La premonición

Por Carlos Delfino
Enviado el 12/10/2017, clasificado en Reflexiones
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Estaba esperando cerca de Chascomús para cargar nafta.

Por radio habían dicho que iba a aumentar y la cola era larga, no era quisiera   ahorrar, con un tanque sino que temía no llegar a Buenos Aires y suponía que en las otras estaciones sería lo mismo.

El viernes había sido un  día negro con la caída de  las bolsas de valores en todo el mundo. 

Octavio volvía de Cariló era el lunes a la madrugada, después de pasar  dos  días para recuperarse mentalmente.

Le dijo a la esposa que iba solo, dejando sus dos hijos pequeños con fiebre alta  a pesar que todavía no había llegado el médico

Pero en realidad a la que quería llevar era a la nueva secretaria que estaba buena, la que no pudo ir porque tenía la madre enferma,

Igual algo voy a conseguir  dijo, y así fue.

Mientras aguardaba se adormeció.                                                                                             Soñó con los padres que habían muerto hacía alrededor  de 30 años, y en los cuales casi nunca  pensaba.

Durtante el sueño la madre le protestaba diciéndole que ella no lo había educado para ser un parásito crematístico y solo pensar si bajan o suben las acciones  haciendo  dinero que solo beneficia a muy pocos, perjudicando a los demás.

Octavio no le contestaba porque la vieja era de otra época y no entendía lo que era la vida actual.

En ese momento lo llamaron para que avance el coche.

Después de una nueva espera se durmió otra vez reapareciendo los padres. Esto es un castigo pensó.

El padre le señaló que  se portaba mal con tu familia y con los que lo consideraban amigos, en realidad te convertiste  en un ser detestable, dijo, que para curarte te va a llevar mucho tiempo.

Octavio se despertó angustiado, porque dos seres que habían desaparecido hace tanto de su vida le estaban planteando cosas no tan incoherentes.

Pensó que se estaba haciendo demasiado problema por un sueño, debía ser lo que comió y  tomó en la cena.

En ese momento le llegó el turno. Llenó el tanque y salió a la ruta.

Que tarde se hizo, pensó, voy a llegar a la bolsa sin tener los datos de Hong Kong y  Europa.

A los pocos kilómetros y conduciendo a más de 160 kilómetro se cruzó una vaca en la ruta y no hubo más pensamientos, ni bolsa de comercio ni acciones.

Se despertó aunque no sabía cuánto tiempo había pasado, pero con alegría ya que no le dolía nada.

Pensó en los  avances que  tiene la medicina, que le arreglaron todo el cuerpo sin un dolor. Esto era la gloria.

A su lado había un hombre vestido de blanco, que lo miraba con una sonrisa.

Muy bien lo felicito dijo Octavio.

Gracias respondió el hombre.

¿Me puede decir cuál es este hospital? preguntó

Estás equivocado Octavio, esto no es un Hospital.


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