Chantaje8: en que momento me volví adicta a sus caricias

Por fenix
Enviado el 12/08/2017, clasificado en Adultos / eróticos
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Tal como lo decidí no salí en todo el fin de semana. Al notar que no baje a comer el viernes él no hizo ningún movimiento; lo oí lavar y guardar los trastes, sentí sus pisadas al dar algunas vueltas por la sala de seguro ordenándolo todo; pues si algo se de él es que detesta el desorden, la verdad a mí no me afecta tanto como a él si algo esta desordenado u ordenado. Luego sentí subía las escaleras; por un segundo mi corazón se aceleró pensando que talvez trataría de hablar conmigo pero eso nunca paso, jamás tocó mi puerta de hecho creo que ni siquiera se acercó a mi cuarto y para ser sincera eso me molesto; ósea no soy una persona rencorosa normalmente olvido con facilidad, la verdad este berrinche solo tenía un fin: el hacer que él se disculpara pero al darme cuenta que ni siquiera se acercó a mi cuarto me hizo recordar que para él solo soy un pago a un servicio, el notarlo tan fríamente me hizo enojar y entristecer pero decidí que no haría ningún ruido ni nada que lo hiciera notar mi enfado al contrario decidí darme un baño; como si nada sucediera llené la bañera, agregué esencia de lavanda y jabón liquido de la misma fragancia, me introduje en la tina, comencé a lavarme usando una esponja pero el estar ahí me hizo sentir sola;  durante el baño solo pensé en como la calidez de sus caricias me hizo olvidar que yo no era importante; jamás pretendí ser su novia ni nada similar, pero si creí que el convivir conmigo sería para él algo significativo y que mi ausencia le causaría tristeza pero no fue así, porque si mi presencia fuese importante para él habría tan siquiera preguntado si yo cenaría algo o si estaba bien, pero ni le prestó atención.

     Sin darme cuenta duré una hora en la tina y durante todo ese tiempo en lo único en lo que pensé fue en él incluso mientras me vestía pensaba en él; en que de seguro ya otras chicas le pagaron de la misma forma en la que yo y que para él este tipo de acuerdo debe ser un hábito… Sin darme cuenta me abandoné a modo automático y por inercia tomé mi loción de leche y comencé a esparcirla por todo mi cuerpo; empecé por mis brazos, luego mis pechos, seguí por mi cuello, hombros, espalda, glúteos, vientre, luego rocé mis muslos y de forma inmediata lo recordé nuevamente, con solo deslizar mis dedos por mi piel sentí su lengua subiendo y bajando por mi muslos, pensé en como sus manos abrían con firmeza mis piernas para que él pudiera acceder sin problemas y estar lo más cerca de mi vulva, mientras lo recordaba volví a sentir sus pequeños mordiscos cerca de mi entrepierna y añoré tenerlo… sentirlo… sentirme suya… recordé también que él no tocó mis senos así que yo misma lo hice, dejándome caer en la cama, acaricié sutilmente el borde de mis senos arañando débilmente sobre ellos sintiendo como esas deliciosas cosquillas enchinan mi piel y recorren presurosas todo mi cuerpo hasta llegar a ese vibrante punto en mi clítoris que almacena todo el placer.

     Seguí rasguñando mis senos imitando el subir y bajar con el que él me había lamido anoche, y mientras más lo hacía más deseaba sentirlo recordé cada milímetro de mi cuerpo que él no había tocado ayer pero donde más lo necesitaba era en mi sexo, podía imitar cada lamida que dio y aun así no era suficiente recordarlo, no bastaba necesitaba sentirlo y sin analizarlo deslice mis dedos alrededor de mis labios vaginales y de inmediato un suspiro escapo de mis boca, seguí recorriéndolos subiendo y bajando como su lengua lo había hecho, se sentía muy bien en especial porque jamás pensé que era yo quien me tocaba sino que imaginaba su lengua lamiéndome y sus manos abriéndome como si fuese algo de su propiedad, un ente del que puede disponer sin permiso, disfrutaba recordarlo y aunque los  reprimía poco a poco mi habitación se llenó de leves gemidos que aunque reprimidos y muy sutiles expresaban el ardor que quemaba mi interior, deseaba me hiciera suya quería que su lengua entrara en mi interior, solo recordar esa sensación me hacía contraer mi vagina de forma involuntaria, en verdad necesitaba sentirlo dentro de mí, mi dedo no era suficiente aun así tenerlo dentro era mejor que no sentir nada, con cada movimiento de mi dedo espasmos me recorrían el cuerpo, pequeñas presiones en mi clítoris me daban dosis de locura sentía que no podía resistirlo más que necesitaba liberarme me urgía pero no logre sentir esa liberación, sin embargo mucha de la tensión de mi cuerpo se liberó pero sabía que si me tocaba sin importar cuan leve fuera el roce el mismo sería suficiente para activarme de nuevo.

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     Ya es de día, lo sé al ver la luz del sol, no recuerdo cuando me dormí solo sé que mi dedo seguía dentro de mí y al verlo recordé que seguí estimulándome hasta entrada la madrugada, fue como si desahogara toda la tensión que acumule en este mes en el que me resistí a las caricias de Cristóbal, a sus besos; creí, ingenuamente, que si lo detenía aun sabiendo que su tacto me había humedecido lo podría soportar, pero la verdad es que cada caricia suya se almaceno en mi memoria y al tocarme ayer poco a poco todas esas sensaciones llegaron a mi mente, sus besos suaves y apasionados, la forma segura y delicada por la que me toma de la cintura para acercarme a su cuerpo y mantenerme segura en su regazo para luego deslizarse travieso desde mi oreja hasta mi hombro recorriendo a mordiscos todo mi cuello lamiéndolo y saboreándolo como si de un manjar se tratara. Sin saber como mi dedo reanudo su movimiento con lentas penetraciones mientras yo deslizaba mi mano desde mi labio abierto y lo arrastraba con firmeza por mi cuello ladeado, tal como lo haría él, de solo pensarlo mi cuerpo vibró… ¿En que momento me volví adicta a sus caricias? ni siquiera lo he hecho tantas veces, pero aun así recordar el placer que recibí de él hacía que todo mi ser se acelerara y estremeciera yo de verdad ansiaba ser tocada por Cristóbal.


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