UN VIAJE INESPERADO VIII

Por javiervalle
Enviado el 14/05/2013, clasificado en Ciencia ficción
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Pero en ese momento apareció mi padre preguntando que quien era, encontrarme con mi padre 6 años más joven que yo, fue realmente extraño. Antes de poder hablar, mi madre le estaba explicando quien era yo, lo que hacía y porque estaba en su casa, a lo que mi padre, encantado (de librarse de las cenas y baños, aunque nunca recuerdo que lo hiciese alguna vez) me invito a pasar al salón.

El verdadero motivo de ir a visitar a mi familia, no era tanto el hecho de ver a mis padres más jóvenes, ni siquiera verme a mi, de niño o a mis hermanos, era ver a mis abuelos. Una de las cosas que recordé cuando estaba en el colegio contemplándome a mi mismo en la fila y a mi clase es que ese primer lunes, mis abuelos cenaban en casa, para preguntarme qué tal me había ido, y no quería dejar escapar la oportunidad de ver, de hablar, otra vez con mis abuelos, muertos hace ya mucho tiempo, era una oportunidad única en la vida.

Al pasar al salón de mi casa, lo ví allí, sentado en su sillón preferido estaba mi abuelo, con la gafas sobre la cabeza (solamente las usaba para ver de lejos), leyendo el periódico. Mi corazón empezó a latir muy rápido, las piernas me temblaban y note como empezaba a sudar por los sobacos, intentaba que las lágrimas no saliesen de mis ojos, pero era imposible, notaba cierto mareo. Mi abuelo me miro, se levanto y se dirigió hacia a mi.. una voz que parecía muy lejana, perdida ya en el tiempo y en el espacio, pero a la vez, totalmente reconocible, me estaba preguntando algo

-         Está usted bien??, señor está usted bien??

Tenia la boca seca, oí que mi abuelo le decía a mi padre, Miguel trae un poco de agua, éste no está bien…

Bebí algo de agua, les miré y sonreí. Me disculpé

-         Lo siento, debe de haber sido la alergia, en esta época me da.

Los tres sentados, ellos dos mirándome con curiosidad. Mi abuelo me preguntó si nos habíamos visto alguna vez. Claro que si, yo era muy parecido a mi padre, pero más gordo y quizás eso no hizo sospechar a mi madre, pero mi abuelo, que era músico, o había sido músico, tenía un poco mas de sentido tridimensional .

-         Lo siento, no creo que nos hayamos visto nunca, salvo que haya ido usted al ayuntamiento a hacer alguna gestión y hayamos coincidido por el pasillo..

 

Le hice una encuesta a mi padre, sobre ruidos y demás inconvenientes de la M-30, improvisaba, pero inteligente de mí, no había traído ni libreta, ni bolígrafo ni nada para tomar notas, mi padre se creyó la excusa de que pasaba por aquí y había elegido su piso al azar, mi abuelo me miraba con cara de sospecha, había vivido una post guerra y había luchado en el bando perdedor, me figuré que cualquiera que trabajase para el Estado ( lo mismo que decir, para Franco) seria un enemigo para él.

Mi padre llamó a mi hermano mayor para que me trajese un bolígrafo y algo donde apuntar, yo le dije que no se preocupara que tenía buena memoria, pero insistió, para mi, ver a mi hermano con 10 años que tendría en ese momento me hizo gracia más que otra cosa, y más cuando por cumplir, dije, que mono el niño.

Al rato aparecieron mi abuela y mi madre y claro hospitalidad de la época, quédese a cenar, tómese algo, etc.. creo que en mi época si aparece un encuestador del ayuntamiento ni siquiera le abrimos la puerta o sencillamente se la cerramos en las narices.

Así que allí estaba yo picando algo, y en el menú coincidió la tortilla de patatas de mi madre y los boquerones en vinagre de mi abuela, joder que cosa más buena, no me lo podía creer, y sentados en el suelo, como mandan los cánones, estaban mis hermanos y yo, o sea, mi pequeño yo, un miniyo.

Después de la cena-picoteo, empecé a agobiarme un poco, era todo demasiado raro, asi que, decidí que era hora de irme, aunque para que mentir otra parte de mi, no quería, ni de coña, pero no podía seguir allí, me iba a levantar, cuando apareció violeta y surgió de nuevo la canción en mi cabeza

… eres tan fea que en vez de menstruación tenias monstruacion

Al fin, me levante pero con una sonrisa en la cara, mi madre me dijo que quizás mi vahído de antes fue por hambre por la cara risueña que se me había quedado. Me despedí de mis abuelos, a mi abuelo le tuve que dar la mano, aunque desease darle un beso, a mi abuela si le di un beso bien sonoro, les di las gracias y me despedí de nuevo de todos

-         Eh - dijo mi padre- no olvide entregar su encuesta, a ver si nos arreglan lo del ruido.

-         Claro – es lo único que acerté a decir, joder encima les había engañado.

Cuando estaba esperando el ascensor, aparecí de repente, era yo, o sea mi yo niño. Me miró, se acercó y me dio un pequeño soldadito, de esos que tanto me gustaban, me lo guarde en el bolsillo del pantalón. Le revolví el pelo y le dije que fuese bueno con toda su familia. Me hubiese gustado haberle dicho más cosas, pero y si esto no es un sueño?? Cambiaria las cosas en el futuro, no??

No era tarde así que decidí darme un paseo por la zona que había sido mi casa, vi a dos de los porteros que vivían alli cuando yo era un niño, Antonio, un folliman con todas las chachas, no pocas veces le pillaron los señores en su cama con una asistenta, murió relativamente joven de cáncer. Y Lucas, ese nos calentaba las orejas cuando no le hacíamos caso, nos decía que ni se nos ocurriese estar de parloteo en el portal, y si pasábamos de él y nos íbamos a hablar al portal ( que se lo poníamos perdido de cascaras de pipas, todo hay que decirlo) de pronto aparecia, que viene lucaass gritaba uno y toda la pandilla a la estampida, al que le pillase que se preparase, calienta orejas y sino alguna patada en el culo nos caía.

Ahora o sea, en el siglo XXI, pillan a un portero haciendo eso a un niño y se le cae el mundo, lo defenestran y acaba en la cárcel, pero aquí en esta época, se aceptaba y éramos felices, a veces me pregunto si con tantas restricciones, derechos, etc..estamos ganando o quizás todo lo contrario estamos perdiendo.. el tiempo lo dirá, después de esta experiencia, y quitando de la ecuación al dictador, no sé cuando se vivía mejor, la verdad.

Cogí el coche y me fui a casa, me sentía solo y deprimido. Era hora de volver, o era hora de despertar


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