El amor de la niña madura, Fiesta

Por ClaraEver
Enviado el 28/04/2017, clasificado en Amor / Románticos
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Adrenalina.


Esa bendita hormona que recorría mi cuerpo de pies a cabeza y me hacía sentir asustada, pero feliz.
Torrentes de adrenalina viajaban dentro de mis venas mientras me fingía lo suficientemente inconsciente para que Nicolás me cargará hasta mi cuarto en el hotel. También cuando tuve que convencer a mis amigas que estaba lo bastante bien para acudir a una fiesta en un bar a pesar de mi “desmayo” reciente.
En el bar todo se desarrolló de manera un poquito más tranquila. Me rehúse a probar el alcohol por que más temprano había tomado aspirinas, así que me dediqué a divertirme sanamente y en mis cinco sentidos.
No podía evitar observar de vez en cuando hacía la mesa donde se encontraba Nicolás. A pesar de que habían pasado un par de horas, aún podía sentir el suave roce de su mano en mi mejilla y el rápido palpitar de su pecho en mi oído cuando me cargo en el hotel. Parecía un sueño.
Nuestras miradas se cruzaron un par de veces y me pregunte si estaría pensando en mí como yo en él. Mientras tanto, Julia se perdía tanto en sus bebida que ni siquiera notaba que la atención de su novio estaba casi completamente enfocada en tener contacto visual conmigo.
Baile, alcohol, ridículos, expresiones de amor, excentricidad.
Entre tanta ridiculez me pase horas bastante divertidas y entretenidas.
La adrenalina volvió a apoderarse de mí.
Cerca de las dos de la madrugada decidí marcharme, mis amigas aún tenían energía pero yo estaba muerta. Me dirigí a los sanitarios antes de partir y me encontré con Julia enrollando sus piernas alrededor de un tipo. Por un segundo pensé que ese comportamiento era típico de ella, luego pensé en Nicolás.
Salí corriendo. Me saltaba la duda si debía o no contarle a Nicolás sobre lo que había visto ya que, si la misma Julia no nos hubiera interrumpido, él y yo hubiéramos hecho mismo.
Cruce la puerta de salida del bar invadida de pensamientos, paré un taxi. Pero cuando abrí la puerta para subir ya había un pasajero.
-Señorita. – Dijo Nicolás desde el interior del auto – Parece que, contrario a lo que usted dice, necesita ser rescatada por mí una vez más.
-Creo que Julia es quién necesita tu ayuda – esputé
- Sube al taxi, - suspiró – tenemos mucho de qué hablar.


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