El amor de la niña madura, Novia

Por ClaraEver
Enviado el 18/04/2017, clasificado en Amor / Románticos
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Novia
El corazón es un laberinto complicado en el que las esperanzas adoran adentrarse para luego perderse. Sin importar lo complicada que llegue a ser la situación, ese órgano bombeador de sangre logra aferrarse a cualquier cosa que lo acelere por unos instantes. Luego, cuando todo se desmorona, se detiene como si nunca hubiera latido.
Llegué a la escuela cerca de las ocho de la mañana, estacione mi carro en el espacio más cercano a la puerta del instituto y me quede ahí viendo hacia la nada por un par de minutos. En la cabeza me rondaban las palabras expuestas en aquellos 15 mensajes que habían aparecido en mi bandeja de entrada algunas horas antes. Nicolás había encontrado la forma de apelar a mi sentido de la solidaridad para obtener de mi cualquier cosa que él quisiera, se aprovechaba de la ligera confusión que su presencia me generaba para usar mis habilidades académicas.
Bajé del carro con la determinación de plantarle cara a aquel desastre esa misma tarde. Caminé un par de metros cuando lo vi salir de su camioneta: vestía una camisa azul cielo y un saco gris platinado que combinaba perfectamente, sus jeans perfectamente planchados y sus lustrosos zapatos completaron aquella sofisticada versión de Nicolás.
Me escondí detrás de uno de los automóviles para calmarme antes de que él notara mi reacción ante su maravilloso cambio de apariencia. Nicolás dio vuelta a la camioneta y abrió la puerta del copiloto para conseguir algo con sumo cuidado. Oculto a mis ojos, tomó el o los objetos con una mano y cerró la puerta con la otra. Comenzó a rodear nuevamente su carro, caminando con mucha más prisa que la primera vez, por lo que no tuve que esperar mucho para ver el hermoso ramo de tulipanes rojos que sostenía en la mano izquierda. Mi corazón galopó. Había esperanza.
Las horas de clase volaron una tras otra mientras mi impaciencia por reunirme con Nicolás crecía y crecía. Durante la clase de mercadotecnia mi mente se aventuraba de mil formas posibles a lo que podría suceder en el momento en el que mi tan ansiado amor se decidiera a darme, por fin, la muestra de sus sentimientos. El reloj marcó las 12:45 y apenas la maestra dio por terminada la clase, salí del aula con la velocidad del viento.
Entre a la biblioteca y me senté en una de las mesillas más apartadas a la espera de que el arrinconamiento nos brindara un poco de privacidad. Elegí algunos libros y los coloque de forma que pareciera que mis únicas y verdaderas intenciones eran estudiar. Mis nervios estaban de punta, por lo que decidí que un poco de esparcimiento no me caería nada mal.
A las 12:55 saque mi celular y abrí la red social en la página de inicio, recorría las historias con lentitud, dándome mi tiempo para asimilar cada una: “Juan y Brenda están en una relación” bien por ellos, siempre se trajeron ganas; “Sofía agrego una foto en Ámsterdam” increíble que al fin se haya animado a viajar; “A Mauricio y a 20 personas más les gusta la foto de Ignacio” vaya que Ignacio se ve guapo en esa foto. Y de repente la vi, la imagen que me heló la sangre y los pensamientos: Julia, tan sobre maquillada como siempre, de pie frente a un árbol, con una sonrisa de oreja a oreja y sosteniendo un hermoso ramo de tulipanes entre sus manos.
Casi me atragante con mi propia saliva, mis temblorosos dedos seleccionaron la imagen los detalles se desplegaron hirientes en la pantalla. La publicación se había hecho ese mismo día alrededor de las nueve de la mañana y en el pie de foto ponía “Dijiste que los tulipanes significan amor eterno, espero que realmente sea así”. Mis ojos se llenaron de lágrimas, no por celos o por disgusto, si no por lo estúpida que había sido al tener una esperanza otra vez.
Mire el reloj en el teléfono con la esperanza de que se detuviera para siempre, que los minutos se congelaran y la hora de mi cita con el no llegara. La 1:02 p.m., alcé el petrificado rostro para encontrarme con su cara. Nicolás se paró frente a la mesilla y me sonrió.
-Hola Clara – Dijo al tiempo que estudiaba detenidamente mi expresión - ¿Te encuentras bien?
-Claro, - susurré casi al borde del llanto – solo estoy estresada por las clases de esta mañana.
Se sentó en la silla frente a mí y me observó fijamente a los ojos, le desvié la mirada para no perder la compostura y mantener mi mentira. Por un momento pareció haberme creído pero luego descubrió algo en mí que lo llevo a abrir los labios, pero la pregunta no salió. Fue interrumpida por la espantosa llegada de otra figura.
-Lamento la tardanza amor. – Dijo Julia detrás de Nicolás – Tenia que retocarme el maquillaje.
Me dieron unas terribles ganas de arrancarme la cabeza en ese mismo instante para no oír el parloteo que esa mujer acababa de soltar. Tenía la mandíbula tan apretada que sentía que de un momento a otro mis dientes iban a reventar salpicando de sangre a la bonita pareja, y quería que sucediera.
-Clara, - dijo Nicolás, interrumpiendo mis pensamientos – Julia ha decidido unirse a nosotros a partir de hoy para estudiar, - tragó saliva y le tomó la mano – espero que no te moleste ya que, - dudó un segundo y luego dejo de mirarme – ella es mi novia.
En ese momento el mismo corazón que unas horas antes se había desbocado en latidos de emoción, redujo su ritmo hasta emitir un latido de dolor apenas audible. En ese instante me di cuenta de que en realidad no era tan madura como pensaba, y que las intenciones de Nicolás habían cumplido su cometido.


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