YO VI LA "LUZ"

Por franciscomiralles
Enviado el 10/01/2017, clasificado en Cuentos
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Recuerdo que al final de una tarde cualquiera del año 2.014, al salir de las oficinas de una

empresa de productos químicos en la que trabajaba, como se me había averiado el coche no

tuve más remedio que tomar el tren de Rodalías en la estación de Plaza Cataluña pera ir a mi

casa que estaba situada en una población del litoral.

Y una vez que éste hubo llegado, al subir a uno de los vagones me acomodé en un

asiento del mismo que estaba libre. Mas en un momento determinado se sentó enfrente de mi

una joven morena, de estatura mediana que rondaría los veinte años de edad, la cual iba

acompañada por un grupo de chicos y chicas de su misma generación.

Esto no tendría la menor importancia si no fuera porque aquella fémina de súbito llamara

la atención de los demás pasajeros que habían a su alrededor, quienes se mostraron muy

extasiados, y desconcertados ante su presencia.

En efecto. Lo más insólito de aquella mujer era que no tan sólo tenía una incomparable belleza

física, sino que por encima de todo ésta irradiaba de lo más profundo de su alma una especie

de luz que se reflejaba armoniosamente en sus ojos negros, confiriéndole a la vez tal

majestad que por lo que me contaron a hurtadillas sus amigos, cuando ella acudía a algún

lugar público los conserjes y guardias de seguridad enseguida le cedían el paso como si de una

princesa de un cuento se tratara.

Confieso que yo que he tenido fama de seductor y que he conocido a un sinfín de mujeres de

toda índole y muy hermosas a lo largo de mi vida, también me sentí completamente cautivado

por la belleza, por la radiante aura que aquella joven desprendía, ya que a pesar de mi

racionalismo, y de mi esceptismo respecto al etéreo mundo espiritual tenía la extraña sensa-

ción que ella pertenecía a otra dimensión espaciotemporal mucho más sutil que la nuestra,

puesto que ni tan siquiera las más rutilantes actrices del Séptimo Arte eran así.

- ¿Sabes? Debes de andar con cautela. En esta vida hay mucha gente depredadora que

siente envidia de la positividad, de la nobleza de las personas que son como tú y tratarán de

perjudicarte - le dije a la chica llevado por un espontáneo instinto de protección.

- Sí, ya lo sé - me respondió escuétamente.

Pronto llegué a mi destino, y al cabo de pocos días de aquel singular viaje en tren, en una

soleada mañana que tuve que ir a Badalona para hacer unos recados, al cruzar la Plaza del

Ayuntamiento, me encontré casualmente con aquella beldad que en aquella ocasión iba sola, y

como es de suponer mi corazón empezó a palpitar aceleradamente.

-¡Hola! ¿Qué tal estás? - la saludé acercándome a ella, y con la máxima familiaridad de la que

era capaz-. ¿Te acuerdas de mi?- le pregunté.

-Estoy bien. Y sí que te recuerdo. Eres el hombre del tren - expresó la joven con su luminosa

sonrisa.

Como al parecer no esperaba a nadie, sin dejar de sentirme subyugado por su mágico influjo,

se me ocurrió invitarla a tomar un café en cualquier bar con el objeto de conocerla mejor.

¿Quién era realmente aquella mujer? - seguía preguntándome intrigado.

Para mi asombro, la chica accedió a mi invitación sin ninguna reticencia, con generosidad.

- Eres estudiante. ¿No? - quise saber mientras caminábamos.

- Sí. Estudio Historia del Arte - me respondió con una voz cristalina.

Entonces instintivamente la tomé de una mano. Mas la joven se giró hacia mí y me lanzó una

prolongada mirada, por lo que yo temí que me soltara algún improperio por mi atrevido acto.

Sin embargo ella hizo algo inaudito que me dejó totalmente anonadado, y que se apartaba de

lo que yo había experimentado hasta aquel instante. Me abrazó de un modo tan efusivo que no

pude evitar de sentirme conmovido; pero al mismo tiempo aquel afectuoso gesto me dolió en

lo más profundo de mi conciencia, porque de súbito me reveló hasta que punto no nos damos

cuenta de que vivimos inmersos en una espiral social tan hostil que anteponía lo

material; el poseer egoísta, a la íntrínsica razón del ser de cada cual en el que va implícito el

sentido del saber dar, del saber escuchar, y del saber comprender.  

 

por encima de 

 

 


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