Un día de suerte III

Por Chus Luvi
Enviado el 09/07/2017, clasificado en Humor
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Todas las madrugadas le digo entre bostezos a mi santa que estoy hasta el moño. Seguidamente me giro, volteo la almohada, estiro el cuerpo hasta hacerlo chasquear, y me vuelvo a dormir como un bendito tronco, con una secuencia quasi perfecta de cinco respiraciones cortas, dos profundas y un ligero ronquido que no llega a molestar.

Cinco minutos más tarde el despertador me vuelve a avisar de que soy un afortunado asalariado, y que mi querida "family" agradecerá mi esfuerzo. Y yo le respondo a la fortuna entre bostezos, rascándome a mano llena, a fin de estimular el torrente sanguíneo y mejorar, por ende, la oxigenación de un cerebro reticente a abandonar la placidez del lecho.

En esas maniobras reanimadoras  estoy... cuando empiezo lentamente a vislumbrar figuras en el gotelé  del techo. Claramente puedo  distinguir a una pareja de jóvenes amantes haciendo cosas imposibles, y, al lado, lo que parece ser la cabeza de un toro al que le falta un cuerno. Parpadeo y, en un instante, la pareja ha cambiado de posición y al toro ahora le falta el cuerno contrario. ¡Alucinante!

En 2 minutos, espaciando los parpadeos 5 segundos entre sí,  observo todas las poses del Kamasutra. La pareja es infatigable y guarra de manual, tienen que hacérselo mirar...

Es hora de levantarse, pero despacito, tengo toda la sangre concentrada en el bajo vientre y no quiero marearme. Sentado  en la cama tanteo el suelo en busca de las zapatillas. Las jodidas se desplazan por la noche. Nunca están donde las dejo. Da igual, descalzo hago menos ruido.

Avanzo lentamente hacia el baño guiándome con la luz del despertador que porto en la mano en modo linterna. Sigiloso cual felino completo  la mitad del trayecto sin percance alguno, hasta que un pico salido de la nada decide que no tiene otra cosa mejor que hacer que joderme la rodilla. 

Escucho un sonoro ¡¡CRASH!!… y hago por contenerme. Soy bueno. Pienso en mi santa, en los niños, en mi suegra que duerme plácidamente al otro lado del tabique, en el hámster, y en los vecinos del cuarto, todo ello discurre ante mí  en una décima de segundo.

Y consigo aguantar, creo, el segundo entero. Pero soy  intolerante al dolor desde muy pequeño, así que decido aliviarme y grito. Y ya puestos sin tapujos y con  mala ostia, que soy el hombre de la casa.

ME CAGO EN LA PUUUUTA...

Y tan viril suena que me sorprendo a mí mismo, y lo repito, pero esta vez más suave por no importunar más de lo preciso.

Y entre mis contenidos alaridos y aspavientos  pienso  que debo de tener una fisura gorda, o tal vez rotura, que me exigirá unos días de reposo absoluto o semanas, que nunca vienen mal por eso de desconectar. Y sonrío un poquito, dentro de la desgracia por supuesto. 

Entonces las luces se encienden y veo a mi santa levantarse asustada, y antes de que abra la boca caigo en la jodida cuenta de que no estoy en casa, sino en un hotel, y que las vacaciones las comencé  ayer tarde…

Vuelvo a gritar, pero ahora sin remilgos…

 

 


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