VOLVER A EMPEZAR 1

Por franciscomiralles
Enviado el 19/04/2018, clasificado en Amor / Románticos
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Rubén  García que era un abogado de cuarenta y tres años empresarial, desde que se había

divorciado de su mujer porque según ella se había enamorado de un compañero de su oficina, y

se había ido a vivir con él con sus dos hijos pequeños, solía soñar cada dos por tres que deambulaba

por calles desérticas, sombrías de una ciudad desconocida en una hora  crepuscular.

Sin ninguna duda aquel repetitivo sueño venía a simbolizar el  desasosiego que pesaba en su

alma como consecuencia de aquel desengaño afectivo, puesto que el abogado había depositado

todas sus espectativas de vida a través del amor que había sentido por aquella mujer se le habían

venido abajo. ¿Cómo podía ser que su expareja fuese un ser tan frívolo y tan inconsistente con

sus sentimientos?

Debido a aquel desengaño que había sufrido, y que le había roto la confianza en la naturaleza

femenina se juró a sí mismo que nunca más volvería a enamorarse de ninguna mujer. Cuando le

apremiase la necesidad sexual, se iría con una "profesional" le pagaría lo que le pidiera ¡y allá

penas! Pues para Rubén todo el mundo teorizaba sobre el amor pero nadie sabía ponerlo en

práctica porque predominaba por encima de todo el egoísmo , la estúpida idea del flechazo y

sobre todo la caída de los valores éticos.

Lo que Rubén no había llegado a imaginar fue que un día por curiosidad le dió por asomarse en

las Redes Sociales de su ordenador, y reparó en una singular mujer andaluza que vivía en Málaga

llamada Ana, y quiso entrar en contacto con ella.  Rubén recordó que hacía unos años cuando él

hubo terminado la Carrera de Derecho, por medio de una revista de contactos, ya que  a pesar de

ser un sujeto físicamente aceptable a causa de una pertinaz timidez no tenía demasiado éxito con

las mujeres porque lo consideraban soso, se estuvo carteando con una joven llamada Ana que

también era natural de aquella región del sur de la península, hasta que un día Rubén como

muchos tímidos dió el salto y se desplazó a Málaga para conocer personalmente a aquella chica,

la cual era una fémina morena, con unos ojos de un verde agresivo y sensuales. Y si la cosa iba

bien;  poder llegar a algo más profundo con ella, puesto que en aquella  correspondencia ambos

habían mostrado con cierta franqueza sus anhelos, y sus sentimientos. 

 A Rubén le vino a la memoria especialmente que un día Ana llevó lo llevó a Palos donde había

una playa, y  bajo un rústico chiringuito de cañas y madera comieron "espetones", y al compás de

una música melódica se abrazaron, y se besaron en la boca en silencio. En una palabra. Se

amaron con  intensidad y fusionaron sus espíritus.

Mas como Rubén tuvo que regresar a su lugar de origen por un asunto laboral la magnífica

relación amorosa se esfumó en el aire como si de una ironía del destino se tratase. ¿Aquella

Ana con la que el abogado se escribía en el Correo Electrónico podía ser la que él conoció en

aquel lejano ayer?

Rubén se llevó una sorpresa cuando aquella mujer le dijo que era una maestra Nacional de

Primaria porque le encantaban los niños. Exactamente igual que aquella chica que él despidió

en su día con gran pesar en la estación del tren en Málaga.

Lo que a Rubén le chocaba gratamente era que Ana se interesara por su vida porque no estaba

acostumbrado a ello. Le preguntaba por su vida afectiva, por su trabajo, por sus aficiones, y el

hombre se sentía acogido, reconfortado. En una ocasión Rubén que era un amante de la pintura le

habló del pintor PICASSO y ella le respondió:

" Aunque yo entiendo que un objeto, una realidad puede tener muchas perspectivas; puede

enfocarse desde distintos ángulos, yo prefiero ver las cosas como las vemos siempre como el

 la luz del sol reflejada en el mar azul por el que navegan las barcas de pesca, como pintó

Sorolla."

Así que Rubén se encontraba ante una mujer sencilla, muy práctica, pero a la vez con una

vitalidad a flor de piel. Pues no en vano Ana le había dicho en aquel viaje que a ella le gustaban

las Matemáticas, y que si escribía era para no perder su capacidad de poder expresarse con los

otros. Y esta manera de ser a Rubén le fascinaba. En realidad se estaba enamorando de su

personalidad; de su mundo interior.

Ahora la mala experiencia que había tenido Rubén con su exmujer empezaba a perder peso, a

diluirse en su ánimo. A ello contribuyó el hecho que cuando el abogado le dijo a su amiga virtual

que había ido al cine a ver unas sesiones de cine musical porque le gustaba aquel género, y ella 

se puso de su lado; cosa que jamás había hecho su mujer, aquello le tocó la fibra más sensible. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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