Negro 4

Por SanaLocura
Enviado el 17/07/2017, clasificado en Adultos / eróticos
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-¿Estoy perdonado o no?- repitió. Me reí un poco, no le respondí. Me tomó de la barbilla y me hizo girar la cabeza para mirarlo. Sonreí apenas. – ¿Estás bien?- asentí con la cabeza. No podía explicarle que me sentía extraña, estaba con alguien desconocido, me había masturbado ricamente delante de él y después él me había hecho una manuela digna de un aplauso cerrado con bombos y platillos.

-Sí, estoy bien, pero fue un poco egoísta de mi parte, todo el placer me lo llevé yo- retruqué avergonzada.

-¿Y quién te dijo que yo no tuve mi parte o que yo voy a dejar las cosas así a medias? Nena, esto recién comienza- amenazó. Entonces me tomó de la cintura y me levantó como si yo estuviese hecha de nada y me sentó sobre su regazo, haciendo que su miembro apareciera entre mis piernas justo delante de mi vulva, como un menhir oscuro y rígido que empezó a mover hacia arriba y hacia abajo. Mientras, me subía y me bajaba aferrándome de la cintura, para que mi raja, en todo su recorrido, se frotase contra esa verga divina. – Movete, mami, mojate de nuevo, dale nenita, gozáte todo.- Repetía mientras hacía que su pene me recorriera hasta el nacimiento de mis nalgas, rozando mis esfínteres cada vez más húmedos. Me tomó las manos guiándome hasta su miembro para que lo agarrase y lo acariciara como él me pedía. Sentí por primera vez la piel suave y texturada, acaricié la punta del glande con ternura bien despacio con las yemas, quería saber cómo se sentía tenerlo entre mis dedos.  Vi unas gotas cristalinas emerger de la punta y sentí un deseo irrefrenable de saborearla. Su pija crecía cada vez más y en ese sube baja del infierno,  mis manos seguían el ritmo que el Negro me había marcado, mientras él me zarandeaba a su antojo cada vez más fuerte. Instintivamente comencé a bajar la cabeza llevándola hacia mi vientre esperando que el glande subiera para atraparlo entre mis labios. Solo había llegado a rozarlo con la punta de la lengua cuando el Negro hizo que rodásemos juntos y quedamos boca abajo, él sobre mí.

-Con la boquita por ahora no- me dijo quitándome el cabello de un lado del cuello y mordiéndomelo hasta hacerme gritar.- ¿Te gusta mami?- volvió a decirme mientras seguía en ese frotar de su verga contra mi coño hacia adelante y atrás pero sin entrarme. Sentí como un chorrito bajaba entre mis pliegues y un calor intenso en la concha que no me dejaba pensar. Levanté la cabeza y vi su brazo enorme sosteniendo su cuerpo, parecía que hacía lagartijas sobre mí, con el otro manoteó un almohadón y me lo puso bajo mi pubis elevando mi culo un poco más. Sentí su mano libre acariciándome los pompis y luego meterse los dedos en la boca y mojarlos para después  juguetear a gusto  con mis labios vaginales  hasta pellizcarme el clítoris. Si me moría ahí mismo era la gloria, ¡cómo sería cuando dejase de torturarme y me metiese la verga como yo quería! Acercó su cuerpo al mío un poco más apoyando las rodillas en la cama y con su mano derecha empezó a hacerse una paja en mi raja mientras con la otra buscaba mis pechos con desesperación. Se sentía riquísimo tenerlo ahí entre mis piernas, jadeando y gimiendo mientras se masturbaba contra mí. Gire la cabeza y lo miré a los ojos, él sacó la punta de su lengua y la movió apenas haciendo que yo me acercara y con la punta de la mía buscase ese beso fuera de nuestras bocas. Comenzó  a comerme la boca de un modo obsceno, que si uno lo ve, resulta hasta repulsivo, pero si uno lo hace…ay mmm tan pero tan rico que es como coger pero con las bocas.

Sentí como la sangre se me iba a la cabeza y los pulmones se quedaban exhaustos.

-Me vas a matar- le dije chupando sus labios.-Te quiero adentro, bien adentro- reclamé casi gritando.

Dejo de estimularse y se incorporó quedando arrodillado sobre el colchón,  e ipso facto hizo lo mismo conmigo como si yo fuese una muñequita de trapo, separó sus rodillas, juntó las mías e hizo que nuestros cuerpos encastrasen a la perfección. Sentía su verga empujando en la puerta de mi culito virgen de todo y sus manos amasándome las tetas y el sexo con destreza.

-Mami, ¿me queres adentro? – Asentí con la cabeza y me metió su dedo medio- ¿Más, querés más?- asentí de nuevo y metió otro dedo grueso y negro- ¿Querés todo?- gemí varias veces, ya me chorreaba más y mi vagina pedía a gritos que me penetrase. Sentí su pulgar húmedo frotando en círculos mi ano y di un respingo separándome un poco. Lo sentí moverse detrás de mí y vi cómo se ponía un forro, y se rompía, y puteaba, y luego se ponía otro que evidentemente le apretaba.

-¿No te aprieta?- pregunté con cierta inocencia.

-Sí, nena, pero más grandes… no hay.- Tomé conciencia de que esa pija era descomunal o al menos lo debía ser para la estrechez de mi sexo que solo había sido desvirgado durante unos pocos minutos que prefería olvidar. Se me acercó gateando sobre el colchón y se arrodilló frente a mí buscando mi mirada.

-Te juro que no voy a ser bruto, no te voy a hacer doler, nenita, quiero que sientas como me pones de cachondo,  y vos…- metió por enésima vez su mano dentro mío- vos… mi reina sos tan calentona como yo.  Dejame entrarte despacito y después cógeme vos como quieras, ¿sí? yo te sigo.- Me besó y sin sacar su boca de la mía me acostó sobre el almohadón y me abrió las piernas. Miró mi concha húmeda y suspiró- Vos también perdoname: soy medio bestia. - Dijo hablándole directamente a mi sexo. Nos reímos con ganas y entonces de a poco empezó a entrar en mi cuerpo. Recién entonces tomé conciencia que el Negro me doblaba en tamaño y en peso. Su miembro era grueso y mi sexo aún un poco estrecho, lo que me hacía sentir como entraba despacio milímetro a milímetro. Me encantaba tanto la sensación de su verga recorriéndome que separé aún más las piernas y sentí como volvía a mojarme con mis fluidos. Arquee la espalda y subí el pubis buscando el mayor de los contactos con su pija descomunal. Sentí los labios hinchados y el clítoris erecto como una pollita atrofiada. Me hizo mover la cadera arriba abajo adelante atrás, en una secuencia que hacía que los temblores aumentasen.- Vamos mami, cogeme rico, cogeme nena- repetía mientras yo aceleraba de a poco el ritmo. Alzó mi pierna izquierda y flexionándola sobre mi pecho la sostuvo en el aire abriéndome aún más para él.  Puse mi pierna sobre su hombro y sentí como llegaba al fondo de mi sexo, con dolor y con deseo. Aceleré el ritmo hasta  sentir que me moría.

-Negro tomá, tomá mi polvo- le dije sin pensar cuando sentí su verga y mi sexo temblando al unísono en el clímax.

Seguimos cogiendo la mañana entera hasta que no hubo más forros que llenar.


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