LOS VIEJOS AMIGOS 2

Por franciscomiralles
Enviado el 06/05/2018, clasificado en Cuentos
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- Yo también la recuerdo. Se parecía a una princesa de un cuento de hadas. Dulce; rubia, con los

ojos azules... Hacíais muy buena pareja - dijo Ramó.

De pronto a Ramiro se le ensombreció el rostro.

- Sí. Y cuando la  presenté a la esperpéntica, a la desgraciada de mi familia, ella no dudó en

dejarme tirado como a una colilla, y casarse enseguida con el hijo de una familia pija y millonaria.

Te aseguro que desde entonces, he dejado de soñar despierto, y me he jurado a mi mismo luchar

sin tregua para alcanzar una buena situación económica aún a costa de quien sea - expresó

Ramiro  con resolución-. Pues siempre he sabido que si quieres que los demás te respeten aunque

seas un cabrón, tienes que ganar dinero. De lo contrario, por muy sabio y buena persona que

seas si no tienes un buen poder adquisitivo, todo el mundo te despreciará.

- ¿Sabes? A mi me dolió la ruptura de nuestra amistad - le dijo súbitamente Ramón al Jefe de

Personal.

- Bueno. Es que tú eres un sentimental; y en aquel entonces no tenías demasiada iniciativa,

porque vivías muy bien del negocio de tu familia. ¡Eras un hijo de papá! En cambio yo te

envidiaba.

- ¿Con qué trabaja exactamente esta empresa? - quiso saber Ramón centrándose en lo esencial,

y un tanto suspicaz puesto que había advertido en su antiguo amigo un acento desafiante,

bastante desvergonzado que revelaba un halo oscuro en torno suyo.

- Bueno... Un  poco de todo...  - respondió éste vagamente-. Y también comerciamos con otras

cosas nada ortodoxas que son las que nos hacen ganar grandes beneficios.

Ramón sintió una punzada en el estómago que le hizo ponerse en alerta.

- ¿Qué cosas?

- Cocaina.

Ramón sintió que el grato recuerdo de la infancia que tenía por su amigo se desmoronaba

estrepitosamente. Pues aquella empresa de Importación y Exportación no era más que una

tapadera para disimular el delito.

- ¡No pongas esa cara hombre! No es tan horrible. Aquí lo único que importa es negociar - le

dijo Ramiro acomodándose en su sillón-. La sociedad en la que vivimos es estúpida y muy

hipócrita. Mientras que por un lado se persigue al tráfico de la droga, por el otro lado muchísima

gente, incluso muchos políticos, le da a la cocaina y a otros estupefacientes. Te lo digo yo, oye.

Y si hay alguien que juega con su salud, es su problema. Nosotros no hacemos más que facilitar

lo que muchos quieren. Si quieres salir del agujero en el que te encuentras, y recuperar la

estima de tu familia, o seguir malviviendo como hasta ahora, eso tú lo debes de decidir.

Ramón se quedó pensativo. Pues elocuencia con la que su amigo le había hablado le había hecho

tambalear sus principios éticos. Sin embargo le vino a la mente la imágen de muchos jóvenes

de la edad de su hija enganchados a la droga, y sintió pena y asco de la propuesta de su amigo.

- Adiós, Ramiro - se despidió Ramón apesadumbrado.

- Muy bien, chico. Pero te advierto. No se te ocurra hacer de héroe denunciándonos a la Policía,

porque te encontraremos estés onde estés, y lo pagarás muy caro- le amenazó Ramiro.

Pocos días después de aquella entrevista, Ramón se enteró por los periódicos que su viejo amigo

de la infancia había sido asesinado a tiros en plena calle por unos sicarios en un ajuste de

cuentas.

Entonces Ramón tuvo la convicción de que la nostalgia era un error; no se puede mirar hacia

atrás, porque las cosas, las personas cambian. Lo que antes parecía blanco, con el tiempo se

vuelve negro, y no hay más remedio que vivir el presente con todo lo bueno y lo malo que pueda

tener. 

 


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