LA NOVIA 2

Por franciscomiralles
Enviado el 13/11/2017, clasificado en Cuentos
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Desde entontes la actitud de Clara hacia mi dió un giro de ciento ochenta grados, porque según

ella yo había entrado en el redil; en su "Clan", y por tanto ella ya no tenía que fingir tanta

connivencia conmigo. Por otra parte me había engañado. Resultaba que odiaba la música clásica

que era tanto como decir que aborrecía mi sensibilidad; y el día que la llevé al Palacio de la Música

estaba allí a contrapelo. Por otra parte, Clara que se ganaba bastante bien el sustento en una

peluquería bisex en el centro de Barcelona, reveló en una ocasión que se quería casar con "un

buen partido" - en este caso yo-, para dejar de trabajar. Esto quería decir que si en el camino de

su existencia se topaba con alguien con más recursos económicos que yo, Clara no dudaría en

mandarme a tomar vientos.

La mercantilista mentalidad de Clara partía de la admiración incondicional que sentía por su

hermano quien no tan sólo estaba casado con una mujer muy sumisa y era padre de un niño

pequeño, sino que además tenía un negocio de productos químicos, por lo que Fermín se había

convertido en el Rey Sol de aquella familia, sobre todo para las mujeres cuyo carácter absolutista

lo confundían por una vigorosa personalidad, por una fortaleza de ánimo. En consecuencia, todo

el mundo tenía que hacer lo que él mandaba aunque perjudicara los intereses personales de cada

cual.

Mas lo que a mí más me chocaba era que aquella familia tan encerrada en sí misma es que viviera

anclada en el pasado. Recuerdo que un día en que fui a buscar a Clara en su casa, cuyo interior

estaba decorado con un papel azul oscuro que le daba un aire algo sórdido, para dar un paseo me

encontré a su madre planchando un viejo vestido hecho con encajes de la bisabuela como si de

una reliquia se tratara. A mi me dió la sensación que aquella familia añorase una época ya

desaparecida y dieran la espalda al presente. Asimismo, en un extremo de la pared de la sala de

estar estaba colgado un cuadro antiguo de un antepasado de Clara el cual ¡tenía exactamente

los mismos rasgos fisiológicos que ella! ¿Es que acaso el fantasma de aquel antepasado había

reencarnado en mi novia? Naturalmente que no. Pues se trataba de la herencia genética.

Sin embargo a mí aquella aura tan retrospectiva me daba la sensación de que cuando entraba en

aquella vivienda era como si hubiese viajado en el túnel del tiempo, y me hallara en los años 30,

lo me producía una aguda turbación porque yo al igual que todos no dejaba de ser hijo mi

moderno contexto histórico, y ya había superado a aquel lejano ayer.

Pero lo que a mí más malestar me daba eran los bruscos cambios de humor de Clara. Ella al ver

que no encajaba en las normas de su "Clan"; concretamente que yo no tenía ninguna prisa en

casarme trataba de castigarme emocionalmente con desplantes, con malas caras, y llevándome

la contraria sistemáticamente, hasta que al fin rompí con ella sin ninguna contemplación.

No obstante la cosa no acabó aquí, porque un buen día al salir del trabajo, al tomar el autobús

para regresar a mi casa, se sentó frente a mí el padre de Clara. Por lo visto me había estado

siguiendo como si esperase el momento para pedirme explicaciones del por qué había roto con

su hija.

A mí me entró un escalofrío en mi vientre, y me bajé en la próxima  parada. Pues no estaba

dispuesto a hacer ningún espectáculo.

Unos cuántos años más tarde me enteré que aquel niño pequeño que era el hijo de Fermín, el

hermanísimo de Clara, se había hechol un hombre el cual al haber mamado el resentido y

egocéntrico estado de ánimo del "Clan" hacia los que eran de otras tierras, ingresó en un

colectivo xenófogo y secesionista que aspiraba a hacer política. 

 


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