El milagro genético - Parte 1

Por Pepe Ortiz
Enviado el 29/04/2011, clasificado en Ciencia ficción
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2046.

Se podría decir que aquel fue el año en el que Ted Burks, el científico genetista con más renombre de los últimos años, consiguió su propósito, aunque también había sido el año más irritante y con menos horas de sueño de toda su vida.

En un laboratorio no muy grande, y con unos medios bastante limitados, Ted y su pequeño equipo, compuesto tan sólo por cuatro personas, consiguieron la noche del 18 de Diciembre lo que hasta entonces se consideraba un sueño científico. La mezcla entre cromosomas humanos y cromosomas de los intraterrenos, en un semi-feto clonado de experimentación científica, había sido un éxito. Lo que se esperaba de este experimento era crear un ser cruzado, un ser inteligente y racional.

–El recipiente parece ser apto jefe, las constantes son estables – La voz de Lisa denotaba una creciente emoción.
–No os confiéis, aun no sabemos las reacciones secundarias que puede tener el recipiente – Ted resopló por pura incredulidad, tantos años de trabajo… y finalmente parecía que lo habían logrado…
–Deberíamos avisar de esto a toda la comunidad, la mezcla parece ser viable.. ¡Por esto nos darán el Nobel!
–Tranquilízate Javier, lo mejor es esperar unos días para comprobar si hay reacciones en el recipiente, si vemos que todo va bien, os podréis considerar ricos – La satisfacción era palpable en el ambiente, ni siquiera Ted en su intento por parecer serio, consiguió reprimir una sonrisa, aunque ésta apenas fue perceptible.
–Lo que es seguro es que esto no le sentará nada bien a ese tal Geok-Kur o como se llame, al parecer ellos  no ven con buenos ojos nuestros experimentos, o eso se comenta – Dijo Lisa mientras observaba al pequeño feto.
–Los Intraterrenos son una raza de fuertes convicciones, en el fondo nos desprecian, y no ven ético casi nada de lo que el ser humano a echo siempre, seguro que hasta se arrepienten de haber sido descubiertos en su momento – La voz de Javier sonaba burlona.
–Pues yo creo que es normal que nos desprecien, al fin y al cabo nuestros experimentos son sólo para el beneficio de nuestra raza –Dijo Isaac, el integrante más joven del equipo – además, a la comisión internacional no le conviene ofender a Geok-kur, él es el representante de los intraterrenos, la gente debería escuchar más sus palabras.
–Maldita sea Isaac, pareces uno de ellos – Dijo Javier apuntándolo, sin dejar de mirarlo –¡Deberían nombrarte consejero de relaciones intraterrenas! – Esto último provocó risas en todo el equipo menos en Isaac, que tras unos instantes de meditación le respondió:
–Que te den.

Una semana más tarde todos los periódicos y revistas mostraban los mismos titulares, al principio había cierto escepticismo en la comunidad científica, pero conforme los días pasaban y la expectación crecía, no hubo otro tema de conversación. Todos los medios hablaban del logro que Ted y su equipo había conseguido, por un lado los científicos y estudiosos estaban entusiasmados con las posibilidades que ofrecería el feto al crecer, sería un ser único en su especie, como un mundo nuevo al que poder estudiar. Por otro lado estaban los políticos y comisarios, que preferían mostrarse en una postura mucho más moderada, algunos incluso se mostraban contrarios a la idea, asegurando que el híbrido sólo podría traer problemas a las relaciones con los intraterrenos.

Los meses pasaron como un espejismo, todos miraban con lupa el desarrollo del feto, el cual según palabras del propio Ted era “satisfactorio”. En el año 2047 todos los honores y premios les fueron dados, las revistas rezaban titulares como: “Los doctores Ted, Isaac, Lisa, Susan y Javier reciben el premio Príncipe de Asturias por el milagro genético.”

Ese año fue uno de los menos irritantes en la vida de Ted, y los que siguieron fueron de los más interesantes…

–Muy bien Milo, ahora pasaremos con la tabla del 6 – Ted sabía que el híbrido no tendría ningún problema, al fin y al cabo, a sus 4 años ya demostraba ser un genio, más inteligente que cualquier niño de su edad, humano o intraterreno.
–Padre (así es como llamaba el híbrido a Ted) ¿Por qué tengo que pasar por estas pruebas? Son muy aburridas… – Los ojos de Milo reflejaban cansancio.
–Tienes que mirarlo como una oportunidad para aprender, cuando terminemos con la fase tres te traeré un nuevo libro ¿vale?
–¿Si? ¿de aventuras? ¡Por favor que sea de aventuras!
–Te prometo que será de aventuras, ahora, terminemos con esto – La fascinación de Milo por la lectura parecía no tener límite, esto le servía a Ted para mantener la moral del niño alta.

Al cabo de los años, Milo resultó ser una mina de conocimientos, y también de nuevos descubrimientos, empezando por su propia anatomía. A la edad de 14 años, el aspecto de Milo era muy humano en su mayoría, tenía una altura de un metro y treinta centímetros, algo mayor que la natural de los intraterrenos, pero considerablemente más pequeña a la de los humanos. Poseía un pelo muy fino, de un color rubio deslumbrante, casi blanco. En eso se diferenciaba de los intraterrenos, los cuales no tenían ni rastro de pelo. Su rostro era armonioso, grandes ojos claros, un poco más separados en comparación a los humanos. A simple vista, su nariz y boca no presentaban ninguna diferencia respecto a las humanas, en cambio su sistema digestivo era ligeramente diferente, este tenía la capacidad de estar varios días sin recibir ningún tipo de alimento y no resentirse a cambio. Podía estar una semana sin comer nada y apenas debilitarse por ello. También sus sentidos tenían desconcertados a todo el equipo, era capaz de ver una mayor gama de colores, y también podía oír una mayor frecuencia de sonidos, sonidos que para el oído humano son imperceptibles. 


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