LA PROFESORA (II)

Por Rachael Newman
Enviado el 06/06/2013, clasificado en Adultos / eróticos
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El joven, muy agotado y sudoroso, se encontraba tumbado boca arriba en el sofá aún desnudo. La chica, también desnuda y aún con restos de semen en la cara, estaba tumbada junto a él dándole pequeños besitos en el duro pecho.

– Así que esta es la recompensa que me espera si me aprendo las lecciones... –dijo él entre jadeos.

– Esto es solo una pequeña muestra. Tengo muchas mas cosas preparadas que te sorprenderán aún mas...

– Entonces, creo que debería empezar a estudiar.

Ella rió un poco y se puso en píe.

– Será mejor que te vistas y te vayas antes de que llegue mi compañera de piso. Nos veremos dentro de una semana y espero que te traigas la lección bien aprendida; así podremos dar el resto de la clase en mi dormitorio.

Le guiñó un ojo y se encaminó la cuarto de baño, donde se disponía a darse una relajante ducha. El joven, mientras, se vistió, cogió la mochila y se marchó del apartamento.

Mientras bajaba por las escaleras, cogió el móvil y buscó el número de su mejor amigo para decirle que esa noche no iba a poder ir a la fiesta que estaban preparando. Aunque, se iba a tener que inventar alguna excusa, ya que no se iba a creer que no iba a ir a la fiesta porque quería estudiar esa noche.

Poco después, Patricia se encontraba en el mismo sofá donde antes se lo había montado con aquel chico. Estaba vestida solo con una toalla enrollada al cuerpo con sus cabellos recogidos en otra toalla. En esos momentos veía la tele mientras comía de un cubo de helado.

La puerta de entrada al apartamento se abrió entrando por ella otra joven de su edad. Era también una chica atractiva, de largos cabellos rubios y figura escultural; aunque menos voluptuosa que ella. Venía cargada con varias bolsas de tiendas.

– Uf, estoy agotada, Patricia –dijo mientras dejaba las bolsas –. Y todavía me queda terminar de hacer el equipaje antes de acostarme.

– ¿Quieres que te ayude?

La otra chica negó con la cabeza.

– No hace falta. Solo me queda hacer una maleta.

Se encaminó hacia su dormitorio pero, antes de entrar, se detuvo y se volvió hacia Patricia.

– Por cierto, ¿ha venido el chico al que tenía que dar clases?

– Si, ha estado aquí.

– Le dirías que no voy a poder darle clases particulares, ya que voy a estar fuera del país todo el verano.

Patricia asintió con la cabeza.

– No te preocupes.

– Siento haberle hecho perder el tiempo –continuó la otra chica –, pero es que me ha surgido este viaje tan de repente. Hubiera querido avisarle, pero como he tenido que estar todo el día de compras y no tengo su teléfono...

– Te he dicho que no te preocupes. Además, te puedo asegurar que el chico no se ha ido de aquí muy disgustado...

– Me alegro. Bueno, voy a terminar de hacer el equipaje y, después me acostaré directamente. El vuelo sale mañana muy pronto.

Terminaron de despedirse y la otra chica entró en el dormitorio cerrando la puerta tras de su.

Una vez se quedó completamente sola, Patricia dibujó una diabólica sonrisa en su rostro.

– No te preocupes, Sandra –dijo en voz baja –. Voy a cuidar muy bien de tu alumno...

FIN


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