"Lo que nos trae la lluvia" (Capitulo 2º)

Por Casas Reales Desnudas
Enviado el 22/03/2012, clasificado en Intriga / suspense
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¡Joder! Se parecía mucho al de la foto. Se trataba de Orlando, un muchacho de las FARC al que había conocido cuando había estado entrenando en aquel infierno verde, algo así como un intercambio de estudiantes, solo que en este caso se enseñaban  mutuamente lo que cada cual sabía acerca de armas y explosivos. Descartó la idea aquel no era Orlando.

La entrada de los ancianos le sacó de sus pensamientos, el hombre portaba unos pequeños troncos muy bien cortados, esto le hizo pensar que o bien eran comprados, o tal vez su hijo no estuviese tan lejos del hogar como había supuesto.

La mujer por su parte portaba una bandeja donde unas tazas humeantes bailoteaban a punto de ser derramadas, sobre el recipiente que contenía la leche caliente tintineaba una pequeña tapa de porcelana, material del que se hallaban echos el resto de utensilios, los cuales parecían cobrar vida sobre la oscilante bandeja.

.- He preparado unos cafés para que entréis en calor, y en el baño he dejado algo de ropa seca para que luego te cambies. Creo que te estará bien, aunque Luisa tiene algo menos de pecho. Si te apetece también puedes darte un baño, he dejado toallas limpias.- Explicó la anciana, al tiempo que dejaba milagrosamente, sin haber derramado nada, la bandeja sobre una mesita baja que se hallaba junto a los sofás.

Ambos se sentaron en estos, los cuales  a pesar de su larga vida aún se conservaban extremadamente confortables. El anciano, colocó la leña, en un hueco que se hallaba situado bajo la chimenea para ese menester, el y su esposa se sentaron en los dos sillones que completaban aquella parte de la estancia, la que cumplía con su cometido de salón.

.- Luego mas tarde prepararé algo de cenar, en esta casa solemos cenar algo tarde.- Comentó la anciana mientras todos apuraban sus tazas.

.- No se moleste, han sido muy amables al recibirnos de este modo.-

La de pelo color maíz, miró a su compañero mientras el agradecía la actitud de aquella encantadora pareja. Comenzó a dudar de que una vez llegado el momento, este fuese capaz de realizar lo que se esperaba de el.

.- No tiene importancia, cualquiera hubiese hecho lo mismo.

.- Creo que no señora, creo que esto lo hace poca gente.- Negó con un movimiento de su cabeza Juan.

Lucia se levanto de su asiento, no podía seguir escuchando esa conversación, sea como fuere los dos ancianos deberían morir aquella misma noche. También había caído en la cuenta de que posiblemente se presentase alguien mas, tal vez alguno de los hijos. En ese caso sería peor para el.

.- Me parece que voy a darme esa ducha. ¿Donde se encuentra el baño señora?.

.- Es una buena idea.  Al salir, la  puerta de la derecha. He encendido el calefactor para que no tengas frío.

Instantes después cerraba la puerta tras de si. En el interior la temperatura era muy agradable, y ella maldijo para su interior el que aquellos ancianos fuesen tan hospitalarios.

Sobre la tapa del inodoro había algo de ropa, y en el suelo junto a este unas bambas secas. Miró la ropa y observó que la mujer había tenido en cuenta su forma de vestir, le había dejado unos pantalones vaqueros largos y una camiseta de mangas también largas.

Se desnudó por completo y se plantó ante el espejo, esta vez no era para admirar su cuerpo como siempre hacía. Miró a sus ojos reflejados en el y se dijo para si misma que no podía ser de otro modo, tampoco a ella le entusiasmaba la idea de darles pasaporte a aquella adorable pareja.

Corrió la cortina y manipuló los grifos de la ducha hasta que el agua le pareció lo suficientemente templada, se introdujo en ella y dejo que esta recorriese todo su cuerpo mientras mantenía sus ojos cerrados. De repente un creciente mareo comenzó a apoderarse de ella, abrió sus ojos, todo parecía moverse a su alrededor, notó como sus piernas dejaban de sostenerla y caía en el suelo de la ducha.

Lucia despertó apenas unos segundos después que su compañero. Se sorprendió al verse fuertemente atada a la silla sobre la que se hallaba sentada. Miró hacia Juan que se hallaba a su derecha  en las mismas condiciones que ella, en su rostro también se reflejaba la sorpresa.

.-¿Pero que coño pasa, estáis locos?.- Profirió el hombre mientras miraba hacia los dos ancianos, estos se hallaban sentados frente a ellos y les observaban con una sonrisa un tanto irónica. A los lados, una foto de cada uno de los dos jóvenes que habían visto sobre  la chimenea descansaban ahora encima de la mesa. Frente a ellas dos platos que contenían algo así como una especie de carne en salsa, sus cubiertos correspondientes, una servilleta bien plegada y una copa de vino. Lo mismo para cada uno de los que se hallaban sentados a la mesa.

.-¿Recuerdas hace quince años, aquel atentado en el que murieron varios transeúntes al explotar un coche bomba?.- El anciano dejó unos instantes que la pareja reaccionase e hiciese memoria, cuando vio que sus ojos se iluminaron al recordar el echo, prosiguió con su explicación.- Mi hijo y su esposa resultaron muertos. Mas tarde vuestras vuestras fotografías se mostraron en los medios de comunicación, se dijo que vosotros habíais sido los artífices de aquella masacre y que al poco  fuisteis apresados.

Hace un par de meses, me enteré que se os iba a dejar en libertad con una escusa un poco ridícula. Si, ya se que el gobierno en los últimos tiempos anda algo encamado con vosotros, pero cual no ha sido mi sorpresa al  abrir la puerta y veros ahí plantados. ¡Joder! No sabia si reír o echarme a dar brincos al ver lo que la lluvia nos traía .

Los dos terroristas escuchaban a su anfitrión aún sin dar crédito a lo que les estaba sucediendo.

.- Mi mujer no se ha dado cuenta hasta unos minutos después, pero como podéis ver es una estupenda actriz y ha sabido seguirme el juego. También he invitado a mi hijo y su esposa a la cena como podéis observar.

.-¡Dios!.¡Juan mira!.- Le gritó Lucia a su compañero.

Este siguió la mirada de ella, fue entonces cuando notó como un mazazo en su cabeza, la pernera derecha de su pantalón estaba vacía.

.-¿Que me habéis echo, hijos de puta?.-Gritó con voz entre trémula y rabiosa.

.- Se me olvidaba, la cena sois vosotros, y lo vais a ser durante un tiempo. No quiero que os perdáis  nada, así que voy a manteneros con vida casi hasta el último instante, las heridas de ambos están debidamente cosidas y cauterizadas, la anestesia os evitará el dolor durante un rato aún.-

.-¿Como que de ambos cabrón?.- Preguntó Lucia temiendo en realidad la contestación, al tiempo que examinaba si faltaba algo de su cuerpo.

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