Algo extraño

Por Alexandre Ferro
Enviado el 11/05/2013, clasificado en Adultos / eróticos
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Acabo de llegar del Marineda.Fui allí a mirar unas cosas y a comer de paso y me sucedió algo extraño, muy extraño. Salía del decathlon y volvía al parking por las escaleras exteriores. Cuando yo bajaba, una chica, muy guapa, de pelo ondulado y negro como el azabache, se me quedó mirando y yo me quede mirando para ella, o no sé si fui yo el que la miró y ella se me quedó mirando. El caso, es que nos cruzamos las miradas un buen rato y nos sonreímos, luego tuve la desfachatez de mirarle el culo. Llevaba unos vaqueros ajustados, y dios mío, que belleza, me quedé clavado. Lo cierto, es que me fui para el coche, a dejar lo que había comprado en el decathlon, e iba pensando por que no fui detrás de ella y la invité a un café. Estaba seguro de que yo le había gustado, lo noté en su mirada. Y ella a mí, me encanto, además tenía algo que me dio cierto morbo, algo en su mirada exhalaba deseo.
Te juro que fui un buen rato sumergido en eses pensamientos. Deje las cosas en el coche y volví al Marineda, seguía con la imagen en mi cabeza, y en mí, mi lívido, se despertó de tal forma, que deseaba volver a encontrármela, de forma fortuita, poder invitarla a algo, y ya te puedes imaginar el resto. También sabía que eso era improbable y que yo tampoco me atrevería ni a decirle hola. Así que decidí dejar de soñar y me dirigí a los ascensores. Estaba en la planta más baja y no me apetecía en absoluto subir todas las escaleras hasta la tercera.
Cuando estaba en la segunda, el ascensor, se paró, y mira por donde, allí estaba ella. Su melena ondula, oscura como la noche y esa mirada y esos ojos. Su sonrisa me hizo sucumbir. La tenía allí, en primer plano, vaqueros ajustados, jersey de punto que marcaba claramente su voluptuoso pecho y un cuello de pico, que descubría un canalillo donde yo deseaba naufragar y perder por la eternidad.
El ascensor llego a la tercera, no pude apearme, no fui capaz, nos mirábamos en silencio, en sus ojos, seguía habiendo ese punto de deseo que me bloqueaba y me enganchaba a ella.
Bajamos una planta, dos, en la primera algo me impulso, no pude más, sé que era una locura, que no tenía que hacerlo, pero la besé, esperaba una bofetada, un grito, el escándalo y la vergüenza consiguiente, pero la besé y ella no gritó, ni pegó, ni se exaltó, ella me correspondió, fijo sus labios carnosos, con más fuerza a los míos, los mordió, besó y acarició con un fuego, que nunca había sentido. El deseo me invadió de una manera, que nunca me había imaginado, introdujo su lengua en mi boca.
Aquello era una locura, bendita locura, sentí como mi sexo, se ponía erecto, el deseo me invadía y no puede evitar acariciar sus pechos. Entonces el ascensor se paró en la planta baja. Nos quedamos mirando un segundo y los dos salimos, directos a los baños. Te juro que aún no creía todo lo que estaba sucediendo, era una sensación extraña, como una mezcla de sabores, nervios, placer, miedo, excitación, deseo, mucho deseo. Parecía como si me hubiera embrujado, pero deseaba hacerla mía, que ría sentir sus caricias en mi cuerpo, sus manos tocándome, tocando mi sexo y yo poder acariciar su cuerpo. Nos metimos en los lavabos de Sras., no había nadie, fuimos al servicio del fondo y allí nos metimos. Volvimos a besarnos, con deseo, lujuria, desesperación. Acaricié sus pechos, por debajo de sus jersey, mu sexo ya me dolía apretado en mis vaqueros ajustados, parecía que me iba a reventar, empecé a desabrochar sus pantalones. Ella empezó a acariciar mi sexo, me dolía, como la deseaba, deseaba sentirlo dentro de ella. La puse de cara a la pared, me agarré con fuerza a su pecho, lo sentía, grande, voluminoso, acariciarlo, me excitaba aún más, si es que era posible excitarse más. Ella seguía acariciando mi miembro, con habilidad se deshizo de los botones de mi pantalón y cuando me día cuenta, la presión que sentía se fue aliviando, pero el deseo de sentir mi sexo en el suyo, fue en aumento. Con cierta habilidad, desconocida por mí, logré bajar al mismo tiempo sus vaqueros y las bragas azules, que llevaba puestas. Aquellas hermosas nalgas estaban ante mí, las apretá con fuerza, las acaricié con deseo. Entonces ella se movió ligeramente, se puso en posición, indicando claramente que deseaba que la penetrara, me acerqué a ella, y con cuidado, fui introduciendo mi sexo, lentamente, con suavidad, sentía como me recibía aquella inundación de placer. No recuerdo haber sentido tanto placer, empecé a embestirla una y otra vez con más fuerza, notaba como se retorcía de placer y eso aún me excitaba más, hacía que la deseara más, y que la golpeara con más y más fuerza. Sentí como llegó al orgasmo y ella sintió como yo me vacié en ella. Se dio la vuelta, me miró, allí estaban esos ojos dulces, la mirada más bella que recuerdo. Y su sonrisa me inundó de felicidad, te besé, te besé con fuerza, y te apreté contra mí.
Te dije te amo mi niña.

….y desperté de mi sueño, salí de mi coche y me dirigí a la oficina, sonriendo, más feliz que nunca.
Por un momento, volviste a ser mía.


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