Condena Tardía Parte 1

Por cristylove
Enviado el 10/01/2017, clasificado en Intriga / suspense
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Capítulo I

Miró por la ventana y la observó. Lo primero que viene a mi mente es las largas noches de pasión que disfrutó a escondidas con su muy fogoso esposo. Mi fachada de asistente o asistonta al caso es igual me facilita la situación. Aún está sentada en el jardín. Ella es increíble, es excelente persona, altruista, inteligente y confiada. Aún sigue afuera y Ezequiel sigue jugando con mis pantaletas en la boca mientras yo estoy de pie en la ventana de su despacho. No puedo creer como no se de cuenta de lo que pasa en sus narices. 

En ocasiones algo parecido al remordimiento me carcome pero su efecto efímero lo desaparece instantáneamente. Y ¡Zas! Como si nada.

  - ¡Lorelay, por favor trae el sobre rojo que está en mi escritorio! 

  -Enseguida Sra. Martínez. 

Capítulo II

Hoy es sábado, debo acompañarla al evento de caridad para los niños con hambre. Da asco ver tanta comida en una recaudación que es más falsa que mi castidad. Al menos la Sra. Martínez está al pendiente de los donativos. Sé que van derecho a la Fundación de niños huérfanos porque soy quien entrega la recaudaciones al Sacerdote Elia Fortunato. Estoy super aburrida de ver desfilar hipócritas que cuando ven a un indigente se apartan como si la pobreza se les fuera a contagiar. 

Nos retiramos casi a las 2:00 am. Estoy cansada. Ella sigue tan espléndida que me da pena mostrar el cansancio y me adelantó para esperarla en el auto. Esta noche dormiré en la residencia de la Sra. Mañana debemos contabilizar para hacer luego en la tarde entrega de lo recaudado. 

Ya en la habitación dejó la puerta sin seguro. Ezequiel acostumbra a llegar luego que las pastillas para dormir hacen efecto en la señora. 

Capítulo III

Ezequiel ha salido de viaje de negocio. Será un fin de semana tranquilo para mi. Últimamente su pasión está al máximo, lo que provoca en él algunas indiscreciones y temo que seamos descubiertos. 

  - Lorelay, por favor. Traeme la medicina para la tos. Aprovecha y sirve una taza de té para las dos. 

  - Como diga señora. -Me dirijo a su habitación por la medicina y luego a la cocina. No tardó mucho y entró en su despacho. Tomamos el té juntas y ella me dice:

  - Creo que Ezequiel, tiene una amante.

  La aseveración me cae como un balde de agua helada, por momento siento que tiembla mi voz pero luego le respondo con serenidad.

  - ¿Por qué piensa eso? Tal vez son ideas suyas. 

  - No lo creo, puedo asegurarte que mi esposo me es infiel. 

  No tengo palabras para tranquilizarla. Me siento una cínica de las peores. Al final de cuenta no quiero quitárselo. Es sólo diversión sexual y nada más. 

Ella me observa como si me desnudara el alma. Trató de esquivar su mirada. Entonces le digo:

  - Sabe. Estoy segura que el Sr. Martínez la adora. Tal vez usted está imaginando cosas. Si desea puedo llamarlo para que se sienta mejor.

  Pero ella me dice que no es necesario. Ya es tarde y la llevo a su habitación. Colocó la silla de rueda a un lado de la cama y me retiró a la habitación de al lado. No sin antes decirle que si me necesita me llame de inmediato. 

Capítulo IV

Ha pasado una semana. Ezequiel ha regresado del viaje. Al ver a su esposa la abraza y besa efusivamente. Le da un bello ramo de rosas y la acompaña al jardín. Pasan la tarde juntos mientras yo me ocupó de algunos documentos en el despacho. En eso que revisó los papeles del seguro médico. Tropiezo con el testamento de la Sra. Martínez. En el mismo está estipulado que al fallecer toda su herencia pasará a manos de Ezequiel. Sin embargo el testamento tenía otra estipulación que decía que de comprobarse la infidelidad de su marido, la herencia sería dividida en 50% a su asistente, 25% a la Fundación de niños huérfanos y el 25% restante a Ezequiel. No podía creer que estaba incluida en el testamento. Que haria. Si descubre la infidelidad se irá todo al diablo. Pero si él es descubierto con otra amante. Cobraría parte de la fortuna. Por un momento deseé que fueran ciertas las sospechas de la señora. Claro que era cierto.

 


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