Tierra Ninja (1era Parte)

Por Piranna Lector
Enviado el 31/05/2013, clasificado en Intriga / suspense
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Tierra Ninja

 

 

Diciembre 4 del 2012

Todos los derechos reservados

Copyright 2012

Cuervo Productions.

No parte de este material podrá

ser reproducido sin la autorización

del presente autor: Humberto Roel

 

Este es un trabajo de ficción, ayudado con material histórico recopilado en diversas fuentes. La mayor parte de los personajes representados son de la imaginación del autor.

 

 “Esta es la historia de un joven pescador, que al ver a su pueblo amenazado por un temible enemigo, se ve en la necesidad de integrarse a la rebelión; su novia Yosho y su hermano Motto lo acompañan en esta travesía.”


 

Joko es un joven japonés de dieciocho años. Su aspecto delgado y su cara afilada lo harían verse de menos edad, si no fuera por la manera en que se desempeña en el pequeño barco de pesca, en el cual trabaja una jornada rigurosa con el señorKutto.

        Diariamente la labor de Joko ocupa un tremendo desgaste físico, del cual solamente un buen reposo puede restablecer. El viejo pescador le solía enseñar nuevas cosas en cuanto al las herramientas de pesca, a diario. Su tarea era de mantener con los brazos y manos el pulso en la red, la cual ocupa una técnica de manejo que implica soportar el peso del agua y los peces que la red vaya atrapando su paso.

       El viejo Kutto siempre se encargaba de tenerles comida a Joko y a su hermano menor-- Motto—, quien también trabaja a-bordo del barco.

       La merienda de la cual estos jovencitos disfrutan diariamente es de: jaibas cocidas, ostiones recién salidos del mar, entre otras delicias que el mar les convidaba. Esta era sin duda una compensación por la labor imparcial hacia esos dos jóvenes esforzados. Sin duda la merienda preferida de ambos eran las jaibas; el capitán les enseño también a diferenciar entre hembra y macho, aparte de demostrarles la manera en que esos crustáceos deben de ser abiertos—de la pansa hacia arriba en un jalón---. Siempre tomaban un descanso a mediodía. Mientras comen el viejo les cuenta historietas de antaño, pero con tal gracia que en verdad hace placentera laescucha.

       Una vez zarparon del muelle muy temprano, pues la expectativa del Capitán Kutto, era de que podía haber buena recolección de peces. De pronto el viento empezó a soplar tan fuertemente y el barco a tambalearse en la superficie. La tormenta tan brusca no permitía la visibilidad en aquellas aguas costeras; los gritos desesperados de aquellos hombres eran tan rápidamente ensordecidos, que prácticamente terminaban diluidos con el rugir del fuerte viento y la feroz lluvia, que golpeaba sus pálidas y asustadas caras. Sin embargo la astuta reacción del capitán conllevó a la redirección del pequeño barco. Después de una hora de lucha con las velas en los mástiles y con el resbaloso piso salpicado, el viejo logró mantener a flote su nave. Aquella vez llegaron a la orilla del mar ya bien pasado el crepúsculo.

        Mientras los dos hermanos caminaban de retorno hacia su casa, vieron cuando un grupo de samuráis se dirigían a todo galope, a-bordo de caballos equiparados con armaduras. Los cascos de aquellos soldados parecían ser distintivos del Shogun, o mejor conocido como el antiguo régimen feudal japonés, que seguía en problemas con algunos terratenientes de provincia.

        _Hermano, viste a esos hombre?_ Motto preguntó a su hermano mayor, con una expresión facial de desasosiego.

        _No se hermanito, pero no me parece que esos hombres sean de por aquí.

       En aquella época, de los años 1860’s, el Japón estaba en conflictos internos. El régimen feudal de aquel tiempo tenía en opresión a las diversas provincias de aquella isla oriental.

       Al llegar a la casa, el padre de ellos yacía en la cocina, haciendo un pan para el desayuno del día siguiente. Miró a los jovencitos de arriba-abajo, y admirado se acercó a ellos y acarició sus lacias cabelleras que húmedas estaban por causa de la lluvia de hace unos instantes.

       El padre de Joko era el encargado del cuidado general de los caballos del señor, dueño de esas tierras. Diariamente su padre despertaba mucho antes que los primeros rayos solares empezaban a esparcirse sobre la faz de la tierra. Las tareas del diario para el padre de Joko consistían en la limpieza, alimentación, ejercicio y cuidado de la salud de los caballos.

       

       2. A la mañana siguiente, en un domingo, en cual Joko y su hermano no laboraban y después del desayuno su padre le prestó a Joko, sin que el dueño lo notara,un caballo muy bello. El joven pescador había estado planeando una visita a su novia Yosho San, que vivía a unos cinco kilómetros de la granja donde el vivía con sus padres y su hermano.

       Al llegar al portal de la casa de Yosho, Joko emite un silbido peculiar y cual antes a usado para llamar a la jovencita. El adolescente hermano de la muchacha se percata del arribe del chavo y se lanza en una corrida hacia la parte trasera del lugar. Ella estaba ocupada en las labores cotidianas; permanecía inclinada, sosteniendo un tejido que elaboraba desde hace unos instantes de la mañana. El chiquillo le avisa a su hermana, y ésta brinca de inmediato.

       Al atrapar la vista de aquel varón encimado en su caballo blanco, de tan formidable aspecto, se lanza corriendo hacia él.

        _Joko!_ ella le lanza un grito cuando estaba apenas a unos metros de él.

        El joven baja de un brinco y recibe a su linda novia.

        _Pero mira nada más, si andas de pie ya tan temprano. Esperaba que me dijeran que estabas dormida.

        La sonrisa de aquella señorita irradiaba el gozo cual solamente traía el cariño  substancial que mutuamente compartían.

        _Tengo una hora tejiendo una estúpida cortina, sentada por ahí en el patio trasero.

        _¿Quisieras dar un paseo por el bosque?_ Joko pregunto a la dama.

        _Por qué no,_ ella contestó.

       El la ayudó a subir, poniendo ambas manos entrelazadas, donde el pie izquierdo de Yosho se apoyó para montar aquel bello animal. Después de ella él también subió, y al tirar de las riendas el caballo levantó las patas delanteras un poco, y salió disparado por toda la terracería, rodeada de unos arboles tan verdes, otros con flores blancas cuyos pétalos secos yacían en el suelo y crujían cuando las patas del caballo los aplastaban.

       Después de algunos veinte minutos de trote, llegaron a la orilla de la playa; cerca de donde diariamente desembarcaban para ir mar-adentro hacia la pesca. La brisa era tan fresca en aquella costa; el momento que Joko había estado esperando desde un buen tiempo.

        _¿Qué te parece el mar en esta mañana?_ le preguntó a la chica.

        _Aparte de infinito, me parece algo enojado; pareciera como si alguna tormenta estuviera engendrándose por ahí.


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