Los Cambios Y Los Anacronismos (Parte Uno)

Por EM Rosa
Enviado el 04/03/2012, clasificado en Ciencia ficción
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La lujosa oficina mostraba a los dos hombres solamente separados por el estrecho pero bello escritorio. Acababan de encontrarse hacía solo unos instantes y se preparaban para una larga entrevista. Básicamente se trataba de una operación de negocios donde de un lado estaba un potencial comprador y del otro un consumado vendedor. El hombre que se hallaba del lado donde se encontraba el sillón mas cómodo y moderno era un alto ejecutivo de ventas de “Micro-Robótica & Co.”, empresa especialmente dedicada al reemplazo del hombre por unidades cibernéticas autónomas que triplicaban la producción bajando diametralmente los costos. Frente a sí tenía a un colega, también perteneciente a una empresa líder, pero perteneciente a la sección Compras de su empleador, que lo había enviado para enterarse de los servicios que Micro-Robótica ofrecía. O eso se creía. Es que las tres primeras décadas del tercer milenio no mostraban mucha diferencia con los últimos años del Siglo XX. Transcurridos ya tres años del año 2030 la miseria y la desocupación a manos de ingenios automáticos se había profundizado agudamente.

Para agravar lo ya expuesto, superado el año 2000, la especulación financiera y los mercados de valores dejaron al mundo en manos de tres o cuatro pequeños grupos económicos voraces e inescrupulosos que sembraron la desolación allá donde pusieron sus manos.

El control de la economía mundial estaba entonces determinada por unos pocos cerebros tecnocráticos que poco o nada les importaba las verdaderas necesidades de aquellos a quienes doblegaban. Sus mentes gobernadas por los números solo sabían de negocios.

Esto, por supuesto, no podía redundar en nada beneficioso para nadie en el largo plazo pero no obstante esto a nadie parecía importarle mucho o, por lo menos, a aquellos que amasaban fortunas a merced de la miseria mundial. El hombre ubicado en el sillón más cómodo sonrió ampliamente.

- Sr. Frenzi, no pudo elegir usted mejor, pues dentro del mercado somos los que mejor automatización estamos ofreciendo. Nuestros sistemas robotizados son los mejores del mercado y dentro de muy poco... –

 - No se gaste en ceremonias conmigo, Sr. Quegn, solo soy la máxima autoridad en compras dentro de la empresa y para nada ocupo un cargo directivo dentro de la misma. Solo fui enviado aquí para chequear vuestras prestaciones y compararlas con otras ya visitadas. –

- Pues para mi el caso es el mismo.- dijo el aparatoso ejecutivo con un dejo de decepción a partir de los dichos del otro.- Me empeñaré con usted de la misma manera que si fuera el principal accionista de su empresa para mostrarle las virtudes de los sistemas que diseñamos. –

- Virtudes que para mí en lo particular no lo son tanto, Sr. Quegn. No se si le interesará pero mi filosofía de pensamiento en cuanto al reemplazo del hombre por la máquina no son precisamente favorables. – El ejecutivo quedó totalmente perplejo.

- No...No lo entiendo. –

- Pues por poco que piense lo entenderá. Imagine usted un hombre que durante años se desempeña en una tarea simple o compleja en un determinado ámbito. De pronto le dicen que tiene que irse, que su actividad será cubierta por una máquina o robot o lo que cuernos sea. Este hombre cargará a sus espaldas no solo la frustración de ser desalojado de su labor por una masa metálica sino que deberá pensar en una reinserción en otro ámbito para poder ganar su sustento, empresa harto difícil en estos tiempos en que la ofertas de seres humanos es tan vasta. Si por unos de esos milagros logrará su propósito deberá tener en cuenta que quizá su situación de alivio solo durará hasta que alguna otra máquina lo reemplace. Si esto sucediese el ciclo volverá a repetirse con el agravante de la carga de años adicional transcurrida desde su primer despido. De esta manera, ahora más viejo, su reinserción en el campo laboral será infinitamente más difícil y así seguirá hasta que la posibilidad quede reducida a cero. Comprenderá usted entonces que el destino de este hombre y su posible familia es el hambre o al menos, la marginalidad y la miseria. –

- Permítame decirle, caballero, que sus dichos son innecesariamente dramáticos y que tiene usted una visión bastante acotada de el tremendo bien que las computadoras vienen haciendo al mundo desde hace ya casi mas de un siglo. Las máquinas solo dicen: “Denme a mi el trabajo pesado. Ustedes solo piensen y disfruten”. –

- ¿Quiere usted hacerme ver que las personas que no pueden ganarse el sustento disfrutan como locos de su situación?  . –


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