay grupos musicales de la región, ya sean de salsa, música criolla( joropo, tambores, fulias) , reggaeton (muy pocos) y otros.  Estando en la barra con algunas compañeras. Apareció un hombre, se sentó a su lado y les dijo muy cortés : - yo invito esta ronda chicas, si me dejan hacerles compañía les invito las otras rondas. Por supuesto aceptaron, pero el estaba interesado en Sofía. Ella le sonrío. Era Joaquín el hijo de su tío Manuel. Desde ese instante se hicieron muy amigos, e incluso algo más que aún Sofía no identificaba o no quería dar por hecho. Al menos no tan pronto. 

Capítulo X

Acepto.

Muchos paseos, largas conversaciones, muchísimos mensajes y llamadas. Dieron  sus frutos al menos para Joaquín que conquistó a Sofía al igual que él padre de ella lo hizo con su mamá Paulina. Pero aún había que decirle a Manuel y ella no quería que su tío viera su relación como un inconveniente. Al final todos en la familia de Joaquín estaba de a acuerdo con su romance. Pero pasaría un largo tiempo para que Sofía aceptará casarse con el. Ella no tenía ningún apuro. Lo amaba y eso no cambiaría. Joaquín tuvo que seguir llevando serenatas, mandando chocolates, colocando carteles de propuesta matrimonial en el hospital. Hasta que luego de año y medio, vestida con un hermoso vestido corto de color rosado del brazo de su tío Manuel, llegará al altar junto a él, un 23 de diciembre y dijera: ¡Si, acepto! 

 

FIN

 


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