Resaca

Por Jesus Cano
Enviado el 08/03/2012, clasificado en Intriga / suspense
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Los despistes...

 

Trabajo le costó encontrar el camino de vuelta al camping. No solo por la borrachera que le dirigía como una marioneta con los hilos enredados. Para postre perdió las gafas en la pueblerina discoteca.

 

Vislumbró la puerta del muro y entro esquivando los oscuros bultos y pequeños edificios. Eran las tiendas de campaña y bungalós montañeros. A pesar del frió, prefirió quedarse tumbado en el césped a dormitar. Cuando sus amigos volvieran tendrían que pasar por allí y ya lo despertarían. Se veía incapaz de encontrar la parcela en aquel estado.

 

El silencio fue apuñalado por los murmullos de los residentes. Siempre pasaba igual; cuando apagaban las luces aprovechaban para las charlas. Era verdaderamente molesto, pues las finas telas de las tiendas omitían toda intimidad.

 

Varias personas pasaron por su lado, pudo escuchar los pasos y las criticas. Pero poco le importó. ¡Mañana sería otro día! De pronto, una anciana se arrodilló junto a él.

 

- ¿Te encuentras mal? –Preguntó con preocupación.

 

- No, señora. Estoy borracho y me duele la cabeza. –Respondió Dani observándola con un ojo.

 

- ¡Ja! Tal como mis nietos. ¡Que juventud!

 

- ¡Carmen! ¡Deja al niñato, mujer! ¡No ves que está bebido! ¡Por eso estará aquí!– Gritó un hombre que pasaba, y al parecer conocía a la abuela.- ¡Aceptan a todo el mundo!

 

- ¿Por qué no se marcha? –Consiguió balbucir- Entre los cuchicheos, la gente que no para de pasar y usted...

 

- Ya conoces estos sitios; Aquí la gente viene a descansar y por la noche se animan... Siempre pasa igual.

 

- Pero es que no hay quien duerma...

 

- Ya veras como sí, chiquito.

 

La anciana le acarició la frente mientras cantaba con dulce gallego. A pesar de no conocer el idioma, intuyó un canto de amor y melancolía. Dani saboreó una paz indescriptible, y el dolor de cabeza desapareció dejándolo dormir.

 

Despertó helado a causa del aire de la montaña. Seguro que sus amigos llegaron más borrachos que él y ni siquiera lo vieron. Sonrió al encontrar las gafas en el bolsillo de su chaqueta. Se las pudo y miró al entorno para hallar su parcela. Tras dar un salto a tras corrió como un poseso para salir de aquel cementerio donde había pasado la noche.

 

...Son los padres de los más asombrosos descubrimientos.

 


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