Patricia (Parte Dos)

Por EM Rosa
Enviado el 04/03/2012, clasificado en Ciencia ficción
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-          Así es. – Afirmó Ferr contundente. – Y esta tarde podrán ustedes mismos comprobarlo. Es mi misión que abandonen la empresa sin dudas de ningún tipo, y siempre cumplo con mis misiones de cabo a rabo. –

El estupor era total. Nadie creía que Ferr estuviera alardeando o, peor aún, mintiendo. Estaba lanzando un producto al mercado desde una extraña pero seria corporación, nada había para reprocharle a Tec Sistemas desde lo formal o legal. Ferr continuó.

-          Patricia rompe con todos los esquemas de lo que hasta hoy se concibió como cibernética dado que no es un computador. Quién en el futuro decida comprar una Patricia deberá considerarla como un integrante de la familia y no como un bien electrodoméstico, corrijo, foto doméstico, dado que Patricia no funciona con electrónica sino con “Fotónica”. –

-          ¿Cómo es eso…?. – Preguntó alguien del auditorio.

-          No puedo revelar detalles pero lo que si puedo decirle es que el funcionamiento mineral del cerebro de Patricia no funciona con desplazamiento de electrones sino de fotones. Esto hace que el sistema funcione unas cien veces más rápido. Esta es una de las innovaciones del sistema, no la más saliente, pero si muy digna de mencionar. Un sistema electrónico no hubiera sido capaz de procesar la enorme cantidad de datos que requiere el pensamiento y el raciocinio, hubiera paralizado al sistema por su lentitud. –

A estas alturas el estupor del público era mayúsculo. Ferr ofreció una amplia sonrisa de dientes perfectos a su público. Era un hombre de aspecto agradable y entrador, una de esas personas a las que uno jamás agrediría ni incomodaría de modo alguno. Poseía una modesta capa de cabello blanco sobre su cabeza ovalada. Mostraba una piel bronceada y lisa donde destacaban unos ojos rasgados de intensa negrura. Su boca de labios fino parecía estar siempre ofreciendo una tenue sonrisa y su breve y fina nariz  se ubicaba apenas por encima de su boca. Su estatura arañaba el metro ochenta pero no parecía desbordar dicha medida. Su cuerpo era delgado pero armónico y proporcionado.

  - Pero creo que ya les he aburrido bastante con mi charla, es hora que conozcan a Patricia. – Dicho esto, Bruno Ferr se esfumó en el aire ante la mirada atónita de dos mil pares de ojos. Más concretamente lo que sucedió es que la imagen de Bruno parpadeó imperceptiblemente un par de veces y al segundo siguiente el hombre ya no estaba sobre la tarima. El estupor silencioso se convirtió en murmullo y el murmullo en exclamación, hasta hubo algún que otro aplauso. La voz de Bruno se volvió a escuchar pero esta vez se hallaba situado al fondo del auditorio. Solo los que se hallaban en las últimas filas pudieron notar su presencia. Ferr comenzó a caminar hacia delante recorriendo la sala mientras decía:

  - Acaban ustedes de conocer el sistema de elaboración de imágenes de Patricia. Lo que han visto hasta el momento de su desaparición fue una representación virtual de mi persona. – Extendió su mano hacia una mujer situada en el extremo de una fila.

- Tóqueme, por favor, para que todo el mundo sepa ahora que soy real. – La mujer, obediente, tocó la manga del saco de Bruno. Muchos pudieron ver que los dedos de la mujer tomaban contacto con algo real. Ferr extendió ambas manos mientras seguía avanzando hacia la primera fila para que quien quisiera tocarlo así lo hiciera. Casi todos los que podían hacerlo lo hicieron. Algunos hasta se pararon atropelladamente para lograrlo. Finalmente llegó al extremo opuesto de la sala y de un ágil movimiento se subió a la tarima. Sacó del interior de su chaqueta una tableta idéntica a la instalada sobre el atril en la aparición virtual pero esta vez se trataba de algo real.

- Damas y caballeros: Les presento a Patricia. – y levantó la tableta hasta la mitad de su cuerpo. La casi ofensiva simplicidad del objeto que se estaba mostrando desconcertó a todos.

- Buenos días. – Recitó una sensual y atractiva voz de mujer joven. El sonido reverberó suavemente en las paredes de la sala y era imposible determinar la fuente de origen. Patricia continuó:

- Mis sistemas parlantes poseen micro pantallas reflexivas de configuración variable. Es por eso que no podrán determinar el origen de mi voz. Claro que esto es determinado por el usuario. Mi configuración actual fue establecida por el presidente Ferr. –

Muchos se miraban desconcertados. ¿Qué hacer ahora?. ¿Debían preguntar directamente a la máquina?. Como si hubiera adivinado la situación Patricia declaró:

-          Estoy dispuesta a responder cualquier pregunta que deseen siempre y cuando no viole mi propio código de confidencialidad empresarial. –

Un bosque de brazos se levantó al mismo tiempo. Patricia pronunció un número de ubicación escogido al azar.

-          Soy Raidmon Patrick, del Scientific Herald. – El español del ciudadano ingles era imperfecto pero legible. - ¿En que se basa su raciocinio?. – Patricia respondió de inmediato.

-          Como todo ente pensante la razón se desarrolla con el conocimiento. Si bien podríamos definir al razonamiento como la lógica aplicada al contexto, mientras mejor se conozca dicho contexto mejor se podrá aplicar la razón. – Patricia dio por contestada la pregunta a pesar de que el ingles amagó con repreguntar y citó otro número de locación.

-          Soy Emilio Wash del Instituto Científico Bogard de la Universidad de Venezuela. Soy científico en jefe del área de desarrollo cibernético y me niego a pensar que algo diseñado por el hombre pueda pensar. Quien piensa, siente, se emociona, sufre y multitud de otras cosas que una máquina no puede hacer. – Patricia mantuvo un breve silencio. Luego preguntó:

-          ¿Tiene algo para preguntar?. – La frase de patricia dejó descolocado al científico.

-          Pues… sí. ¿Cómo me demuestra una máquina la capacidad de pensar y razonar?. –

-          En principio, no soy una máquina. – La respuesta dejó helados a todos. – Soy un Complejo De Inteligencia Aplicada, definición que no hace realmente honor a todas mis capacidades. Me defino a mi misma como humanoide. – Una sonrisa socarrona se dibujó en el rostro del venezolano.

-          ¿Así?... ¿Y que le falta para convertirse en humano?. –

-          Un cuerpo biológico. – Fue la simple respuesta de Patricia. Luego citó otro número de locación.

-          Soy José Nimio, corresponsal del Boletín Científico Nacional de Ecuador. Usted relacionó el raciocinio con el aprendizaje, con el conocimiento del contexto. ¿esto quiere decir que las patricias aprenden?. –


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