Sueños que guían

Por Perita Verde
Enviado el 12/09/2017, clasificado en Amor / Románticos
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Un hombre alto de comprensión fuerte, anchas espaldas, pasea de un lado a otro con la mirada baja, triste. Lo observo y siento su dolor, dolor que traspasa mi alma, desgarra mis entrañas.
Su mirada agónica busca desconsolada la rosa blanca de sus sueños. La tiene delante, soy yo, no me ve.
Solloza amargamente, intento decirle, estoy aquí, pero no me oye.
Grita, se desespera, hace aspavientos con los brazos como si quisiera agarrarme, me acerco a él para que me atrape, pero nada, sus brazos atraviesan mi cuerpo sin que ni él ni yo lo sintamos.
Se tira al suelo derrumbado, abatido, con la cabeza baja, se abraza a sí mismo, es desgarrador verlo así.
Lloro con él, quiero decirle cuanto lo siento, cuanto siento ser la culpable de semejante aflicción. No lo he podido remediar, entró en mi vida como rayo de luz, iluminándola, viendo en él a mi semejante, mi otro yo. Cautivó mi existencia, dejando a la mujer que llevo dentro a su merced.
¿Cómo consolarte amor mío?, mi alma muere lentamente, me hubiera gustado no haber nacido solo para ahorrarte tal sufrimiento.
Te pones de pie, esta vez tu mirada ha cambiando, se ve en ella resentimiento, ira, rabia. Miras hacia abajo y vuelves a dar vueltas de un lado para otro, te paras y vuelves a mirar, presientes que estoy ahí, cerca de ti, empiezas a hablar, –lo siento amor mío, siento no darte lo que te mereces, al igual que tú no me lo puedes dar. Nos hemos conocido en el momento equivocado, o puede ser que no, no lo se, puede ser que hayamos tenido que conocernos para así pagar deudas de vidas pasadas.
Te pido querida Rosa que seas más fuerte que yo, que me dejes seguir con mi vida, que sigas con la tuya, que luches para conseguir tus metas y sueños, los cuales me excluyo, ya que solo haré que fracases en lo que habías creado antes de conocerme.
¡Vete, desaparece de mi vida!.
¡Largo, corre, que soy el veneno de tu rosal, vete, solo haré que te marchites!.
Se tiró al suelo, en silencio, agachó la cabeza con los brazos caídos, descorazonado, cansado...

Me levanté con doscientas palpitaciones por minutos, con el corazón desbocado, estaba en mi cama, mi marido dormía plácidamente, ajeno a todo mi alboroto interno, había sido un sueño.
Está bien amor mio, desaparezco de tu vida.


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