A veces

Por Amarillo
Enviado el 11/01/2017, clasificado en Amor / Románticos
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A veces pasión desconocida, a veces amor desmesurado, a veces sexo, a veces vergüenza, a veces celos, a veces deseos ocultos… Pero sobre todo casualidad, fuimos una completa casualidad, una de esas que te demuestran que nunca es tarde, que en todo malo hay algo bueno y que a veces la espera merece la pena. Muchas veces lo que no se planea acaba siendo mil veces mejor de los esperado. Se podría decir que nuestra casualidad fue una de las mejores cosas que tuve y he vivido porque  hecho la mirada atrás y los recuerdos  tuyos están llenos de colorido, quedando en un segundo plano aquellos momentos grises de mi vida, centrándose en ti, solamente en ti…

Porque el amor como la vida, son casualidades. Mejores o peores pero casualidades. Y estas son presentadas en momentos, momentos únicos. Con nuestras perfecciones e imperfecciones nosotros teníamos un momento único, no el mejor, sino único.

-¿Y cómo era ella?- Ella era una historia muy complicada, pero a mí me gustaba lo complicado. Sin querer dejé caer una lagrima entre mis rugosas manos, ella simplemente fue el amor de mi vida y mis sentimientos estaban sin duda reflejados en aquella lagrima.- ¿Estas bien abuelo?- Si, respondí rápido y contundente. No quería que nadie se preocupara por mí. Todo se derrumba por momentos, o mejor dicho, me derrumbo. Intento mantenerme fuerte, que nadie note como realmente estoy o cuanto me llega a doler todo esto. Me prometí que lo único que quería era hacerla feliz, pero ahora tengo que ir a contracorriente, pensando lo menos posible en ella y aceptando que ya no seriamos nada.

  Ella estaba loca, loca de remate y sin querer, directa o indirectamente me volvía loco a mí. Sin duda todo me gustaba de ella, sus defectos en numerosas ocasiones se convertían en perfecciones únicas.

La tía salía de fiesta, se reía, bebía, bailaba… Con todos menos conmigo jajaja, decía que era demasiado hombre para ella, pero ella no sabía y quizá yo tampoco, que lo era todo para mí, era enorme. Nos encantaba pelearnos por bobadas, porque luego, decíamos, lo más bonito de las discusiones es la reconciliación. Pero hubo un día que no llegó la reconciliación. Nos levantamos la voz uno a otro, echando en cara todos los errores cometidos, ¿Para qué? Se fue desdibujando la sonrisa que ambos teníamos al principio, convirtiéndose en una absurda batalla de “y tus”. Y yo… bueno, ya no la volví a ver.

-¿Rompiste con ella?-; - Ojala hubiera sido así, después de esa discusión, fue atracada y asesinada violentamente.

En ese momento tuve la sensación de que ella nunca se fue, la sensación de tristeza se fue marchitando y se fue convirtiendo en momentos de alegría; sobre todo porque lo que aprendí de ella, lo que me dio, sigue dentro de mí. Momentos llenos de recuerdos sobre su hermosa o nuestra canción, aquella que sin querer sonaba en mi mente, esos eran los recuerdos llenos de color que ella me producía. Porque nuestro amor fue uno de esos amores libres, perdidos en cualquier rincón, de esos que te hacen volar.

Amarillo


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