Jugar El Juego (Parte Final)

Por EM Rosa
Enviado el 04/03/2012, clasificado en Ciencia ficción
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-          ordenarlos por orden alfabético, Palace, Queen, Royal, Savage y tomando los números a una misma hora apostando siempre la misma cantidad de dinero. Por lo tanto era absolutamente conciente del daño que ocasionaba. -

-          Bien – Dijo Rack. – Ya saben que es un delincuente. ¿Puedo llevármelo?. – Madi sonrió meneando la cabeza.

-          No tan deprisa. Dígame una cosa: ¿Pueden ambos viajar con el mismo aparatito?. – Rack lo miró inquieto.

-          Pues… Si, podemos. – Madi sonrió como aliviado.

-          Bien, entonces uno de los chismes quedará aquí. – El rostro de Rack se llenó de alarma.

-          ¿Esta usted loco?. ¿No se da cuenta del desastre que puede provocar en manos irresponsables?. ¿O acaso no lo ve?. – Terminó de decir en obvia alusión a Sam.

-          Por supuesto pero deberá confiar en mí dado que el artilugio quedará bajo mi custodia. Si por alguna razón se les ocurre amenazarnos, y hablo de aquellos que vivimos bajo este plano  temporal, les enviaré algo que produzca una paradoja en vuestro propio plano. De esta manera tendremos las cosas equilibradas. Hemos descubierto sus secretos y esto puede que fastidie los planes de algún energúmeno de entre su gente. –

-          Su vida no valdrá nada en cuanto se difunda que posee semejante tecnología. –

-          ¡Oh!, eso déjemelo por mi cuenta, he salido de peores. –

Rack luchaba consigo mismo pero sabía de hombres y reconocía en Madi a un tipo inclaudicable. La captura de Haigh, o sea Sam, bien la valdría una disculpa por el transportador perdido, o no, ya inventaría algo.

-          Bien. – Farfulló Rack entre dientes. – Les doy el de él. – Dijo señalando a Haigh. Madi lo enfocó con ojos risueños negando con el dedo índice.

-          No, no, no. El que quiero es el suyo. -

-          Pero, ¿por qué?. – Reaccionó airado Rack.

-          Porque se que a usted le han dado un aparato que funciona perfectamente. El de Sam, ¿Cómo puedo saberlo?. –

Rack pensaba furiosamente. Sabía que el transportador de Haigh se inutilizaría en pocos minutos y se enfrentaba al peligro de quedar atrapado en esta época para siempre. Era por eso que sabía que la captura de su perseguido sería cuestión de tiempo.

-          ¡Está bien, está bien!...Acepto. - Exclamó desesperado.

Ambos fueron amarrados juntos y se le proveyó a Rack el aparato de Haigh. La maniobra fue llevada a cabo por varios hombres y con mucha cautela en función de la potencial peligrosidad de Rack. Este último, luego que todo estuvo dispuesto, operó el aparato y ambos simplemente se esfumaron en el aire.

Con los ojos desmesuradamente abiertos todos habían acudido a algo fuera de la comprensión colectiva y Olmos buscó con la mirada a Madi pero no lo encontró. Lo alcanzó a divisar por el vano de la puerta del baño saliendo del edificio. Inmediatamente salió del recinto con un  trote corto. Ya en el exterior, lo encontró sentado en un banco del precioso jardín del Casino mostrando una actitud apesadumbrada. Al llegar junto a él sus facciones estaban llenas de admiración e intriga.

-          ¡Es usted increíble!. ¿Cómo pudo imaginar algo así?. – Madi lo miró con una triste sonrisa instalada en su rostro.

-          He leído muchas novelas baratas, no fue gran cosa. – Olmos no lo podía creer.

-          ¡Es usted increíble!. – Repitió. – Será acaudalado después de hoy, pero…No se lo ve feliz. ¿Qué le pasa?. –

-          ¿No se da cuenta?. – Le preguntó Madi. Olmos lo miró muy confundido.

-          No…No me doy cuenta… ¿De que?. –

-          Pues que en doscientos años la gente habrá cambiado muy poco. He perdido la fe en el futuro.

A Olmos se le borró la sonrisa de la boca.


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