EL VERDADEO GÉNESIS 3

Por franciscomiralles
Enviado el 03/06/2018, clasificado en Cuentos
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La vida de la pareja en aquel rincón del mundo no podía ser más ociosa. Se solazaban comiendo y bebiendo cuánto les apetecía sin pensar en nada, o se bañaban en las cristalinas aguas de un lago que había allí. De vez en cuando Eva regañaba a Adán por cualquier bobada para burlar inconscientemente la rutina que les abrumaba, pero la sangre no llegaba al río. Y Adán empezó a engordar y a apoltronarse cada vez más. Algunas veces iba a alguna cueva donde se dedicaba a hacer pinturas rupestres plasmando a los animales salvajes tamizados con símbolos mágicos con el fin que pedir al Dios-Padre que le conservara su placentera vida. ¿Para qué se iba a preocupar de cuidar la finca si la Naturaleza era la encargada de alimentar al ser humano?

Pero quién estaba preocupada por la suerte de Eva era la sacerdotisa Inhart, porque pensaba que su pupila se había enterrado en vida en aquel terreno con el gandúl Adán. Así que un día la sacerdotisa Inshart se disfrazó de serpiente -que es el símbolo de la Ciencia-, se deslizó hacia el JARDÍN DEL EDÉN, y se coló en la casa de Adán y Eva en dirección a la cocina donde estaba Eva pelando unas patatas.

Eva tuvo un susto tremendo porque sentía fobia de los reptiles.

-¡Aahhh! - gritó Eva con la piel de gallina.

-¡Silencio, niña mía, quesoy la sacerdotisa! - la tranquilizó la otra-. Te vengo a sugerir que no hagáis caso de la ridícula prohibición de vuestro amo de comer los frutos de El ÁRBOL DEL BIEN Y DEL MAL"

-Pero esto no puede ser. Si desobedecemos la prohibición todo se volverá contra nosotros. ¿Es que quieres que nos echen a la calle?- replicó Eva que en realidad era una chica muy práctica.

-No seas tonta. Si coméis de este árbol se abroirán vuestros ojos, y podréis distinguir el blanco del negro. Sereís tan sabios como los dioses, y se os abrirá un amplio campo de posibilidades, ya que esta es la verdadera esencia del ser humano. En cambio, si no despegaís el culo de aquí nunca sabréis lo que podéis dar de sí. Y te digo esto porque la vida es una aventura cambiante. Una escuela en la que nunca se acaba de aprender. Y a tí te toca espabilar al holgazán de tu marido, porque como te dije en su día somos las mujeres las que influimos en las decisiones de los hombres.

Eva pensó que la "serpiente Inshart" tenía razón. Si lo miraba con objetividad, aunque a la pareja no les faltaba de nada aquella vida que llevaban era una birria soporífera que iba en contra de su ímpetu natural.

Así que Eva en compañía de la serpiente fue hasta el dichoso árbol prohibido, y tomó una de aquellas manzanas y la mordisqueó, cuando en aquel instante la descubrió su compañero Adán.

-¡¿Pero qué haces insensata?! ¿Es que te has vuelto loca? - le gritó él alarmado.

-¡Anda, calla y come tú también! No me dejes sola con esto.

-¡No quiero! ¡Cuando el amo se entere de lo que has hecho, ya verás la que te cae!

-¡He dicho que comas tú también, hombre! - le exigió Eva autoritaria-. ¿Es que acaso no tienes iniciativa? ¡Vaya decepción! Por lo visto a tí lo único que te importa es hacer la pelota al amo para que te dé unos golpecitos en la espalda, y así alimentar tu orgullo de falso trabajador - le humilló ella con desprecio-. Pero fíjate en lo que te digo Adán. Si no comes una de estas manzanas, se te acabó el follar conmigo los fines de semana.

De modo que Adán temeroso de aquella amenaza cogió una de aquellas manzanas y se la comió en dos bocados. Seguidamente sucedió algo inaudito, porque ellos sintieron un sentimiento de culpa desconocido hasta entoces, a la vez que se vieron con otros ojos. Habían perdido el sentido de la inocencia para adquirir una percepción más aguda del entorno, por lo que se apresuraron a cubrirse con un taparrabos; aunque aquel acto aún les turbó más porque al verse semidesnudos dicha conciencia les avivó un inusitado sentido del erotismo, que dio lugar a que Adán le tocara el culo a Eva.

-¡Déjame en paz, hombre que ahora no toca! - le gritó Eva con aspereza y dándole un manotazo.

Los culpables se hallaban ocultos tras unos zarzales cuando vieron a Iván montado en un ciervo, y con una antorcha en su diestra que desprendía una potente luz la cuial peinaba como un foco todos los rincones de aquella zona.

-¡No hace falta que os escondáis, sinvergüenzas! ¡Sé que estáis ahí...! - vociferó colérico Iván-.Pues yo que soy el representante del Dios-Padre aquí en la Tierra lo sé todo, y lo veo todo. Así es como me pagáis lo que he hecho por vosotros ¿eh?

Cuando Iván tuvo a la pareja de culpables a su merced y les hubo interrogado, no dudó en degradar a la serpiente-Inshart de categoría en el templo y a condenarla a hacer los trabajos más humillantes del Templo. Por otro lado como es sabido expulsó a la pareja de aquel idiíco paraíso, pero  Adán le plantó cara.

 


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