Negro 3

Por SanaLocura
Enviado el 17/07/2017, clasificado en Adultos / eróticos
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-Perdón – repitió otra vez con un sesgo de remordimiento.

-Perdón... ¿por qué?- le contesté.

-Yo no sabía.

-Yo te lo dije- recalqué sin mirarlo.

-Sí, pero creí que estabas jugando,  pensé… no sé… los actores pueden hacerlo a menudo.

-Yo no actúo todo el tiempo: solo en el escenario- mascullé volteándome hacia mi mesa de luz, buscando un Marlboro. Intenté encenderlo pero su mano bloqueó mi gesto y me quitó el cigarrillo de la mano.

-No hagas eso. Menos en la cama-  me reprimió dejando la cajita sobre la otra mesa de luz. Se quitó el forro lleno y preguntó.- ¿Por qué yo?-

-¿Por qué no?

-Porque suelen hacerlo con un noviecito o un amigo o con…

-Eso te cabe a vos también ¿por qué yo?

Emitió una risita ahogada.

-Porque me calentás fácilmente.

-Ídem- le dije sin tapujos.- Ya está, ya fue. Debí imaginar que no me creerías… ¡a mi edad!- Se volteó hacia mi e incorporándose me clavó un Sos mayor de edad ¿cierto? Largué una carcajada larga y nerviosa. Siempre parecí más chica, pero no era para tanto.

-Debemos tener la misma edad- dije sonriéndome, a pesar de todo, lo que dijo era un cumplido.

-No te creo.

Lo miré con desdén; ya dos veces me había impedido hacer mi voluntad: no bebas, no fumes. Y era la segunda vez que ponía en duda mi palabra.

-¿Querés ver mi cédula para quedarte tranquilo?- aullé hecha una furia.

-Buena idea- dijo con una mueca desafiante.

-Traeme mi cartera, la dejé en la cocina.- Se levantó de un salto y tomó el forro usado.

-¿El tacho de basura?

-En el bajo mesada de la cocina- respondí con una sonrisita forzada. Lo vi salir del dormitorio y observé su culo redondo y su espalda interminable. Si no practicaba rugby, yo no me llamaba Mónica. Volvió enseguida y me extendió el bolso, luego buscó su billetera en su pantalón y se acostó a mi lado con su cédula entre los dedos.

-Quid pro quo- dijo extendiéndomela esperando el intercambio. A pesar de todo era graciosa la situación: los dos en bolas y… Miré su cédula, saqué cuentas.

-¡Jodéme!- dije casi gritando sorprendida.

-Eso ya lo hice- contestó riendo y miró mi carnet. Lo vi morderse el labio inferior y respirar hondo. Bufó largamente y, tomando ambas cédulas, las apoyó en la mesa de luz de su lado de la cama. Tardó un segundo eterno en darse vuelta y encararme, apoyándose sobre su flanco y sosteniendo su cabeza con la palma de su mano. Me miró a los ojos largamente, vaya a saber Dios pensando qué cosa.

-¿Satisfecho?- murmuré casi devastada. ¿Era ese el momento en el que Elena solía decirle al tipo de turno ahora vestite y andate? Respiré hondo. -Bueno, ahora…

-Ahora- prosiguió- tenemos varios problemas. Sé que aparento más edad de la que tengo- intenté interrumpirlo pero no me dejó.- Nunca imaginé… me llevás ¿ocho años? Explicame cómo aparentas diez menos...  yo diez más. O mejor aún: ¿Me podés explicar cómo se llega virgen a los 31?- Tragué sonoramente y sentí que mi cara se incendiaba de nuevo.

-No me correspondió con el que quise y no quise con los que sí querían. Fácil. Ah! Y masturbándome, por supuesto- dije casi iracunda.

Se rio con ganas

-O sea que yo vengo a ser  el que te correspondió cuando quisiste, -asentí mientras seguía- un honor inmerecido. Gracias, pero debiste ser más explícita, así la pasábamos bien los dos. Ahora voy a tener que esmerarme el doble- acotó mientras empezaba a tocarme los pechos.

-No entiendo- casi gemí.

-Voy a tener que borrarte mi propio recuerdo.  Porque…  ¿no pretenderás que me vaya ahora sin hacerte el amor? La primera vez no suele ser la mejor y una segunda oportunidad no se le niega a nad…

-Esto es puro sexo, no amor- lo interrumpí riéndome.

-Lo sé. Quise ser un caballero- replicó,- me quedó clarísimo que soy tu objeto sexual, pero te juro que puedo hacerlo mejor- susurró haciendo círculos con un dedo sobre mi vientre

-Lo hubieras hecho antes…

-Shhhhtttt- me calló poniendo su dedo en mis labios. Se incorporó aún más. – ¿Por dónde querés que empiece: por adelante o por atrás?- Sé que desorbité los ojos del susto y carcajeó un buen rato.- Nenita, no te voy a hacer nada que no quieras que te haga, así que te ponés boca abajo. Y no discutas.

Rodé ciento ochenta grados sumisa, sin resistirme, el Negro me traía loca, para qué mentirme. Una segunda oportunidad no se le niega a nadie. Hasta en el tenis se permite un segundo saque, fantaseé. Sentí cómo se ponía a horcajadas sobre mi cintura y sus manos rugosas masajeándome los hombros.

-Relajate- me dijo y noté cómo su lengua dibujaba una linea que iba desde mi nuca hasta el nacimiento de mis nalgas que mordisqueó con ganas. Su boca recorrió mis piernas por entero, luego me hizo poner de costado para seguir torturándome. Sus labios, manos y miembro juntos prodigaban las mejores caricias que había imaginado en mi vida. Ya boca arriba comenzó a chuparme las tetas y los labios alternadamente hasta hacerme flexionar las piernas de tanto placer. Para mi sorpresa, tomó mis manos y empezó a guiarlas por todo mi cuerpo, haciéndome tocar de una forma lujuriosa. Me amasaba los pechos y pellizcaba mis pezones, rozaba apenas mi alfombra con las yemas de mis dedos y gemía mientras me chorreaba para él. Me hizo meter el dedo índice y lo sacó para después chupármelo provocativamente.

-Me voy a acordar de vos así- murmuró mientras con una mano separaba mis labios y con la otra recorría mi rajita con ternura. Aprovechó uno de mis chorros calientes y embadurnó todo a su paso. Finalmente  metió sus dedos dentro de mí para sacarlos y meterlos en mi boca con su lengua. Chupamos todo junto y jadeamos de tanta calentura. Metió sus dos dedos mientras su pulgar adoraba mi clítoris. Estaba tan húmeda que creí perder el conocimiento. Su mano derecha apretaba mis pezones con firmeza y ¡mi Dios, la izquierda hacía magia en mi sexo! Empezó a meter y sacar sus dedos mientras chupaba mi lengua replicando los mismos movimientos que abajo. Y me tuvo así largo rato, un interminable beso de lenguas masturbándome con placer.

-Negro me estás matando-  gemí cuando logré tomar un poco de aire. Ralentó sus movimientos solo para dejarme recomponer un poco. Volvió a comerme la boca sin piedad, y sus manos arremetieron de nuevo contra mi cueva.

-Dijiste que me ibas acabar en la mano- amenazó mientras me cogía con sus dedos gruesos. –Acabá para mí, nena, mojame como nos gusta a los dos- dijo mientras nuestros cuerpos transpirados se pegoteaban entre sí haciendo un sonoro chasquido.

No pude pensar más. Sé que aullé algo obsceno. Me hizo sentir la más puta de todas, eso me fascinó. Arquee la espalda buscando su boca. Sentí cómo acababa cual perra en celo, mi hueco hirviendo apretando repetidas veces sus dedos gruesos Me besó de nuevo y salió despacito dejándome vacía. Me dio a probar de nuevo mis jugos con sus dedos mezclados con su lengua. Después me sonrió y me preguntó.

-¿Estoy perdonado?


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