Negro 20

Por SanaLocura
Enviado el 12/08/2017, clasificado en Adultos / eróticos
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No sé en qué momento terminé en el suelo llorando como una nenita abrazada al Negro. Partida al medio pero de la peor forma.

-Mónica, mi amor, escúchame- decía abrazándome.- ¡Mónica pará!- terminó gritándome mientras me sacudía.- ¿Qué te pasa?

-Que ahora vos también me dejás. Todos me dejan, no sirvo ni para espiar.- Me miró serio.

-¿Quién más te dejó? ¿Oscar?- moqueé largo rato bajo la mirada adusta del Negro.-¡Y contestá!

-Se fue, no me dejó, pero…- El Negro se sentó frente a mí y me quitó los rulos de los ojos.

-¿Lo querés?

-Lo adoro, todos saben que a Oski  lo adoro…- suspiró largamente.

-Y entonces ¿cuál es el problema? Ese tipo está entregado, muerto con vos.

-Pero yo no- revoleó los ojos sin comprender.

-¿Pero no me dijiste que lo querés?

-Sí, pero no estoy... enamorada.

-¡Y por qué mierda te lo cogiste! Te lo pedí expresamente, y no. Con tal de pelear, parece que vos conmigo no querés hacer otra cosa, coger y pelear, a veces ¡las dos cosas juntas!- Levanté la mirada y no fue necesario decirle mucho más. -¿Lo hiciste porque te calentaba o para darme celos?

-Las dos cosas- lloré nuevamente. Abrazándome como podía a esa espalda inmensa. Me besó la sien.

-Pedímelo y me quedo. Pero pedímelo segura. ¿Me querías conocer? Ya me conociste. Sabés que no soy de tu mundo, cuando estoy en tierra laburo de cualquier cosa, porque no me gusta estar mano sobre mano, conociste a mi hermano, sabés lo que me gusta, como pienso, que de cine solo las de guerra, las otras me aburren, que de arte cero, pero que te admiro por tus conocimientos y sé que puedo disfrutarlo con vos, que me gusta todo si estás vos ahí. Pero yo no tengo nada Mónica, nada. ¿Vos, te bancarías adecuarte a lo que yo puedo darte, a no tener tu nivel cultural a…?

-Dejate de decir forradas, sabés que yo no soy así.

-Y entonces ¡la puta madre cuál es el problema!- Un rayo desconocido me traspasó la cabeza y vomité lo que nunca se me había cruzado por la mente.

-¡Soy muy vieja para vos!

-¿Queeeeeé? ¿De dónde por Dios sacaste semejante disparate? Nadie nota la diferencia de edad es más, los dos nos ensartamos antes de cogernos, ninguno lo imaginó, y aunque se notara ¿qué mierda importa?

-Claro que importa, ahora no, pero ¿después? Yo no voy a perder mi tiempo, esperando que crezcas, que decidas bajarte del barco después de que te cogiste a Dios y María Santísima en cada puerto que tocás.- Se empezó a reir con cinismo.- ¿Qué es tan gracioso, boludo?

- En cada puerto un amor… ¿es eso? No es así, no tenés tiempo, estás fusilado, laburar en un barco es trabajo casi… forzado. Los cornudos son los que se suben al barco, no los que quedan en tierra. Además con todas las pestes que hay…- Se calló y abrió el bolso. Me dio un sobre con un montón de análisis. –Tomá, quería cerciorarme de estar limpio. Tengo un compañero de sala de máquinas falopero y el flor de hijo de puta en uno de sus viajes dejó una aguja sobre mi camastro y me pinché. ¿Qué sé yo que mierda tenía ese en el cuerpo? Además Noelia el año pasado tuvo hpv. Yo no te iba a exponer a eso. Si no, te fifaba sin forro, ¿o crees que me gusta cogerte encapuchado…?- Me miró con el rostro desencajado.- ¿Y?

-Igualmente un par de veces no usamos, Negro.

-Porque me desquiciás, porque no me controlo, yo no soy así. Soy un tipo tranquilo, normal, un cualquiera, pero vos tenés el don de calentarme de una forma… ¡No, de todas las formas porque también me hacés enojar con demasiada facilidad!.- Bufé sacando todo el aire de mi cuerpo y me sequé la cara con el dorso de mi mano.

-Te agradezco tus cuidados, pero igual esto no va a funcionar. Yo en el fondo quiero lo que hago, mi vida está perfecta, pero también quiero una familia.

-Lo sé, ya me contó Franco lo que hiciste en mi ausencia ¡Y! ¿Me preguntaste a mí lo que quiero yo? ¿Y si quiero la parejita y con perro y todo?

-No es lo mismo, vos tenés tiempo, yo no. Yo no te voy a atar a una mina ocho años más grande. En veinte años vos cuarenta y tres, y yo cincuenta y uno. Me vas a pegar una patada en el culo y te vas a ir con una más joven.

-¿Ese concepto tenés de mí? ¿Estás segura? ¿No querés probar? ¿No querés arriesgarte conmigo a pesar de todo?

-No, no lo voy a hacer, te quiero demasiado… -dije sin pensar.

-Yo también nenita, no tenés idea de cuánto, así que quedamos …

-¿Amigos?

-No, yo no creo en la amistad con una mujer, menos cuando me la cojo y me encanta. Si querés me quedo, nos despedimos, pasamos un buen rato y listo.- No le contesté, no sabía qué decirle. -¿En qué pensás?

-En que… Azul tenía razón… siempre me queda la compañía de Nerón- dije absorta.

-¡Quién!

Entonces le conté la historia del consolador y el Negro se me cagaba de risa en la cara. No podía creer que un juguete de ese tipo hubiese llegado a mis manos.

-No te creo- Rio desafiándome.

Y fue ahí cuando empezó todo. Me reventaba sobremanera que pusiese en duda mi palabra. Agarré la pequeña escalera de 4 peldaños y lo hice acompañarme al dormitorio. Le pedí que me la sostuviera y me trepé rebuscando en la baulera. Cuando al fin di con Nerón, sentí las manos del Negro bajándome el pantalón pijamas y la tanga para hundir su boca en mi pubis en un mordisco suave. Me tomó de sorpresa, debo confesar, pero me encantó. Me quitó la ropa por los pies y yo rodeé su cuello con mis piernas. Cuando vi que el Negro pateaba la escalerita y apoyaba su espalda contra el placar, me aferré fuerte al riel de la baulera junto con Nerón. El Negro me estaba comiendo con gusto y yo gozaba desmesuradamente. Sentía su lengua serpenteando entre mis pliegues, descarada, hasta que la introdujo para hacerme acabar. Grité.

-¡Juan, mi amor me vas a matar!- escuché su voz ronca mascullando en mi ingle.

-¿Qué dijiste? ¡Repetilo!- Pensé que los hombres eran unos maniático ¿necesitaban siempre que les repitamos las cosas?

-¿Me vas a matar?- reí.

-No te hagas…, Mónica, mami, putita decílo.

-¿Juan, mi amor? dije soltándome del riel, agarrándolo del cuello.

-Sí.- Se quejó arrojándonos a los tres a la cama sin soltarnos. Sentí un ruido a madera rota. Habíamos quebrado el elástico de la cama, yo estaba prácticamente en el piso y el Negro  ¡por fin! con todo su peso encima de mí quitándome el aire.

-Soy un bruto, perdón,  seguro te aplasté toda.

-Nos aplastaste- aclaré agitando Nerón.

-Perdón Nerón, ayudanos a llevar el colchón al living, que tengo que arreglar cuentas con esta señorita. Y vos,- sentenció- prepárate porque de mí no te vas a olvidar en tu vida.- Y cargando el colchón se fue al comedor, dejándome sola con mi emperador.


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