Alter ego

Por reflexionesynovelascortas
Enviado el 05/12/2017, clasificado en Intriga / suspense
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Buenas! Ante todo, me gustaría aclarar que soy primerizo en esto de subir relatos, y me gustaría desarrollar una trama a partir de esta historia, publicando capítulos poco a poco. Si no es mucha molestia, me harías un gran favor dejándome en la caja de comentarios que te ha parecido, si ves algún aspecto a mejorar, etc. Gracias!

Atte: Mack.

Prólogo: Viejo Jack

Atravesando el desagradable olor del ácido estomacal mezclado con el del whisky y el ron que impregnaban la habitación, los potentes rayos del sol de mediodía que llevaban ya horas topando con los párpados del viejo Jack consiguieron por fin llamar su atención.

Saliendo poco a poco de la profunda inconsciencia en la que había estado sumido, el viejo hizo una mueca para desentumecer el pómulo que había tenido pegado al suelo de madera durante doce horas. Después se dio la vuelta, y al clavarse algunos de los micro cristales que había esparcidos por toda la sala; murmuró un intento de gemido que quedó en un sonido gutural, debido a la gran cantidad de mucosidad alojada en su garganta.

Pasaron minutos hasta que consiguió incorporarse y apoyar la cabeza sobre las rodillas. No se molestó en intentar recordar lo sucedido la noche anterior, ya que sabía por experiencia que sus esfuerzos serían inútiles. Escudriñó la habitación con la mirada en busca de sus socios, pero lo único que encontró fue una silla de madera tumbada en el suelo y tres botellas vacías sobre la mesa, junto a un puro Cohíba apagado en una mancha de Jack Daniels. Tardó un poco más en levantarse por completo, y avanzó hasta la mesa mientras se frotaba la frente tratando de mitigar la jaqueca.

Allí, arrancó lo que quedaba del puro a medio consumir de la mancha de whisky solidificado y se lo llevó a los labios mientras se palpaba los bolsillos buscando su encendedor zippo. Al no encontrarlo, se dio por vencido en seguida, sin mostrar el más leve signo de preocupación. Se apoyó en la mesa y cogió una cerilla de las cuatro que había junto al cenicero. Después, haciendo fricción con la suela de uno de sus mocasines, la prendió al primer intento y se encendió el puro. Mientras se lo fumaba, empezó a analizar la habitación en busca de alguna prueba que le indicara qué pudo haber ocurrido la noche anterior, una de tantas.

El apartamento donde Jack se encontraba era muy simple, compuesta tan solo dos habitaciones prácticamente exentas de mobiliario y un pequeño aseo con un inodoro y un lavamanos de cerámica. La única iluminación de la que este disponía provenía de los últimos rayos de sol de la tarde que entraban por la ventana a su espalda y de una lámpara de pie enchufada junto a la puerta que daba a la habitación contigua. A su izquierda, el suelo estaba repleto de cristales rotos de una botella de vodka vacía, además de un charco de algo que parecía ser vómito al pie de la puerta del aseo; y la parte superior de la pared y el techo estaban llenos de manchas de moho que se derramaban por el papel de pared hasta llegar a la altura de su cabeza, aunque eso llevaba allí antes de que los socios comprasen el local. En el centro de la sala, observó la silla de madera aplastando su americana, la cual probablemente hubiese estado colgada antes del respaldo; y más allá vio la puerta que daba al pasillo entreabierta, permitiendo a los vecinos del edificio entrar a su libre albedrío. Eso no hizo que el viejo se preocupase en lo más mínimo, ya que sabía que lo único de valor que quedaba allí dentro era su traje de 1000 dólares y su marihuana de emergencia, que tenía a buen recaudo detrás de una pieza de zócalo suelto. Finalmente, fue al armario que había a la derecha, junto a la puerta que daba paso a la siguiente habitación (ese era el único mueble de la casa, además de la mesa con cuatro sillas sobre la que se había apoyado segundos antes, una dracena que se había secado hace meses y un par de colchones en el cuarto contiguo), y se agachó para comprobar el mueble bar. Efectivamente, pudo comprobar que seguía vacío, a excepción de una solitaria botella de Budweiser. La abrió al primer intento, golpeando metódicamente la esquina de la chapa contra el canto del armario, el cual estaba lleno de muescas debido a esta práctica que tenían como manía los tres socios.

Después de acabarse el botellín, lo canastó en un cubo de plástico que utilizaban de basura y dio por finalizado el desayuno. Tras esto, apagó los restos del puro en el cenicero, rescató la americana de lana de debajo de la silla y se dirigió a la salida. Después, cogió su bufanda y sus guantes de piel del perchero y cerró con llave antes de marcharse.


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